Relatos Salvajes: la ira desatada

sq_relatos_salvajesHace exactamente una semana terminé un taller de “Inteligencia Emocional” como parte de un programa de cursos impartidos por el Banco en el que trabajo. En él, palabras como resiliencia, autocontrol, paciencia, consistencia, empatía, tolerancia, autoestima y asertividad eran las principales conclusiones y valores a tener en cuenta para llevar una vida mejor, una mejor calidad de vida. En pocas palabras una vida más feliz.

Sin embargo, para los protagonistas de cada una de las historias que componen la película Relatos Salvajes esas palabras, simplemente, no existen; quedaron tapiadas en el día a día, en el tráfico y la grúa que se lleva el carro, en un extraño que te cierra el camino en plena carretera, en el engaño descubierto en el momento más feliz de tu vida. Todos aquellos acontecimientos que, como se dice, “le pueden pasar a cualquiera”, desatan la ira, la emoción más primitiva del ser humano y a la vez la más contenida por la sociedad.

Los seres humanos somos animales finamente dopados con reglas de convivencia, con talleres de autoayuda, con charlas de autocontrol y largas horas de terapia, todo para no matarnos y respetar el llamado “pacto social”, una burbujita frágil que puede explotar en cualquier momento ante cualquier causa.

Bueno pues, en Relatos Salvajes, cada uno de los protagonistas revienta esa burbuja con descaro y mucha comedia. Lo más curioso es que Relatos Salvajes apela a ese instinto primitivo que todos y cada uno de nosotros llevamos dentro, apela a decir las cosas en la cara de la peor forma y con las peores consecuencias, aquellas consecuencias que desgracian a los protagonistas pero que a la vez los vuelven héroes. Es como si muy en el fondo todos quisiéramos tener el coraje suficiente para destrozar, a palazos, al taxista asesino que te cierra el paso en plena avenida, escupirle a ese jefe estúpido que te trata mal, colgar de donde más le duela a ese infeliz que te engañó vilmente con tu mejor amiga. Quedan afuera formas, la vanagloriada asertividad se pegó un tiro. Mi taller de inteligencia emocional se fue al carajo.

(…)

Relatos Salvajes está dirigida por Damián Szifrón y protagonizada por varias figuras del cine argentino entre ellos Ricardo Darín como el “Ing. Bombita”; está compuesta de seis historias:  “Pasternak”, “Las ratas”, “Camino al infierno”, “Bombita”, “El contrato” y “Hasta que la muerte nos separe” y producida conjuntamente por Pedro Almodóvar. La música está compuesta por el conocido músico Gustavo Santaolalla, quien ha compuesto el sountrack de películas como “Babel”, “Diarios de motocicleta”, entre otros.

En este caso, la música de Gustavo Santaolalla se distingue porque, a diferencia de otras composiciones, me remite a un western, a aquellas épocas de vaqueros en donde la convivencia era más salvaje, en el que muchos tomaban la justicia en sus propias manos y andaban a salto de mata cuidadosos del otro. Con Relatos Salvajes pareciera que el mundo es un campo de batalla en el que los más valientes son aquellos que toman la ira como su principal arma y arremeten contra todo, hacen justicia con sus propias manos y rompen las convenciones sociales mandando todo por la borda.

Aquí el tema principal de la película

httpv://youtu.be/uipu1o5BnxU

Releo mi artículo y las palabras asertividad, control y tolerancia no tienen tanto valor como el que usualmente tienen, no sé si será efecto de la película en la que indefectiblemente terminas celebrando cada una de las reacciones de los protagonistas o es que me he reconocido a mi misma en cada una de las historias. Si ser asertivo, tolerante, paciente hace que logres ser feliz por el resto de tu vida, la ira y su consecuente desahogo hace que seas total y absolutamente feliz por un instante, una droga instantánea y feliz cuyas consecuencias y síndrome de abstinencia es de las peores. A tener cuidado de cuando en cuando le das una pitada.