Silvio Rodríguez y la hamaca hawaiana

Ojalá Dios exista y un día se le pase la borrachera   Unos fortísimos latidos me despertaron, sentía que el corazón me iba a explotar en el pecho; el eco repetido del sístole y del diástole me retumbaba, rebotando entre los oídos y el cerebro, y subiendo de intensidad en cada arremetida. Me puse lívido …

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