“1441”: Nuevo opus de María Maratea

 

María Maratea cuenta una historia con la cual muchos lectores se identificarán, llevándolos a la reflexión, a la autocrítica e incluso a reírse de sí mismos.


 

María Maratea es una avezada narradora argentina. Amén de su faceta como novelista, se ha destacado como articulista en “Suplemento Soy” del diario “Página/12” y en la mítica revista “Cerdos & Peces”, entre otros medios gráficos; también fue promotora de artistas, ejerciendo como agente de prensa. 

María Maratea fue pareja del cantante de tangos Luis Cardei, que se convirtió en una leyenda en vida y a quien María acompañó entre 1996 y 2000, los últimos años del artista. Ese amor la condujo a la redacción de su excelente primera novela, “Cardei” (Galerna, Buenos Aires, 2002), en cuyas páginas campean, en medio del drama, el espíritu travieso y la sabiduría del personaje retratado. Y, para sumar lustre a la figura de la autora, fue musa del escritor Tomás Eloy Martínez —creador de las notables “Santa Evita” y “La novela de Perón”—, inspirándole el personaje de Alcira Villar que aparece en una de sus últimas novelas, “El cantor de tango” (Planeta, Buenos Aires, 2004), novela nacida de la admiración que el autor profesaba por Luis Cardei.    

La segunda novela de María Maratea, “Mora. Una confesión” (Planeta, Buenos Aires, 2003), es la profunda y detallada crónica de la vida de un travesti; una novela que, a lo largo de los años, ha generado su propio culto en la comunidad LGBT (fue reeditada recientemente por Editorial Petricor como “Mora, confesión travestí”).

Quienes entren al universo marateano por la puerta de su tercer opus, “1441”, se encontrarán con una voz sencilla solo en apariencia, resultado de la proteica pluma de la autora. María Maratea sabe bien que para insuflarle vida a un personaje el autor debe vestir su piel, pensar y sentir como él (“Madame Bovary soy yo”, decía Gustave Flaubert), hablar como él. Aquella voz que narraba “Cardei” con ternura, nostalgia, humor y amor, es muy distinta de la que contaba “Mora” con crudeza verbal y total desparpajo, y ambas contrastan con la que emplea Dolores, personaje central de “1441”, para referir su obsesión y sus padecimientos. Con un estilo desenfadado, sin pelos en la lengua, y siempre fluido, la narradora comparte con el lector sus dudas, su querer saber y su creciente angustia ante la imposibilidad de lograrlo, por momentos perdida en la maraña de las redes sociales, sofisticado avatar de la mentira y la incomunicación que hoy se enseñorea de nuestras vidas. 

La empática Dolores despliega, a lo largo de 130 páginas plenas de ironía, humor, diálogos chispeantes y toda la gama de sentimientos por los que puede atravesar una mujer que se cree engañada por su pareja (esa a la que cree ideal, “el hombre de sus sueños”, como reza el cliché), una historia subyugante, precedida por una cita de Ortega y Gasset (perteneciente a Estudios sobre el amor) que expone un concepto demoledor: “… el enamoramiento es un estado de miseria mental en el que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza. Un estado inferior de espíritu, una especie de imbecilidad transitoria”.

Adelantar situaciones o citar certeros pasajes de la obra sería restarle sabor a ese plato bien sazonado que es “1441”, una historia con la cual, en mayor o menor medida, muchas lectoras —y no pocos lectores— se identificarán, llevándolos a la reflexión, a la autocrítica, y permitiéndoles, en más de una ocasión, reírse de sí mismos.