Regreso del detective más español

SPAIN, Barcelona, Spanish writer Manuel VAZQUEZ MONTALBAN.

Historia de un hombre hecho de retazos y de mentiras


Manuel Vázquez Montalbán nació en Barcelona en 1939 y falleció a causa de un infarto en el aeropuerto de Bangkok, Tailandia, a fines de 2003. Conocido principalmente por su exitosa serie de novelas policiales protagonizadas por el detective Pepe Carvalho, fue un escritor multifacético que practicó con enjundia y virtud el ensayo, la poesía y la narrativa, habiendo publicado casi un centenar de libros entre los que también se incluyen varios dedicados a la gastronomía y algunos guiones y obras para radio y teatro. Carvalho tuvo su primera aparición en 1972 con la novela Yo maté a Kennedy, y durante unos treinta años acumuló títulos como Tatuaje, La soledad del manager, Los mares del Sur, Asesinato en el Comité Central, El delantero centro fue asesinado al atardecer y Quinteto de Buenos Aires. Pero la novelística de Vázquez Montalbán también abordó otras temáticas, como las que componen el tríptico sobre la “ética de la resistencia”: El pianista (1985), Galíndez (1990) y Autobiografía del general Franco (1992).

En la larga lista de detectives que pueblan el género policial, Pepe Carvalho es singular: nacido en Galicia pero asentado en Barcelona, ex militante del Partido Comunista pero reclutado luego por la CIA, desencantado de toda ideología y exquisito gourmet, el propio Vázquez Montalbán lo definió con cierta clemencia: “…que sea de la CIA y del Partido Comunista, esa brutalidad que en algunos momentos le puede aflorar, y en otros momentos ser todo lo contrario, forma parte de esa dualidad, que suelo comprobar en el comportamiento de todo el mundo, en la propia existencia de lo real”. Y es que el personaje fue, de cierta manera, la excusa del escritor para adentrarse en un mundo político muy especial, el de la transición española tras la muerte de Francisco Franco y la asunción del gobierno socialista de Felipe González, más ocupado en desarticular todo atisbo de espontaneidad social y de revisión de la dictadura que en implementar las reformas que España había imaginado durante décadas.

Esa ambigüedad esencial en la psicología de Carvalho la buscaría luego Vázquez Montalbán interesándose por un personaje histórico que aún hoy sigue provocando incertidumbre: Jesús Galíndez, un vasco nacido en Madrid en 1915, exiliado en 1939 en República Dominicana tras el triunfo de Franco, cercano a los círculos de poder del dictador Rafael Leónidas Trujillo y después, ya instalado en Nueva York desde 1946, delegado ante Naciones Unidas del Partido Nacionalista Vasco (PNV) en el exilio y también informante de la CIA y del FBI.

Un hombre contradictorio

Asediado por una realidad histórica confusa, por una infinita colección de pistas de sospechosa verosimilitud, los elementos que componen la figura de Galíndez fueron abordados por Vázquez Montalbán con una sabiduría narrativa de particular brillo. A medio camino entre el reportaje cercano al llamado “nuevo periodismo” y la ficción pura y dura, el escritor da forma a la investigadora estadounidense Muriel Colbert, un personaje seductor y finalmente trágico, quien en 1986 va tras las huellas de Galíndez para escribir una tesis doctoral que poco a poco se va convirtiendo en un alegato ético capaz de sacar a luz datos que aún pueden incomodar a mucha gente (“No quiero saber toda la verdad sobre el caso Galíndez, sólo quiero saber una verdad”). Muriel es también, por designio estratégico del autor, un personaje que le permitirá parodiar el género policial clásico, una suerte de detective peligrosa y débil, tenaz y vulnerable a la vez.

Galíndez, quien a mediados de los ’50 pensaba publicar un trabajo dedicado a Trujillo en el que revelaba escabrosos detalles sobre la figura del dictador e incluso de su familia (La era de Trujillo: un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana), fue secuestrado de su apartamento en Manhattan el 12 de marzo de 1956 y trasladado clandestinamente a Santo Domingo, donde fue torturado y hecho desaparecer. Recién en 1963 fue declarado oficialmente muerto, pero su cadáver nunca fue encontrado. La policía de Trujillo asesinó también al piloto del avión en que aquel fue trasladado a Dominicana vía Miami, el estadounidense Gerald Lester Murphy, y a Octavio de la Maza, también partícipe del vuelo.

Galíndez no solo es un hombre ubicuo o contradictorio, sino que forma parte de un momento histórico que reúne los mismos síntomas de su personalidad: mientras dura la segunda guerra mundial y el peligro para Estados Unidos es el fascismo, el gobierno americano prestará su apoyo a los grupos españoles radicados en el exterior y no reconocerá al gobierno franquista; pocos años más tarde, iniciada la Guerra fría, Franco se convertirá en aliado de Estados Unidos y los grupos como el del PNV perderán valor estratégico y diplomático. Y lo mismo pasará con Trujillo, durante tres décadas apoyado por el gobierno yanqui como adalid de la lucha contra el comunismo, y luego caído en desgracia hasta su asesinato ocurrido en 1961. En esa turbia marea Galíndez se encontrará de súbito a la deriva, pronto para pasar de informante y testigo a simple y desamparada víctima.

Una novela sobre el Mal

Galíndez, digámoslo cuanto antes, es una novela sobre eso que ahora llamamos ‘el Mal’. No sabemos llamarlo de otra forma”, nos advierte desde el prólogo de esta reedición el escritor aragonés Manuel Vilas. “No sabemos llamar de otra forma a la barbarie, a la ausencia de verdad, a la ausencia de justicia.” Y de algún modo, para Vázquez Montalbán, un marxista moderado que había estado preso durante dieciocho meses a principios de los ’60 por participar en una huelga minera, la figura de aquel hombre le permite recuperar un pasado histórico que parecía diluirse entre los nuevos discursos de fin de siglo y ante el premeditado olvido de ciertos sucesos políticos.

Galíndez es la mala conciencia de la España de Franco y Vázquez Montalbán sabe que también lo es del postfranquismo. Galíndez es la mala conciencia de un dictador feroz como Trujillo pero también de los movimientos, clandestinos o no, de algunas agencias de inteligencia estadounidense, con sus funcionarios en activo hasta último momento de la historia que se narra. Y también es la mala conciencia del ser humano como militante y como representante de una agrupación política, llámese como se quiera, que hace de la conspiración su actividad central.

Galíndez, la novela, recibió a comienzos de los 90 el Premio Nacional de Narrativa en España, el Premio Euskadi de Plata y el Premio Europeo de Literatura. Su bienvenida reedición se enmarca en un plan de la editorial Anagrama que ya ha anunciado la publicación de El pianista.

Galíndez, de Manuel Vázquez Montalbán, editorial Anagrama, Barcelona, 2018, 433 páginas. Distribuye Gussi

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