Sobre la música de Egberto Gismonti

La música del compositor brasileño Egberto Gismonti despliega una variedad de ámbitos estilísticos buscando el equilibrio entre lo formal, lo espontáneo, lo lúdico y lo espiritual. Siguiendo una línea creativa emparentada con las visiones atormentadas y multiformes del tango argentino propuestas por Astor Piazzola, Gismonti utiliza como materia prima la música popular brasileña. Sus composiciones, sin embargo, no enfatizan la reproducción tradicionalista. Yendo más allá de un costumbrismo complaciente, el compositor establece un modelo centrado en el “estudio y variación” de los idiomas populares. Su trabajo creativo explora la samba, el forro, el choro, el baiao, el lundu y otros géneros afrobrasileros.

Gismonti, al igual que Piazzola, fue alumno de la compositora francesa Nadia Boulanger, quien lo encaminó hacia la exploración vanguardista de nuevas sonoridades partiendo desde lo popular. Con Boulanger, Gismonti aprende a desarrollar complejidad a partir de lo ya existente e inmediato. Estudia los rudimentos melódicos y rítmicos de la música brasilera y luego los implosiona desde dentro, añadiendo nuevos matices. Con esta aproximación, logra articular una voz de rango amplio, incorporando técnicas instrumentales novedosas y giros armónicos a menudo angulares. Gismonti se adentra así de manera orgánica (y alejada del intelectualismo clásico) en la esencia de los ritmos populares.

Su composición Frevo” inspirada en la danza del mismo nombre nacida en Recife es un muestrario de los giros característicos que conforman el vocabulario Gismontiano. Cascadas prolongadas de líneas cromáticas; inesperados pasajes donde el lirismo y la saudade flamean a través de modulaciones armónicas típicas del romanticismo clásico y el jazz; grooves obstinados y agresivos que se complementan con motivos fragmentarios en el registro alto. Dichos elementos son parte del sello estilístico de Gismonti, de su sonido inconfundible. Tanto en el piano como en la guitarra acústica modificada, sus principales medios de acción, el compositor/intérprete se adhiere estoicamente al refinamiento de un propio sistema generador.

Otros elementos conceptuales se suman a su obra. En “Selva Amazónica”,una portentosa composición para guitarra modificada, Gismonti construye un universo naciente de energías y transmigraciones, donde las formas sonoras se superponen unas a otras, anulándose y fusionándose en un constante proceso de amalgama. Gismonti recrea de este modo la atmósfera fértil, pristina y salvaje de los bosques tropicales brasileños. Inspirado por sus memorias del tiempo que transcurrió con los músicos y chamanes de la etnia Xingu, el compositor esculpe ambientes auditivos como punto de partida hacia la trascendencia. El oyente atento descubrirá en estos espacios los claroscuros, las sensaciones físicas de calor y desmesura, la vorágine feraz de ritmos montados unos sobre otros como hormigas en la tarde incandescente. Todos estas sensaciones que resumen la vorágine del estar vivo.

“Agua y Vinho” devela otra faceta importante en la obra de Gismonti: el aspecto solemne de una estética comprometida, una voz estilística que asume el rito de la creación con suma seriedad. En esta composición, el espíritu adusto y dignificado se aleja del melodrama. Gismonti añade al sonido del piano el redoblar de un campanario de iglesia. ¿Es una señal de adiós? ¿O de bienvenida? Una referencia al mundo cristiano y a la simbología católica; pero también un modo de indicar el acto contrito y de penitencia que acompaña la búsqueda solitaria del compositor. La influencia de los modos medievales y del canto monofónico europeo se distinguen entre la bruma de una armonía oleosa.

La obra de Egberto Gismonti no solo se destaca por su aproximación respetuosa al acto creativo, sin dejar a un lado un cariz improvisatorio y popular que apela al corazón. Gismonti ha desarrollado una técnica de ejecución avanzada, forjada a través de la exploración y el estudio exhaustivo de la música popular brasilera.