¿Una colosal mentira o una increíble verdad?

Yace tu padre en el fondo y sus huesos son coral. Ahora perlas son sus ojos; nada en él se deshará,?pues el mar le cambia todo, en un bien maravilloso. Ninfas por él doblarán.
William Shakespeare
La Tempestad

Al entrar al Palazzo Grassi y encontrarme con una escultura de más de 18 metros de largo, la única palabra que pude pensar fue colosal. Sí, esa es la mejor descripción para la exhibición más comentada del último año: Los tesoros del naufragio de lo Increíble de Damien Hirst. Durante 10 años, el artista británico estuvo concentrado en el desarrollo de este proyecto que con gusto el billonario mecena Francois Pinault presentó no en uno sino en los dos palazzos venecianos donde opera su fundación, Punta Della Dogana y Grassi.

Hirst se inspiró en el naufragio de una embarcación llena de obras de arte y antigüedades, descubierta en 2008 en la costa del Este de África en el Océano Índico, y que los expertos dataron con alrededor 2000 años de hundida. Los registros indicaban que el dueño era un muy adinerado y ambicioso coleccionista conocido como Cif Amontan II, quien había negociado su libertad en Turquía y que se cree adquirió su fortuna robando, comisionando y consignando esculturas, joyas, monedas y demás artefactos de valor desde cada parte del mundo que visitó. En su último periplo acumuló todo el tesoro posible en su nave “Apistos” (“Increíble” en español) para destinarlo a un templo que construía en Asia Mayor en honor al Sol.

Pero entre las suposiciones de las causas del naufragio —el peso de la carga, las condiciones del mar o la voluntad de los dioses— y la falta de evidencia de la procedencia, recuperación y estado de las piezas, se han creado historias sobre historias, con capas narrativas paralelas que cambian —o mejoran— la original y ayudaron a Hirst a un misticismo en su propia exhibición en donde el espectador puede creer que todo es verdad, o que todo es mentira, o que una parte lo es y la otra lo contrario solo que sin saber con seguridad qué es verdad y qué no. Una sutil línea entre la realidad y la imaginación como marioneta en manos del artista y con la historia final en la cabeza de cada quien.

“Para mí el espectáculo es totalmente sobre creencias y es como si pudieras creer lo que quieras creer. Me refiero, yo creí en la historia del coleccionista de hace 2000 años, pasé mucho tiempo en ella, que no es una mentira. Solo lo creo. Pienso que tienes que creerlo”: DH.

El extenso número de piezas de la exhibición evoca las centurias de este hundimiento: desde monedas en oro hasta esculturas con referencias precisas de diferentes culturas que se pasean por el antiguo Egipto hasta la India, por África Occidental hasta Grecia Clásica, sin dejar fuera el Imperio Romano.

El coloso en la entrada del Grassi, “Demonio con cuenco”, conectado con el demonio mesopotámico Pazuzu y usado para proteger la casa de personajes de élite. Una “Hydra y Kali”, del mundo griego e hindú, en plena pelea. Andrómeda encadenada a punto de ser devorada por el monstro del mar. El Minotauro violando con brutalidad a una virgen ateniense. La cabeza cortada de Medusa o el cráneo del Unicornio. La esfinge, la Guerrera sobre el Oso o Hemafrodita. O Ishtar la diosa sumeria o Buddha hasta Mickey Mouse y Transformers.

Para muchos esta muestra no fue nada gloriosa; en opinión de otros ha sido la más destacada de un artista vivo en los últimos tiempos. Como creador Hirst traspasó los límites de su imaginación y de su ambición y allí se centra el valor de “Los tesoros del naufragio de lo Increíble.

Elena Geuna, curadora de la exhibición y una autoridad reconocida en el mundo del arte, cita al autor Italo Calvino en sus Ciudades Invisibles: “todo lo imaginable se puede soñar, pero incluso el sueño más inesperado es un acertijo que conecta un deseo o, al revés, un miedo”.

En cualquier caso, Hirst el artista vivo más adinerado del mundo, se ha mostrado tan ambicioso como Amontan, atreviéndose a rebasar los límites de lo natural y lo divino, para recontar el arte bajo su visión irreverente, sí muy probable por el deseo de éxito. Contemos con que el destino fatídico solo quede para lo “Increíble”, la nave.

© 2018, Karina Matheus. All rights reserved.

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Karina Matheus

Karina Matheus

Karina “K” Matheus (Caracas, 1974) Artista plástico, comunicadora social y curadora musical radicada en Miami. Sus obras de arte se han exhibido en Venecia, Londres, Nueva York, Miami y Venezuela. Ha recibido menciones honoríficas como artista y reconocimientos de la Ciudad de Miami, la Ciudad de Doral, de universidades y cámaras de comercio en USA como promotora cultural con su proyecto BEART. Durante más de 20 años ha escrito para publicaciones y revistas internacionales. Estudió Comunicaciones, Cine, Arte, Mercadeo, Fotografía, Literatura, Música y Danza en diversas universidades y academias en Venezuela. Cursa talleres de escritura creativa con Hernán Vera Álvarez. Amante del rock y del world music, además de bellydancer, dirige la agencia musical SpiralBeat. Es colaboradora del movimiento de cine en Miami y como entrepreneur co-dirige la empresa ArtBCO. K’s website: www.karinamatheus.com
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