Como aman los cubanos

En Cuba también saben amar, como aman los pobres.
Cuba entera está hecha de pobres, que saben amar,
que solo tienen las manos, la propia carne y el sentido
de acallar la urgencia
contra la piel.

Aunque los cubanos dignos son todos gente pobre,
no todos los pobres pueden ser cubanos.

Y por eso no aman de igual forma los cubanos que los ricos;
no pueden amar igual los cubanos que la gente pobre.

Aman en la carne, sí, y clavado profundo en el alma.
Saben amar con pasión, aman con gula.
Saben amar con dolor y han aprendido a amar
en la distancia.

Los pobres saben amar en las peores viñetas,
en precariedad y con todo en contra.

Pero el cubano sabe reírse en la cara del momento,
gozar con el cuerpo famélico
y matar el hambre en el clímax.

Los cubanos también saben amar sin bonitos decorados,
ellos, a media luz, sin esperanza.
Entienden de horas eternas y días gastados en el invento.

Artistas de la labia, saben colgar, chorreantes,
sus ojeras en el balcón; visten, como ropa nueva,
su sonrisa de lujo.

Los pobres sabrán amar en literarias penumbras;
el cubano ama en apagón.
Agarra el silencio, en pos de hacer el amor.

Ellos también han aprendido a querer
mal nutridos y mal compuestos,
con la viveza en punta.
Pero en sus jardines
no crecen flores.

Han aprendido a aprovechar el tiempo,
usar el amor para el arte
y volver instrumento su sed.

Su atrevido acto de amarse, aun en Cuba,
y aun de lejos, aun en la penumbra,
bajo las estrellas
y, pese a todo,
es su mayor acto de amor.

No aman de igual forma los cubanos que los ricos,
pero no pueden amar igual los cubanos que la gente pobre.
ellos no aman como Romeo y Julieta,
son Cleopatra y Marco Antonio.

Un cubano sabe amar entero, encerrado, por los escondrijos
y allá donde pueda gritarlo.

Un cubano puede amar
como cantaba Juana Inés.

Y aunque carezcan de riquezas
y solo tengan sueños,
aunque no sean como todos los pobres,

ellos saben amar con besos de sal,
querer en la costa
y dar la vida por un malecón.

Cuando un cubano digno sabe acariciar la bahía,
derretirse sobre una palma, oler la hierba húmeda
y caminar descalzo sobre la tierra,
junto a su bandera cuelga
la insignia de saber amar,
como solo puede amar
un cubano.

 

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