#Underground: Intentando no tocar nada

Una entrevista con Bruno Darío


Luís Racionero mató a la contracultura en los años setentas; decía que ésta era sólo una encarnación pasajera de lo que llamamos underground. Sin embargo, el under sigue en la lona y boxeando, en el aguante, como siempre a lo largo de la historia de la “razón occidental”, y cualquier manifestación marginada o contestataria que vaya en contra de la cultura dominante, entendida como castrante de la libertad, forma parte de él.

Esta entrevista se realizó en los escozores de ese underground, “Way Down In The Hole”. Me habían encomendado el diálogo y llegué a Bruno Darío a través de contactos que no te gustaría tener en tu agenda, gente a la que de seguro le darías la vuelta —corriendo— en un callejón oscuro; pero son mis amigos, y los verdaderos amigos te tienen que aterrar de vez en cuando.

Bruno Darío (1993) es un poeta índigo, autor de ‘Metamorfosis / Refracciones’ (1ª ed., México, Pleroma Ediciones, 2014; 2ª ed., México, Abismos, 2016) y del poema largo ‘Baile en la Vidriería: Los Sueños Rotos’ (México, Obra Negra Ediciones, 2015). Algunos de sus poemas forman parte de la Antología del VI Encuentro de Jóvenes Escritores de Iberoamérica y el Caribe (Cuba, 2016). Su libro más reciente es ‘El opuesto de la Flor’ (México, Taller Ditoria, 2016).

Como músico ha grabado ‘A romantic voyage’ (VVD, 2010), ‘Enfermedad de verano / Locura compartida’ (Vinyl 7”, VVD, 2011) y con El Velar: ‘Ventanas Abiertas’, Me cansé de Rogarle (Ella)’ e ‘Incendio’.

En ‘Baile en la Vidriería’ (Obra Negra Ediciones) escribes: “cuando el propio espejo nos rechaza / con un gesto líquido que no termina / vestimos mil disfraces que ocultan / la fiesta desnuda que somos”. ¿Qué tipo de fiesta cohabita en ti?

Aquellos versos escondidos, sí. Me refiero a la transparencia que podemos lograr.

¿Qué es lo que crees que haces cuando duermes?

Roncar no. Últimamente he estado practicando los sueños.

‘Hospital para Niños’ es el título de tu Tumblr, y es una imagen demasiado dolorosa. Lucian Blaga decía que el poeta es un donante de sangre al hospital de palabras. ¿Por qué ese nombre?

‘Hospital de niños’ es un hospital en Buenos Aires. Yo vivía cerca de él. La figura del enfermo es grave, pero la figura de un niño enfermo es más bien escandalosa.

Releyendo tu libro ‘El Opuesto de la Flor’ (Taller Ditoria), me pregunto lo mismo que tú al final del mismo: ¿qué es lo orgánico?

Quiero aproximarme así: una computadora, al estar fabricada por la humanidad, es ya orgánica. No me interesa la definición, sino celebrar continuidad en las dimensiones. Un volumen que se expande, ese es tu cuerpo. Orgánico puede ser todo lo que nos hace compañía.

¿Es este libro una especie de epitafio pre-mortem?

Un libro de poemas es lo que tú quieras. Plantea distintas interpretaciones. Que el poema quede abierto, para que el lector lo continúe en su corazón. Algunas personas me dicen Bruno, ‘’el opuesto de la flor’’ es un libro triste. A mí no me parece. Quise elogiar a la naturaleza. Quizás la naturaleza trae, en sí, una nostalgia cósmica.

¿Te consideran un espléndido bailarín de vidrieras?
Creo que no es importante lo que me consideren. Soy un muchacho intentando no tocar nada.

“Yo preferiría optar por obra-libro, que libera a los libros de la apropiación de los artistas y subraya, al mismo tiempo, el libro como forma y obra autónoma”, escribió Ulises Carrión sobre “el libro de autor”. Varios de tus libros son considerados como libros-objeto, ¿cómo concibes una obra desde sus inicios?

Siempre me he interesado por la edición en mis libros; su diseño y su cuidado.  A mi ver, un libro tiene que estar acompañado por las páginas, por la tipografía. Que las letras desplieguen su fuerza, y se sientan bienvenidas. Carry on, carry on…

¿Cómo fue tu primer contacto con Txema Novelo y ‘Vale Vergas Discos’?

A Txema lo conocí una noche afuera del ‘Centro Cultural España’, hace como ocho años. Yo buscaba una fiesta y él me invitó a subirme al coche. Nos sentamos en la parte de atrás. Txema dijo: vamos a escuchar al abuelo del Space Rock. Y comenzó a sonar “J’aime Regarder les Filles”. Era la primera vez que escuchaba tal canción. Me encantó. Mientras, Macario conducía a toda velocidad por las avenidas de aquellos tiempos. Desde esa noche nos hicimos queridos amigos. Después, con María Alicia Tejeda —a quien yo conocía de antes— y Txema nos juntamos a escuchar mis canciones y decidimos empezar a tramar.

¿Y con los talentosos de ‘Mujercitas Terror’?

Fui a un concierto de ellos en el Under, el flechazo fue instantáneo…

La tristeza es un vicio, como decía Flaubert, y hay que tener cuidado (o quizás no), ¿toda tu obra parte de ahí?

Veo que te gusta citar. No. Me fascina lo que provoca el mundo, el multiverso. La influencia en las sensaciones; cada cosa, cada gesto es una posibilidad. La obra no importa. La obra no cree en sí misma. En todo caso, la cosa está flotando siempre,  sin reposo, y alguna quiere ser transcrita. He ahí mi compromiso.

Respirar, invisible poema. —Rilke.

Cuál es la música de tu infancia, la más primigenia.

Mi papá siempre sacaba la guitarra cuando yo era niño. Tocaba “Agujetas de Color de Rosa”, “Pólvora”, “Smoke on the Water”, y una que iba:  Pueblo mío que estás en la colina / tendido como un perro que se muere, o algo así. Creo que de Feliciano (“Qué será”). Mi primer cassette fue ‘Millenium’, de los Back Street Boys.

¿Qué recuerdas de tu primera tocada en el ‘Bar Río 55’?

(Risas) Recuerdo que fue en unos escalones, y sentía que estaba al borde del precipicio, pero era agradable. Fue mi primera presentación en sociedad, creo…

¿Cómo fue la creación de ‘A Romantic Voyage’?

Terminó una relación intensa. Estaba triste, y grababa canciones. Se las mandaba a mis amigos. Un día, Gabriel Noriega de Mentira Mentira me dijo: Las últimas tres canciones que me has pasado suenan parecidas. Decidí hacer un disco continuo, grabado en vivo, con Yomi y Dr. Bona, en el Chimeco Sound Studio’, donde florecía el sonido de Vale Vergas Discos. ‘A Romantic Voyage salió en versión digital y gratuita con VVD, y en un cassette acompañado de algunas fotografías que tomé durante mis años con Arantxa.

“Ya sé que no me quieres ver /  ni yo a ti”; ¿de qué manera se llega a corear una letra como ésta en una sala llena, a las cinco de la mañana?, es lo más parecido a un aquelarre.

No sé cómo se hace. Es algo que se contagia. No hay fórmula. Esa madrugada es inolvidable.

¿Qué estás leyendo ahora?

‘Maintenant’, del Comité Invisible, Nietzsche, revisitando —¿siempre?— ‘Fragments d’un Discours Amoreux’, Omar Cáceres, Emily Dickinson, Novalis, por mencionar algunos. ¿Y tú?

P.J. Gutiérrez y Reinaldo Arenas desde hace ya algún tiempo; estoy obsesionado.

Escuché que dejarás de escribir.

Dejar de escribir no es una decisión. Bueno, para los caprichosos puede ser.  Para mí, escribir es una necesidad. Escribir poemas es, hoy, lo que salva mi vida. Aunque mis amigos se rían.

¿Qué es lo que presentarás en la ‘FIL Cuba 2018’?

Se tradujeron unos poemas míos al francés. La edición bilingüe salió en octubre. ‘Poemas muy tarde’ es el título RAZ éditions la responsable. Viajaré con ese libro. Y también leeré nuevos poemas. Estoy contento y agradecido.

¿Qué es la Muerte?

Cuando vuelva te platico.

© 2018, Alfredo Padilla. All rights reserved.

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Alfredo Padilla

Alfredo Padilla

Alfredo Padilla (San Luis Potosí, 1983). Estudió Comunicación en la Universidad Mesoamericana. Narrador y periodista cultural. Autor de los libros 'Una pastilla más para que pase el dolor' (Ponciano Arriaga, 2015), 'Monólogos de un niño inconforme' (Abismos, 2017), 'Guadalajara Caníbal' (Paraíso Perdido, 2018) y 'Cadáver' (Lázaro Ediciones, 2018).