Stockholm y el síndrome de las relaciones esporádicas

Stockholm-582832257-largeHacía cinco años que Rodrigo Sorogoyen no realizaba un largometraje cuando estrenó la película Stockholm en el año 2013.

Realizó 8 citas en el 2008 y después su carrera  se enfocó en la dirección de series españolas como Impares y Frágiles donde coincidió con el actor madrileño Javier Pereira, quien es protagonista de su último largometraje junto con la también madrileña Aura Garrido.

Lo curioso y a la vez loable del largometraje, es que el equipo encargado de realizarlo consiguió el presupuesto para la película a través de la página web de mecenazgo www.verkami.com. Trabajando como una cooperativa, donde nadie cobraba su sueldo, la productora “Caballo Films” decidió presentar a los internautas su proyecto para conseguir la financiación traducida a un total de ocho mil euros. Al final recaudaron trece mil.

Y es que Stockholm atrae en la forma de plantear un cine diferente, en la manera de contar una historia de amor y en la manera de transmitir al espectador que películas de bajo presupuesto también hacen buenas historias, lo que se traduce en un trabajo más meritorio al final porque pesan más las actuaciones y el guión que el impacto visual.

No hay nombres en la historia, porque eso tampoco importa. Hay un encuentro, eso es lo importante. Un encuentro entre un chico y una chica en una fiesta. Y después él la persigue por la ciudad de Madrid, intentando que ella muestre interés por él. Y es que ella es reticente porque no cree en el amor, porque ya le han hecho daño y porque ella ya tiene sus propios fantasmas oscuros que la van consumiendo poco a poco a lo largo del film.

No diré si la conquista o no al final, tampoco diré si de ese encuentro surge algo más profundo que un tropiezo fortuito entre dos personas, pero sí diré que hay lugares comunes en Stockholm, que hay escenas que muchos habremos vivido, que sabrán reconocerse en muchas situaciones y que lejos de parecer una película romántica, Stockholm habla de demonios internos, de la superficialidad de los encuentros nocturnos y efímeros.

Se habla de la atracción, de la ambición y de las inseguridades humanas.

No es sólo el cómo está montada la historia, con el final tan impactante, si no el buen hacer de los dos protagonistas y el uso de la ciudad y un piso como escenario fijo de la película. Porque a veces “menos es más”.

A pesar de haber empezado desde cero, este largometraje español ha sido premiado y reconocido en muchos festivales. A pesar de que soy contraria a los premios, sí considero que sirven como forma de publicidad para una película y en este caso estaba más que justificado.

Hay gente con grandes ideas y mucho talento y todos merecen ser vistos, o escuchados al menos.

No dejen de verla. Si les interesa una opinión más profunda de la que escribe, les diré que me dejó pensando minutos después sobre lo que yo ya había vivido y vi en la pantalla, sobre lo fácil que es hacer daño, sobre la indiferencia de algunas personas antes lo que uno siente. Y si una película te hace meditar después, eso es que es buena.

Lo mejor: que la película consiguiera el presupuesto.

Lo peor: darte cuenta que hay escenas que también has vivido y que vistas desde fuera resultan patéticas