Un acercamiento al concepto de Identidad de Hegel para analizar la migración.

HegelEn el siglo XVII, George Wilhem Friedrich Hegel, en Fenomenología del espíritu (1992), estudió la dialéctica entre “el ser” y el “no ser”. El autor defiende la postura dialéctica entre la historia (objetiva) y el pensamiento (subjetivo), donde ambos se relacionan por medio de “una serie de realizaciones, alienaciones y reconciliaciones en un nivel superior; es decir, tesis, antítesis y síntesis de ambas”.

Para Hegel, la identidad es lo que él denomina autoconciencia, es decir, el conocimiento de sí mismo. Sin embargo, este proceso cognoscitivo depende de una relación ideal, pues implica una especie de dualidad entre el sujeto y el objeto. Según el autor “para conocer es preciso de alguien que conozca (sujeto) y algo conocido (objeto)”. Habría que aclarar, entonces, que el sujeto y el objeto son dos planos de una sola estructura, algo así como las dos caras de una misma moneda; no obstante, la existencia del sujeto es factible dependiendo de la noción de sujeto-objeto. Justamente en ello consiste la autoconciencia del sujeto y, a partir de eso, la construcción de identidad.

Otra definición que el pensador alemán manifiesta es la categoría de “Inidentidad”, la cual se concibe como la no-autoconciencia, el no conocimiento del sujeto-objeto por parte del sujeto, de tal forma que se produce la mutación en el ser, el cambio. Al respecto, el autor sostiene que “la no-autoconciencia es la carencia de sí mismo, y al no conocerme a mí mismo, devengo, y me encuentro en una constante búsqueda de mí mismo”. Hegel presenta así la raíz de la noción de «Identidad del ser.»

Ahora bien, si trasladamos esta concepción filosófica al referente sociocultural latinoamericano se puede sostener algo interesante. Un sujeto perteneciente a este espacio geográfico, en el proceso de migración y su posterior instauración en el nuevo medio, se reconoce a partir de su espacio de origen: forma, construye su propio Yo (autoconciencia) de acuerdo a lo captado en su vida diaria. No obstante, el centralismo político, económico, cultural, o sea, factores externos al conocimiento de sí mismo, lo modifican. El sujeto deviene en un individuo que transmigra su “Yo” en “Otro”, en un ser en constante búsqueda de sí mismo, de acuerdo, obviamente, al nuevo espacio que las circunstancias le ofrece.

De ello se deriva un problema a nivel cultural, ya que el sujeto busca la identificación de sí mismo en una ciudad distinta a la suya, en un entorno antagónico para el reconocimiento de su “Yo”. Evidentemente, esta postura de identidad pertenece a las esferas de lo individual, lo particular, y no describe el problema de su identidad desde una visión objetiva.

La percepción hacia el «Otro» occidental tiende a la distorsión y a la alienación del sujeto. No es vano sustentar que sufre un conflicto entre su identidad original abstracta y la nueva identidad concreta. Esta situación genera dificultades, es cierto, pues dificulta el desarrollo de una auténtica conciencia de sí y los obliga a advertir sus identidades andinas a través de la mirada de la cultura dominante.