Sinclair Lewis y el miedo a la literatura

¿Qué concepción del arte se esconde detrás de los discursos de aceptación de los premios Nobel de literatura? 


En 1930, el premio se otorga por primera vez a un escritor proveniente de los Estados Unidos: Sinclair Lewis (1885-1951). Lo que más se destaca en la introducción que hace la Academia es la atracción y repulsión s que los EE UU generan en quienes ven el país desde otras tierras: vitalidad, juventud, sí, pero también materialismo, puritanismo y la tensión entre bienes privados y públicos. En las novelas más significativas de Lewis —Calle mayor (1920), Babbit (1922), Arrowsmith (1925)—se plantea una dicotomía entre los valores de la vida rural y la vida citadina. La primera novela teje los entretelones de un pueblo rural en Minnesota, Gopher Prairie; la segunda pone bajo el microscopio a un hombre de negocios —agente inmobiliario— que cree en trabajar, aumentar su salario y disfrutar de la modernidad. La tercera —¡profética!— trata sobre la ciencia y la industria médica en los Estados Unidos. El arma de Lewis es la sátira y por eso la introducción señala que, con él, la literatura americana “ha comenzado con autocrítica, y esto es saludable”. El discurso de Lewis—quizás el que más se ajusta, desde que empezamos. a la idea que inició esta columna— se denomina “El miedo americano de la literatura” y entronca sus palabras en dos tradiciones literarias claras: la polémica y la discusión sobre el canon. Dice Lewis: “A nuestros profesores la literatura les gusta, pura, fría y bien muerta” y con eso enciende la mecha de la discordia y apuntala su opinión sobre el divorcio de la intelectualidad estadounidense y su realidad. Menciona a un miembro de la Academia Americana de las Artes que indicó que haberle otorgado el premio Nobel a Lewis era un insulto al país y usa esto para definir la idea del “miedo” al que hace referencia su título: miedo a toda aquella literatura que no glorifique al país. Con humor y con ironía, ataca a los cultores del “Nuevo Humanismo” académico y nombra a los escritores que están haciendo la nueva literatura: Dreiser, Anderson, O’Neill, Cather, Mencken, Sinclair, Hemingway. Caracteriza a los EE UU como “la tierra más contradictoria, deprimente y convulsa” de la actualidad y al escritor americano como alguien que escribe “solo, confundido” y a quien solo salva “su propia integridad”. En América, dice Lewis, el artista no es oprimido por la pobreza sino por el sentimiento de que su creación no tiene valor.

Y el pescador dijo: “Habla y abrevia tu relato
porque de impaciente que se halla mi alma
se me está saliendo por el pie”.
Las mil y una noches, “Historia del pescador y el efrit”.