Román Luján en la intensidad del poeta

Román Luján es un poeta aguerrido, de armas tomar. Hay cierto riesgo que se sobrepone al hecho de escoger y manipular el formato de un texto, de un poema. La forma se convierte, en cierto modo, en la voz o una de las voces del poema mismo. Conozco a Román en persona y puedo dar fe de que es una persona muy cálida e incluso dulce. Me he enamorado de su producción poética por todo lo opuesto a las características que acabo de resaltar de su personalidad. Sus textos son vigorosos, fuertes y hay muchos que me resultan magníficos. Para no caer en retahílas cursis, quiero comentar sobre tres poemas que hablan con el lector a través de diferentes formatos. De allí que opine que la misma fuerza que manifiestan los poemas a través de sus temas altaneros, vociferantes y hasta irreverentes, la tiene de igual modo el poeta. Entendiendo que un poema se hace solo, no puedo sin embargo dejar de hilvanar la mano de Román entre sus versos. Ocurre lo que pasa cuando uno escucha una pieza y puede deducir, sin haberla escuchado antes, quién es el intérprete o compositor. Claro está, no quiero caer en un malentendido. Esto no significa que Román escriba en un formato predeterminado y con frases prefabricadas bajo una fórmula fácil de identificar. Por el contrario, el experimento y la creatividad se encuentran siempre bajo la manga de Román. 

“Racimos” presenta 118 versos a manera de pregunta. Es decir, a “Racimos” lo componen 118 preguntas (realmente un poco más pues algunos versos tienen más de una pregunta) que forman una sola estrofa. La voz poética parece estar un tanto malhumorada y comienza a establecer contacto con un interlocutor, exigiendo respuestas que no solamente interpelan directamente a un tú sino que además cuestionan a un él, a una ella, a unos ellos. Este poema de Román Luján ahonda en cuestionamientos con los que seguramente el lector ha tropezado de vez en cuando, al menos una vez, al menos con una de las preguntas. Por ello percibimos el título del poema como una invitación convirtiéndose los versos en piezas que están allí suspendidas para que el lector tome y digiera las que desee. El lector se identifica con las preguntas que quiera, se las lleva a su casa, se las pregunta a su madre, a su pareja, o simplemente recuerda cuando alguna vez las hizo o le pasaron por la mente. “Racimos” es mi poema preferido de Román. Fragmento:

 

“¿Qué hace el viento para no estar en su sitio?

¿Cuántas migraciones sueña el ave para que al canto arribe la guirnalda?

¿Para qué el signo que abre? ¿Y el que cierra? ¿No es una convención ya superada? ¿No basta la

actitud de espera?

¿No te recuerdan garfios diminutos, en especial en Garamond?

¿Y esos lunares grises cruzándote la espalda como un halo?

¿Has ido a verte?

¿Extrañas más el clima o la comida?

¿Desde dónde comienzan a grabar conversaciones? ¿Quién las oye?

¿Qué imbécil lo tradujo como Violadores Serán Perseguidos sin mirar siquiera el diccionario?”

En “Playas” nos encontramos con otro tipo de formato: estrofas a doble verso. La forma en que los versos están dispuestos dentro del poema le da al lector la posibilidad de seguir sin tropiezos la lectura. Allí exactamente es donde nos damos cuenta que el poema, si se unen los versos, se puede leer en prosa. Sin embargo, Román no cae en la simpleza de tomar un poema en prosa y romperlo en frases para crear versos y salir del paso. Es un arte el poder identificar la manera idónea de colocar cada verso dentro del texto total. Cada estrofa puede suponer una playa a la que el título invita. Por otro lado, el poema apunta hacia una minuciosa selección de vocablos que limpiamente juegan un papel crucial en cada verso. Los verbos, sustantivos y adjetivos parecen haber sido escogidos con el objeto de construir una imagen perfecta de cada una de las escenas rozadas por la brisa del mar. Es por eso que no hay una sola playa, sino varias. Se pluraliza el concepto a medida que la voz poética recorre los espacios y a través de la palabra se idealiza el lugar. En cuanto a este punto, el poema comienza y termina con una referencia a la palabra, con el acto de decir, con la capacidad de entender eso que se dice. A partir de allí empiezan las conexiones con los cuerpos de agua que se resaltan en los versos, los colores, las piedras, el viento. La voz poética de esta manera establece un vínculo entre el decir y el mar. Fragmento:

 

“Dime algo que aún pueda entender,

que no destiña el mar, sus grises

 

resolanas, los navíos incrustados

en su radiante pulpa; sólo dame

 

una sílaba para quedarme a flote,

antes de que empieces a desviar”

Salimos así del ambiente un tanto bucólico que trae la playa en donde la voz poética añora los versos de aquel recuerdo que no existe y no puede entender, y entramos a un ambiente completamente diferente, urbano, peligroso y violento. En “Me llaman violencia” Román Luján vuelve a trabajar meticulosamente con el formato. Esta vez, añade la ortografía como materia prima. Cada verso, digamos, responde al orden del alfabeto; un orden estricto pero que al mismo tiempo evoca un universo caótico en el que se respira armas, sangre, cárcel, noche y supervivencia. La presentación del poema es pulcra, hasta el punto que se podría argüir como perfecta. No obstante, las escenas son sucias, estresantes, oscuras, crudas, brutales y hasta salvajes. La pericia de Román reside en la capacidad de utilizar un formato creativo, innovador y exacto para darle salida a una voz poética que surge en la urbe sumergida en la violencia moderna y que puede verse reflejada en la sección de crímenes de la prensa diaria. “Me llaman violencia” es mi segundo poema preferido de Román. Fragmento:

“357 Magnum.

A sangre fría. Aborto: canta a la vida. Agentes de servicios especiales. Agentes federales. Ansia de matar. Apuesta contra la muerte. Aquellos años. Armas de fuego. Armas, robo y muerte. Asalto en Tijuana. At the Edge of the Law: Rescue Mission. Atentado. Atrapados en la coca. Atrapados en la venganza. ¡Ay Chihuahua no te rajes!

Beloved Mother.

Cabalgando con la muerte. Cacería de un criminal. Cadenas de violencia. Caminos chuecos. Campeón. Cargamento mortal. Carrera contra la muerte. Carroña. Cartucho cortado. Cazador de asesinos. Chicago: pandillas salvajes. Chicago: pandillas salvajes 2. Cobra Gang. Conspiración exterminio. Contrabandos humanos. Cyclone.

Debieron ahorcarlos antes. Desafiando a la muerte: agentes federales. Días de matanza. Dinastía de la muerte. Divinas palabras. Duelo final.”

“Racimos,” “Playas,” y “Me llaman violencia” son solo tres poemas de la emergente producción de Román Luján, un poeta que lejos de ser comprometido se encuentra en constante unión consigo mismo y asume con fuerza y sin temor el hecho de ser poeta. Román Luján es un poeta con entrañas.

 

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Naida Saavedra

Naida Saavedra

Naida Saavedra (Venezuela, 1979) obtuvo con Vos no viste que no lloré por vos el premio Historias de Barrio Adentro 2009 de la editorial El Perro y la Rana. Su cuento “Vestier” ganó el premio Victoria Urbano de Narrativa 2010 de la Asociación Internacional de Literatura Femenina Hispánica. En 2013 fueron publicados Hábitat, Última inocencia y En esta tierra maldita y en 2015 su primer libro de cuentos, Vestier y otras miserias. Saavedra posee un Ph.D. en Literatura Latinoamericana de la Florida State University y sus investigaciones abordan la literatura caribeña contemporánea y la [email protected] Literature, centrándose en los temas del desarraigo y la posmodernidad. Actualmente reside en Estados Unidos, donde es investigadora y docente de la Worcester State University.