Secretos de familia

 

 

“Las novelas de Nicolás Poblete están pobladas de secretos. Por un lado esconden lo que no sabemos, por el otro lo que no deberíamos saber. Al terminar la lectura creemos habernos asomado a un mundo microscópico, complejo y esquivo que replica la arbitrariedad del mundo físico y verdadero”.  En el prólogo a Nuestros desechos Sergio Chejfec subraya los vínculos íntimos entre los textos del autor chileno.

Periodista, escritor y doctor en Literatura hispanoamericana por la Washington University in St. Louis, la obra de Poblete (Santiago de Chile, 1971) consta de un libro de cuentos, Espectro familiar, y seis novelas, entre las que se destacan En la Isla/On the Island, Nuestros desechos, Concepciones No me Ignores.

Hace algunas semanas hablé con el autor sobre Espectro familiar y su nueva novela, Concepciones. En ellos nos enseña un Chile sinuoso que a veces se vuelve un estado de ánimo. Poblete se mete en la vida de seres en conflicto, desencantados por descubrir precisamente que los secretos –la marca en la obra del autor– pueden ser una mentira inquietante.

 

Leía las historias de tu libro de cuentos y recordaba el verso de Fabián Casas: “Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia”.

Verdaderamente parece una ley en el contexto de estos relatos, desde el momento en que el horror se encuentra inserto en el contexto familiar. Esta célula supuestamente protectora se torna ominosa y depredadora.

Hay algo que creo une a los hijos de Espectro familiar y es su vulnerabilidad.  

Sí, ellos ostentan cierta vulnerabilidad, pero al mismo tiempo desarrollan estrategias para lidiar con esta paradójica protección que es la familia. Aunque se encuentran en contextos complicados y amenazantes, elaboran estrategias de supervivencia y, generalmente, rituales cuasi estrambóticos que les permiten lidiar con su entorno inmediato.

En “Que seas feliz” tocas el tema de la religión, el brainwashing y la explotación de los obreros del campo. ¿Cuéntame cómo surgió la historia?

Esta historia surgió de un caso real de un obrero que mató a sus hijas en Chile. Leí esa noticia en una breve nota del diario y me impactó muchísimo precisamente por la poca cobertura que tuvo. El cuento está inspirado en el caso y, según lo que pude investigar, este hombre era otro caso más de explotación de los cultivos temporales: “trabajos” sin ninguna seguridad ni protección social. Por otra parte su precariedad social está cruzada por un discurso religioso febril que lo comanda y exculpa al mismo tiempo de su asesinato que él no vive como tal, sino como un rito de pasaje hacia una realidad más promisoria. Es terrible.

Hay una amenaza perturbadora en muchos de los relatos. Está latente pero contenida.

Sí, todos los relatos están armados con el marco del terror, generalmente psicológico. En ese sentido los textos hacen eco de la iluminación ominosa que desarrolla Freud en su rupturista ensayo “The uncanny” que propone el concepto de la desfamiliarización, aquello que nos sobresalta por su capacidad de perturbación, pero que paradójicamente se halla presente en nuestro espacio más íntimo, doméstico.

El narrador de estos cuentos a veces es un hombre, otras un niño, mujeres… ¿Cómo eliges el que va a contar la historia?

Esto puede sonar pretencioso, pero siento que puedo posicionarme en todos estos lugares con cierta fluidez y, espero, convicción. En un libro de relatos, creo que es necesario ofrecer alguna variedad, no solo temática, sino en términos de lugares sociales y etáreos. Es un desafío, para mí, mucho más interesante que hablar siempre desde el lugar del “yo”.

Tu último libro publicado es la novela Concepciones. ¿Cómo fue el proceso creativo? 

Fue largo, porque empecé a tomar notas hace muchos años, para luego comenzar a concretar la arquitectura de la novela. Sabía que había un personaje principal que pasaba por todas estas etapas, en un contexto neoliberal chileno, pero la estructura me costó encontrarla. Una vez que se definió pude ver el escenario completo. Asimismo, requirió mucha investigación en torno al mundo de la prostitución y sus innumerables aristas.

¿Cuánto hay de Nicolás Poblete en los personajes de Conce y Eduarda?

Mucho. Primero, hice coincidir el paso de ellas por este colegio con las fechas de mi estadía en un colegio muy similar al que asisten ellas. Para mí sigue siendo chocante haber pasado toda mi etapa del colegio bajo la dictadura de Pinochet. Eso es algo que entiendes después de mucho tiempo. Asimismo, todas las referencias musicales forman parte de mi vida escolar. El arribismo, la representación de clases sociales muy marcadas y los discursos represivos son realidades que yo también viví.

Por momentos Conce y Eduarda viven una amistad tóxica.

Ellas son amigas en varios sentidos, pero es verdad que hay mucha toxicidad en su relación; hay competencia, mezquindades, hasta traiciones. Pero, al mismo tiempo, hay apoyo y solidaridad. Quería mostrar un tipo de relación compleja y conflictiva; lo difícil que resulta la coherencia y la lealtad cuando el contexto social está tan corrompido y contaminado por la invasión capitalista y exitista de una sociedad apaleada.

En Concepciones eres bastante crítico con el modelo económico de Chile y con una clase social que hace lo imposible para que sus hijos accedan a un círculo de privilegio. Pese a los años, ¿hay ciertas cuestiones que todavía están muy arraigadas en el país?

Absolutamente. Creo que poco ha cambiado en ese sentido en Chile, lamentablemente. Los cambios que han ocurrido son cosméticos y no calan muy hondo. Se han liberado ciertos nudos, pero en un nivel superficial, virtual, sin embargo las demandas, por ejemplo, de educación gratuita de calidad o de salud, siguen siendo una deuda. Lo que Concepcionesmuestra con este colegio de clase alta, un colegio inglés, sigue intacto: acceder a un colegio de este tipo sigue siendo carísimo y suerte de una minoría.

Estudiaste un Doctorado en los Estados Unidos. ¿Cuéntame cómo fue tu experiencia en una universidad norteamericana?

Fue un verdadero lujo, por todas las posibilidades que me permitió. Acceder a bibliotecas, investigar temas de mi interés, trabajar con profesores muy preparados y generosos; establecer contactos con colegas y otros estudiantes de otras procedencias: todo esto es una maravilla.

Chile tiene dos premios Nobel de literatura. ¿La figura del escritor es  importante en la sociedad?

No exactamente. El escritor que gana premios y es reconocido internacionalmente por sus bestsellers puede llegar a tener cierta presencia social, o más bien mediática, pero en términos generales a la gente no le importa mucho. Sin duda un escritor cualquiera tiene cero relevancia comparado a un futbolista cualquiera. El hecho de tener dos premios Nobel es solo un motivo de orgullo bobo: Gabriela Mistral fue galardonada con el premio Nobel antes de recibir el Premio Nacional de Literatura. Eso ya te da una señal de la relevancia que tiene y ha tenido la literatura, históricamente. Creo que si no hubiera sido por este premio previo nadie leería a la Mistral hoy en Chile.