Si Evita viviera sería Copi

Mucho antes que Andrew Lloyd Webber y Tim Rice hicieran una obra inspirada en ella, hubo otra Eva Perón en ser llevada al escenario. Su autor se llamaba Copi y la estrenó en París, ciudad donde residió gran parte de su vida hasta morir a los 48 años víctima del Sida. A diferencia de los ingleses, el autor argentino pensó que Evita debía ser interpretada por una travesti. El resultado fue inmejorable, aunque el teatro sufrió un atentado de bomba que lo dañó por varios días.

La edición en español de Eva Perón – Copi escribió parte de su obra en francés– es una buena oportunidad para revisar el mito de la compañera del presidente Juan Domingo Perón en manos de un artista que lentamente es descubierto por el lector latinoamericano. Hasta el momento de la publicación del libro en 1970, la carrera de Raúl Natalio Damonte Botana, es decir Copi, era conocida en su faceta de humorista gráfico por “La Mujer Sentada”, historieta que podía leerse en publicaciones de Argentina (Confirmado), Francia (Nouvel Observateur) y los Estados Unidos (Evergreen Review).

 Si el dibujo tiene ecos de Saul Steinberg y Lino Palacio, su dramaturgia está emparentada con Eugène Ionesco y Jean Genet. Podemos hablar de esta influencia en el sentido que el grotesco deja una carnada malicienta para que el humor negro de Copi la mastique y escupa un delirio lisérgico tan violento como despiadado. En cierto modo, Eva Perón cuenta la historia del peronismo, que es la historia de la República Argentina, en su estado más salvaje, con una Evita que guarda dinero mal ganado en cuentas bancarias en Suiza, que es déspota, que se burla con mucho resentimiento del cáncer que le está destruyendo no el cuerpo sino el alma.

Copi necesita de una obra articulada en un solo acto para que la acción transcurra rápidamente; los personajes entran y salen del escenario gesticulando y hablando en voz fuerte –según Raúl Escari,  el autor sentía debilidad por los signos de exclamación–. Bajo la superficie de este delirio se indaga la condición del poder, su tiranía perversa, la fascinación que a muchos enceguece.