Luk

Edmundo Paz Soldán   La nave descendía. Me asomé por la ventanilla, observé las rocas blancas y afiladas en la ladera de la montaña contra la que se arracimaba la ciudad, el curso del río seco que era una de sus fronteras naturales. Kondra yacía ahí protegida de vientos feroces como el secador, que aumentaba …

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