#Underground: Sin líder y sin rumbo

Una entrevista con el escritor Antonio Álvarez

El escritor Antonio Álvarez nació en la ciudad de Aguascalientes, México, pero ha decir verdad, es un ciudadano de todo el país, el continente y el mundo; prueba de ello, es su primera novela ‘En Vías de Vida’ (Los Libros de Bataille, 2018) en la que literaliza el Accidente de Santiago, el descarrilamiento de un tren en Santiago de Compostela, España. Antonio Álvarez llegó a la noticia del siniestro a través de la televisión, los testimonios de las personas que aparecían en ella lo sensibilizaron y tocaron, de tal manera que comenzó a reescribir su historia. Impotencia, desahogo y esperanza colman sus páginas.

Álvarez es un lector pertinaz de Alejandro Dumas, quien le enseñó el arte de enumerar grafías, introduciéndolo al mundo de la literatura. Piensa que en la política vamos sin líder y sin rumbo, que perdimos hoy la oportunidad del cambio, y que la perdimos en grande; pero que debemos tratar aún de ser los “Joyce de una Irlanda de piedra, cobre o insomnio”, actores y artistas presentes y no lejanos, los García Lorca de la nueva revolución mexicana.

“La vida es un viaje sin billete de regreso”, es una sentencia que bien podría definir a tu primera novela ‘En Vías de Vida’ (‘Los Libros de Bataille’, 2018). ¿Cómo es que llegaste a la noticia del Accidente de Santiago, el funesto descarrilamiento de un tren en Santiago de Compostela que dejó un saldo de ochenta muertos y más de un centenar de heridos en 2013?

Solía pasar buen parte de los veranos en la capital. Ese día visitaba a mi abuela, estábamos ya en la sobremesa —que es algo muy mexicano, y que sabemos que puede tornarse tan larga como hasta el siguiente alimento—. Teníamos la televisión en la TVE, generalmente cuando estábamos, juntos veíamos televisión europea —española principalmente—, y en ocasiones francesa. De repente se interrumpió el programa que se transmitía para dar la noticia y a partir de ello y hasta el día siguiente era de lo único que se hablaba.

Siendo proveniente de la ciudad de Aguascalientes, por qué decidirte por un suceso que tuvo sus origenes en España.

Entre tantos especiales que pasaron en la televisión ese día, hubo un par que, por alguna razón —no sé por qué— me conmovieron mucho. Primero, obviamente, la cobertura del accidente: qué, cómo, cuándo, dónde. Pero después, ya que sacaban los cuerpos, cuando empezaron a contar las historias de las personas, hubo algo que me tocó, una impotencia o no sé cómo describirla. Realmente empezó como una especie de desahogo que después de todo lo que oí y lo que sentía; un día me senté y empecé a escribir, no pensé que llegaría a ser algo, un proyecto así, pero se fue dando de a poco, le empecé a agarrar gusto y después le fui dando forma y estructura.

¿Cómo es el panorama literario actual en Aguascalientes?

Te voy a ser bien honesto, la verdad es que estoy medio desconectado. El último par de años he estado viajando mucho al interior y exterior del país y he perdido el hilo de la actividad literaria en el estado. Tengo entendido que el año pasado (¿o hace dos?) hubo una feria de libro bastante grande, pero no pude asistir y hasta donde tengo entendido los premios que se dan en la feria de San Marcos siguen siendo de lo más importante en el Estado, pero como te digo, debo todavía de retomar ahí lo que acontece, vengo llegando apenas hace un par de días. Aunque de cualquier manera el estarme moviendo constantemente te da también una visión panorámica de lo que pasa como país, región, continente, mundo.

Adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida, como dijo el escritor británico William Somerset, autor de ‘El Filo de la Navaja’ (1944); has enunciado que una de tus primeras lecturas fue ‘El Conde de Montecristo’ (1844), ¿qué representa para ti —además de ser un “highlight”— Alejandro Dumas?
Dumas fue mi primer maestro en la literatura, fue él a través, precisamente, de ‘El Conde de Montecristo’, quien me fue introdujo a este mundo. En todas sus obras hay una exaltación a la historia nacional francesa. El primero libro que leí, ya ni recuerdo cuántos años tenía, fue ‘Los Tres Mosqueteros’. Antes que leer Harry Potter u otra cosa, yo me había leído ‘Los Tres Mosqueteros’. Ya más grande, yo creo que a mis catorce, leí “El Conde” y a partir de ahí renació un deseo insaciable de consumir más y más libros. Eso aceleró muchísimo mi ritmo de lectura. Finalmente, en esto de las letras, las primeras experiencias que tenemos para aprender es a través de los libros que leemos, y esos dos libros fueron dos puntos de inflexión importantes para mí.

Has considerado a ‘El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha’ (1615) de Miguel de Cervantes Saavedra como “la Biblia del idioma español”, y has formulado también que “todos tenemos un Quijote en nosotros”, ¿qué parte de la personalidad del Quijote habita en Antonio Álvarez?

Además de la complexión recia, seco de carnes y enjuto de rostro. Don Quijote vende tierras y más para tener dinero y poder comprar más novelas caballerescas y emprender después su propia aventura; yo voy por ahí también en cuanto a que hago lo que sea para poder obtener lo que quiero. No soy tan afecto a lo material, prefiero las experiencias. Creo que también el crear nuestra propia realidad, no necesariamente en el ámbito de la literatura ni a causa de mucho leer hasta tener el cerebro seco, a veces estamos tan enfocados en algo que perdemos de perspectiva las cosas a nuestro alrededor y distorsionamos el mundo real. Pero creo que sucede a lo mejor mucho con este tipo de amor quijotesco, caballeresco, por ejemplo. Un amor medio idealizado, loco, a veces fantasioso, pero es que no encuentro otra forma de poderlo concebir, creo que si el amor es cuerdo, muere. Como Don Quijote. Aunque a veces hay que aceptar que la Dulcinea que teníamos en la cabeza nunca tuvo nada de doncella, que las batallas que librábamos por ella, ellas las libraba en la cama con uno menos caballero. Que ahora a todas les importa nada más la faltriquera con monedas de oro y el tamaño de la espada —si sabes a qué me refiero—. A lo mejor nada ha cambiado en 500 años. Y tampoco hay que prolongar la fantasía porque uno es el que sufre más. Y hoy en día que hice lo del libro, que ando produciendo un corto, que en el último año me fui poco más de medio año para trabajar en el extranjero, que pongo mis granitos de arena para el ambiente, me han llamado loco varias veces, pero como dicen por ahí: “las mejores personas lo están”. A veces cuesta trabajo decir si realmente el Quijote está loco o no, a veces cuando nos identificamos bien con el papel de loco, de artista, de emprendedor, llámalo como sea, pensamos de una forma real dentro de esa personalidad que nos hemos adquirido. Dicen que el primer paso es creértela tú mismo. Porque además esta bola de locos ve cosas que los demás no ven y estoy convencido que estos locos encontrarán las soluciones para los problemas que más aquejan hoy a la humanidad. Ve, por ejemplo, a Musk. Seguro años atrás cuando platicaba sus ideas era un loco, hoy es un genio. En fin, es un libro apasionante y podría seguir, pero por eso es un libro clásico que abrió al género de géneros.

¿A partir de la muerte de Carlos Fuentes, crees que las letras mexicanas hayan sufrido una suerte de despolitización, es decir, que la literatura en México se haya desentendido de la política y el activismo social?

Octavio Paz dejó la embajada de la India en 1968 después de los acontecimientos de octubre. Carlos Fuentes hace algo similar en el 77 cuando Díaz Ordaz es enviado como embajador a España; publica en 2003 ‘La Silla del Águila’ y antes de su muerte llegó a decir que le aterraba la idea que, el que es ahora presidente, llegara a hacerse de la grande. Claro, su carrera dentro del sistema tuvo algunos bemoles, como cuando defendía a Echeverría. Ambos de ellos no sólo eran el referente máximo de la literatura mexicana de su tiempo, sino que además escribían desde dentro del sistema. Hoy la preparación de la clase política no daría para eso. Estamos por terminar también el sexenio en el que la corrupción tuvo una nueva faceta: cínica. Siempre ha estado y todo eso, pero es que estos cinco últimos años, casi ya seis, era sin cuidado alguno. Y sucedió durante todo ese tiempo, en todos los niveles de gobierno y en todos los estados. ¿Y cuántas personas renunciaron a su cargo como protesta ante el sistema, como Paz o Fuentes? Todo siguió como si nada y el pueblo mexicano disculpó todo. No hace mucho publiqué un artículo en un periódico porque siento que el hecho de que Peña Nieto acabe su sexenio es un golpe muy bajo para todos, el habernos dejado que nos pisotearan así. Fuentes era como el último bastión que quedaba de este tipo de literatura, este intelectualismo crítico ligado a la política, por conocerla desde adentro. Hubo varios de ellos, pero él fue el último en pie, muere en 2012 unos seis meses antes de que Peña Nieto se hiciera de la presidencia. Creo que hoy hay dos problemas principales. Uno de ellos es que hay una especie de censura. Porque sí hay quienes todavía escriben y ligan la literatura y la política, pero no tienen el mismo alcance por no estar adentro del sistema político, además que parecen ser únicamente crítica merolica y segundo, porque en las estanterías de las librerías se encargan de que lo único que veamos sean libros de youtuberos o de superación personal. No sé si es coincidencia o no, pero algo tiene que ver que este sexenio no haya habido quien tomara el relevo de Fuentes. Yo creo que por eso todos los esfuerzos sociales no pudieron culminar en hacerle algo grave al Ejecutivo en estos años. Íbamos sin líder, sin rumbo. En una de las cartas que estas dos figuras intercambiaron en el 68 decían “¿Debemos regresar y convertirnos, quizás, en los García Lorca de la nueva revolución mexicana? ¿O permanecer lejos y tratar de ser los Joyce de una Irlanda de piedra, cobre e insomnio? ¿en actores y artistas? ¿presentes ausentes o ausentes presentes? Pero para nuestros políticos y burgueses, los intelectuales son “loquitos”… hasta que medio millón de jóvenes mueren porque han leído a Octavio Paz.” Yo creo que eso es lo que de verdad nos faltó. Faltó esa mano que nos alumbrara un poco. Hoy perdimos la oportunidad y creo que como pueblo mexicano perdimos y perdimos en grande. Ojalá que alguien venga y nos rescate, que todo el activismo que está presente se organice y encuentre un nicho en el arte, en la literatura y que además sea rentable en las escalas en las que un día lo fueron con estas figuras.

¿Se puede escribir sobre una ciudad sin antes haber estado en ella?

Absolutamente. Y el producto será algo único porque, aunque es posible conocer algunas cosas de una ciudad que nunca se ha pisado, especialmente ahora con el Internet y la ventaja que nos da de mantener amistades esparcidas por el mundo y seguir en contacto, sin mencionar los libros y películas con los que se pueden completar el acervo. Todas las imperfecciones o las cosas que omitimos de la ciudad le convierten en algo de ficción que es netamente nuestro, creo que la literatura te permite crear esa pequeña burbuja y reconstruir una ciudad entre lo real y lo imaginario; desde las personas, el clima, muletillas regionales o hasta el espesor del aire.

Hay algo de crónica en ‘En Vías de Vida’, qué autores te ayudaron a llegar a ese lenguaje.
Soy estudiante de Historia. Creo que algo tuvo que ver, después de haber leído varias de las crónicas de la conquista en América, algo se me tenía que pegar. Además, creo que la crónica es natural sólo en dos ámbitos, en la historia y en el periodismo, que para mí, en muchos casos viene a ser lo mismo. El historiador es el mejor periodista. Y me he desarrollado en historia y un poco en periódicos. Creo que era una manera natural de acercarse al evento.

Durante la investigación, al momento de recabar datos para la novela, te pusiste en contacto con la comunidad española de Aguascalientes, ¿cómo fue ese encuentro y qué tipo de información te proporcionó?

En ese año 2013-2014 vivía yo en Guadalajara. Realmente fue ahí que pude tener un poco más de contacto con gente española o que hubiese estado ahí. La comunidad ahí, es ciertamente más grande que la que hay en Aguascalientes. Pero fue a través de estos encuentros en la universidad y en el centro de la ciudad que fui descubriendo por partes ciertos detalles que me servirían. Es como un rompecabezas, ellos me daban ciertas piezas, pero la mayoría iba a tener que inventarlas yo, pero por eso lo mejor es siempre hacer las orillas primero, delimitar las cosas y luego vas poniendo las del centro. Fueron ellos quienes me enseñaron un video de la Queimada, por ejemplo. Del folklor y lengua gallega me apoyé también en material que me recomendó la Xunta en un correo que les había escrito. Ellos están muy contentos en cada oportunidad de poder difundir un poco más de su cultura, están muy orgullosos de ella, de su lengua y no dudan en pasarte material para ello. Ya después para la práctica intentaba ver también algo de televisión o escuchar la radio en gallego.

El Ritual de la Queimada tiene mucho que ver con el fuego —los incendios—, una tradición que se debate entre lo pagano y lo místico, que refiere a la construcción de la Catedral de Santiago, ¿cómo lograste integrarlo en la novela?

Desde que me mostraron un vídeo de una Queimada con ritual, quedé asombrado. Es un espectáculo interesante que bien refleja una parte de la cultura y el folclor gallego. El conjuro que se dice, es para ahuyentar a las meigas, que son un poco como brujas. Realmente el conjuro como tal no es tan viejo, pero refleja perfectamente el mundo gallego. Eso me gustó mucho. Y es que precisamente es otra cosa bella de Galicia. La catedral de Santiago es uno de los principales puntos de peregrinaje religioso, pero sigue habiendo un mundo pagano. Las meigas, la compaña, los trasnos, y conviven todos en una rica cultura que sólo podría suceder en Galicia. El breve episodio de la Queimada en la novela es un joven que sale con una chica gallega. Él nunca había estado en Santiago ni en Galicia y ella le va descubriendo algunas de las cosas, qué mejor que la síntesis de esta cultura que a través de esa tradición. Creo que bien podría ser yo el día que vaya para allá.

¿Visitaste España después de escribir ‘En Vías de Vida’?

Todavía no, es un viaje que tengo aún pendiente por hacer. Espero pronto irme a hacer el camino yo mismo y visitar un par de amistades que tengo allá en la Madre Patria.

¿De qué manera te retaste a ti mismo al momento de escribir la novela?

Una vez que le di forma y cierta estructura a la historia, el primer reto era terminarlo, por supuesto. Y en el camino fue que me fui dando cuenta de todo el material que iba a necesitar. Así que toda la labor de investigación histórica, cultural, geográfica, etc. fue el siguiente de ellos. Era un lugar ajeno a mí, pero una vez que lo conviertes en tuyo se convierte más fácil en seguir el proceso hasta su culminación, que tampoco es labor fácil, me llevó algunos meses, pero al final hay que saber dónde poner punto final también.

Has expresado que ‘En Vías de Vida’ es una novela “Naturalmente imperfecta”, esto por qué?

Muchas cosas. Primero, la escribí estando todavía muy joven. Seguramente si la tuviera que rehacer hoy estaría con un lenguaje muy diferente. Número dos, es el primer trabajo realmente grande en literatura que he hecho. Cuestiones técnicas como de voz, de narración, tienen todavía un gran campo por mejorar. Es una novela en la que todavía no tengo un estilo bien definido, que va brincando de uno a otro. Diálogos que a lo mejor llegan a sonar forzados. Pero en fin, representa un momento importante para mí y los últimos cuatro años desde que la acabé he cambiado y he aprendido mucho y estoy seguro que se verá reflejado en mi siguiente trabajo.

¿Cómo es que llegaste a ‘Libros de Bataille’?

Di con ellos cuando todavía era Abismos, a través de un profesor que publicó ahí, que hoy trabaja en el Instituto de Cultura del Estado. Me reuní un día con él, hablamos, me pasó el contacto de la editora. Estuve en comunicación con ella incluso desde fuera del país y hoy ya con el producto terminado, muy contento.

¿Qué opinas de las editoriales independientes en México, como la que edita ‘En Vías de Vida’?

Creo que son un excelente lugar para la promoción de la cultura, para dar lugares a los que todavía no tienen voz. Porque tratar de llegar a las grandes ligas es un gremio muy cerrado. Son buenos primeros pasos, además que han demostrado que se puede hacer negocio rentable con la literatura que no es precisamente la más popular. Estoy convencido además que dado al espacio que abren este tipo de editoriales, las siguientes grandes voces de este país tienen que salir de este tipo de editoriales.

¿En qué lugares puede el lector comprar tu novela?

Está disponible a través de Amazon, tanto en México, Estados Unidos y Europa, también en Barnes and Noble, Kichink que es una nueva plataforma mexicana y en el Fondo de Cultura Económica.

¿En qué estás trabajando ahora?

Tengo un par de proyectos que había empezado, pero que no he podido concluir. Ando todavía en proceso de darles una revisada para ver qué se desecha y cuáles todavía me laten. Creo que ya sé por cuál me voy a ir, pero no quiero adelantarme todavía. Pero tengo también proyectos fuera de la literatura, entonces trato de darle su espacio a cada cosa para que salgan bien y no llenarme de tanto.

© 2018, Alfredo Padilla. All rights reserved.

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Alfredo Padilla

Alfredo Padilla

Alfredo Padilla (San Luis Potosí, 1983). Estudió Comunicación en la Universidad Mesoamericana. Narrador. Autor de los libros Una pastilla más para que pase el dolor (Ponciano Arriaga, 2015) relatos incendiarios y rabiosos, acercamientos a la música, aseveraciones psiquiátricas e historias de alcantarilla, Monólogos de un niño inconforme (Abismos, 2017) la anarquía explicada a los niños y Guadalajara Caníbal (Paraíso Perdido, 2017) crónicas, periodismo de inmersión y contraturismo en la perla tapatía. Es colaborador de las revistas Letras Explícitas, Yaconic, Rolling Stone, Nexos, Noisey, Vice, Sabotage Magazine, Clarimonda, México Kafkiano, SOMA, Erizo, Revés y Diario Norte de Ciudad Juárez, así como de los fanzines Punkroutine y El vacío. En el 2014 obtuvo el Premio Manuel José Othón de Narrativa. Ha sido incluído en las Antologías Cuentos Fugitivos (Centro de las Artes San Luis Potosí / Coordinación de Literatura, 2009), Taller de Creación Literaria Vol. III (CONACULTA / Centro de las Artes San Luis Potosí, 2010), Cuentos Potosinos (Ponciano Arriaga, 2010), Lados B. Narrativa de alto riesgo (Nitro/Press / Ponciano Arriaga, 2015) y 17 Voces que dicen presente, antología del 4to. Encuentro de Narrativa Centro Occidente (Instituto Zacatecano de Cultura, 2015). Formó parte del Taller Literario de Zacatecas coordinado por Martín Solares.
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