Orange Road

¿Qué es Orange Road?

Luis abandona su familia, su tierra, para ir en pos de un camino donde lo único que importa es el misterio; conocer el misterio, demostrar que el misterio existe, probarle al mundo que su misterio es el verdadero.

En esta novela nos enfrentamos a un mundo tan lejano, pero tan familiar al que habitamos ahora, lleno de individualidades, de ideas personales que afectan (para bien o para mal) su entorno. Además, comparte con nuestra realidad esa sensación de pos verdad, de vivir una búsqueda que, por más que sea colectiva, termina siempre aislando al individuo.

Así, Orange Road es una constante pregunta, una interrogante y desde su inicio nos lo hace sentir. Isaí no da detalles más que a cuentagotas del escenario, de la búsqueda del misterio. Sirva también esta búsqueda por un mundo, una realidad diferente a la que se tiene (y se abandona con tal de hallar eso a lo que la fe nos motiva a continuar), como una metáfora del escritor, el autor que en su papel anota lo que ve, lo que quisiera ver o lo que no quisiera ver en el mundo que abandona para narrar otro.

Parece una novela distópica, eso pudiera definirla, pero no se asombre su lector si en algún momento le parece tan normal que un grupo de personas se alejen de la sociedad para intentar llegar a una epifanía que sirva también para enseñarle al mundo el “verdadero camino”.

 

A continuación, una entrevista de Elías David con el autor, Isaí Moreno:

Elías.

¿De dónde nace el nombre de la novela?

Isaí.

Todo empezó con una exploración escritural, emulando a Francisco Tario por lo mucho que me impresionó “La puerta en el muro”, donde e un hombre recorre un largo camino polvoriento haciéndose preguntas metafísicas. Yo pensé también en alguien que recorría un sendero y por alguna razón que traía en la psique, quise que fuese naranja. Con el tiempo, el sendero acabó siendo una larguísima carretera.

Elías.

Parece ser una novela distópica, pero eso nace de la radicalidad de Luis al dejar todo y alejarse a una búsqueda donde lo único claro es la fe, pero no en qué recae dicha fe. Mi punto es: un día cualquiera, el vecino decide dejar todo y encaminarse a esta senda naranja…)

Isaí.

Sí. La distopía es una utopía llena de exacerbación, una utopía retorcida. Digamos que el territorio que va a recorrer Luis es una línea muy fina entre los territorios de la razón y los de la (su) fe. Él, y la mayoría de los demás personajes, busca una perfección inexistente por la que está dispuesto a dejarlo todo, y su recorrido, por ello, no tiene fin, como la misma carretera.

Elías.

Me llama la atención cómo al final «otro grupo» se les adelanta a sus planes, el 11 de septiembre. Confrontando al grupo y llenando de dudas a sus miembros. ¿Al final toda creencia apunta hacia la misma incertidumbre?

Isaí.

Claro. Toda promesa de certidumbre es lo que hace ser a los movimientos radicales, y cuando se les aparece la incertidumbre, que no es sino una certidumbre deslumbrante de que no hay certidumbre, se estrellan contra ella como si fuese un muro de granito. Que Al Qaeda se adelante a los propósitos emancipadores de la Hermandad del Éter es su acabose absoluto. Algo más: En este plano de realidad, que además pasa a ser de la competencia de México, los líderes capturados de NXVIUM y La Luz del Mundo, han cimbrado el interior de sus sectas.

Elías.

Justo eso pensaba, los seguidores de La Luz del Mundo defendiendo a su líder a ciegas.

Isaí.

Sí. Jamás cuestionarían sus actos de pederastia. Para ellos es una prueba al amado líder, de la que Cristo lo ayudará a salir victorioso.

Elías.

Los aforismos que aparecen a lo largo de la novela, parecen la respuesta final de un rezo, una meditación, casi como una respuesta divina a las plegarias; pero en este caso las frases no aclaran, aunque eso parece. Al leerlas nos damos cuenta que en realidad no brindan ningún tipo de claridad, de ruta a seguir, a los seguidores de esta secta. Tan parecido a la política y a las religiones predominantes. ¿Crees que este parecido con la realidad es nuevo (digamos, ya que lo mencionas en la novela, del 11-S para acá) o ha habitado desde antes?

Isaí.

Para mí fue muy placentero redactar esos aforismos como la parte de un “libro sagrado” contemporáneo. En algún momento me planteé que tuviesen esa contradicción y ambigüedad de los dichos “Koan” del Zen para vaciar la mente. El resultado fue una especie de Zen malvado y eso me gustó: es cierto que la ambigüedad de esas brevedades asépticas y minimalistas pretende un “Libro de nada”, y si existiera “El libro de la destrucción” citado en la novela, tendría ese tono y ésa sería su naturaleza. En cuanto al discurso político, es un discurso por lo regular vacío que más que por argumentos se sostiene en la retórica, y también en la aliteración: es sabido que tanto un líder religioso como uno político suele repetir al menos tres veces cada frase para que adquiera un sentido, una fuerza retórica que siendo pronunciada una vez no tendría.

Elías.

Repetir la una mentira hasta que…

Isaí.

Exacto. Hasta Obama entraba en ese juego en sus discursos.

Elías.

Pero bueno, Obama tampoco era el súper presidente que nos hacen ver. Al final, creo que tanto los «buenos» como los «malos» son parecidos en cierto narcisismo (narcinismo) para justificar sus acciones. Como los creyentes de tu libro, aunque éstos más ingenuos o creyentes.

Isaí.

Cierto. La credulidad que, ante todo, evidencia la fragilidad, la vulnerabilidad de los seres humanos. Los seres vulnerables parecieran llevar un tatuaje en la frente pidiendo que se les dañe, que se les abuse o se le maneje al antojo más arbitrario. Estoy seguro de que cualquiera de nosotros, por más buena persona que nos consideremos, estando con alguien vulnerable le haríamos daño conscientemente.

Elías.

Hablándole a Isaí el lector, ¿Qué necesitas en un texto para que te enganche? y ¿Qué hace que abandones una lectura?

Isaí.

En mis lecturas busco una voz y una atmósfera que apoderen de todo. La voz que consigue ser la conciencia, el espacio, el tiempo, etc., puede lograr lo que sea: que el lector no suelte el libro que lee aunque sea de un tema que no es +su tema+. Los lectores de esta época, y todos quienes escribimos formamos parte de ese grupo, están siempre a punto de abandonar el libro que leen: al mínimo pretexto, lo sueltan, y con ello ejercen un derecho legítimo también. Yo abandono una lectura cuando lo escrito me requiere un esfuerzo que no es recompensado páginas más adelante.

Elías.

«Estoy seguro de que cualquiera de nosotros, por más buena persona que nos consideremos, estando con alguien vulnerable le haríamos daño conscientemente.» Esto que me dices es muy notorio, porque parece que en eso basamos la mayoría de nuestras relaciones, un amigo teólogo y psicólogo me decía que justamente le hacemos daño a quienes amamos, porque sabemos que no tendremos consecuencias.

Isaí.

Oh, sí, muy buena tu acotación. Nos encanta golpear a los que nos son leales, porque siempre vuelven.

Elías.

Ahora, tu novela fue galardonada con el Premio Nacional de Novela Corta Juan García Ponce, ¿Habría algún cambio en ella si no la hubieras enviado a un certamen?

Isaí.

Sin duda no sería la misma de no haberla enviado al certamen. Revisé con mucho detalle la versión final, cuya versión previa escribí además con una beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Mauricio Bares, mi editor, me hizo también algunas sugerencias de argumentación en su propia revisión: elementos en los que no reparé ni siquiera despeñes de decenas de revisiones. Uno debe agradecer siempre el trabajo esmerado de su editor, porque un editor en la mayoría de los casos es también un escritor.

Elías.

Si pudieras decirle algo al lector que justo abrirá Orange Road, ¿qué sería?

Isaí.

Le diría que lea sólo si tiene puesto el cinturón de seguridad.

Elías.

Es que desde la primera página consigues el desconcierto, el desarraigo, la pérdida de fe por buscar lograr algo a través de ella, la sensación de que ese camino naranja no terminará y, si termina, el destino nunca será satisfactorio. Muchas gracias por la charla, Isaí.

Isaí.

A ti, David, por este diálogo.