En esta oportunidad quiero hablar sobre el poeta venezolano Miguel Ángel Hernández. Nunca he visto a Miguel Ángel en persona. Toda nuestra comunicación ha sido por el internet desde que fue el corrector de mi primer libro, publicado en Venezuela. El intercambio de mensaje entre nosotros pudo haberse terminado allí, sin embargo empecé a seguir su trabajo como poeta y ya no pude dejar de estar pendiente de su producción.

Hace un tiempo leí su poemario ¡Oh, lorem ipsum!, ganador del IV Concurso Nacional de Poesía (2013) de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, Venezuela, y quedé prendada. Desde el título me interesó, y es que ¡Oh, lorem ipsum! recorre no un camino, sino cientos. Caminos que van desde las propias calles de Maracaibo -ciudad que se convierte en el personaje principal del poemario y que además es la ciudad donde nací-, pasando por las ondas producidas por dinosaurios que se estremecen en el fondo del lago, hasta enlaces a páginas web que llevan a un sitio desaparecido, a un signo sin referente.

“No es una ciudad
es un patio árido

que se baña en un charco de aceite

donde dos dinosaurios hacen el amor.” (18)

Miguel Ángel Hernández conecta discursos, tiempos y tradiciones para darle cuerpo a ¡Oh, lorem ipsum!, poemario que a partir de su título denota una actividad en proceso.

A manera de entrevista le hice algunas preguntas y en sus respuestas me comentó desde varios ángulos la posibilidad que tiene el lector de proponer un diferente tipo de lectura frente al poemario. Yo añado que, más aun, el poemario en sí es un acto que se abre frente a la tradición, o mejor dicho, rompe una tradición. Tal vez la ruptura sea la propia poética: “dicho poemario no pasa de ser un intento por decir, solo un intento; su poética es la del fallo; ante dicho intento la voz del poema reconoce una brecha enorme en el mismo lenguaje, así que lo único que puede hacer es dar vueltas en uno de los dos lados de esa brecha, mirando el vacío que se le planta enfrente.”

El concepto de lector activo del que se ha venido hablando desde que los escritores del boom latinoamericano se hicieran famosos, ha existido desde que la poesía es poesía. Es decir: para leer, disfrutar –y en cierto modo entender– la poesía hay que ser activo. No obstante, cuando el lector se encuentra con una obra como ¡Oh, lorem ipsum! tiene que ser más que activo. El lector se topa con un texto que en total intenta redefinir lo que significa la poética e identificar su propósito.

“Mcbo. et ál:

un nombre

y mapas en potencia

mapas subterráneos

retículas

cfr. www.mediafire.com/?fgfq5zumlkk

dislalia, desdecir

cota cero.” (53)

La hipertextualidad se presenta como un elemento clave, además del juego de formatos, la cultura pop y las herramientas que brinda la tecnología –pues hasta Google aparece como definidor de la ciudad de Maracaibo–, signos y referentes ajenos, abreviaciones.

“Google:

maracaibo

maracaibo 15

maracaibo de noche

maracaibo 15 discografía” (54)

El lector debe asir todos esos elementos para tratar de establecer un diálogo con la voz poética, y juntos darle forma a las imágenes que flotan de verso en verso, empezando por la de la propia ciudad de Maracaibo.

La ciudad se traduce y se personifica, en cierto modo, entre las líneas escritas por Miguel. Maracaibo respira, y transpira por el calor, el sopor, el ahogo de cada verso. Hay arena, asfalto, patio, mapas subterráneos, úlceras, soleados, áridos. Leemos los versos “y nos tapamos la boca.” ¿Habrá asimismo algún tipo de asombro, de incertidumbre, de esperanza? Al respecto, el propio Miguel comenta que “En efecto, el poemario es un ejercicio de sobrevivencia de un cuerpo que recorre unas calles […], la esperanza de este cuerpo pasa por sus estrategias para hacer frente a esas calles; su éxito o no dependerá de la lectura que se haga.” Vuelve esta idea de la actitud del lector ante el poemario de Miguel: la pasividad no puede formar parte de su lectura.

“Rodar en las calles

zapping de arena y asfalto

Mario y Luigi intentando pasar de nivel.” (59)

En un intento por continuar el movimiento que ¡Oh, lorem ipsum! ya ha establecido, me adentré en sus poemas y caminé junto a la voz poética por esas calles, por esos escenarios áridos que a la vez empapan al caminante de detalles y signos y símbolos imposibles de desechar. Cuando le pregunté a Miguel Ángel por qué el título ¡Oh, lorem ipsum!, me respondió: “El lorem ipsum es un texto falso, sin sentido (alguna vez fue latín), que se usa en el campo del diseño gráfico para ver cómo resulta la distribución del espacio en la página o en una etiqueta, para ver cómo se ve en relación con una foto, etc.; es un texto de prueba, previo a una impresión definitiva, corregida, bien estructurada, con el texto final. Apliquemos este concepto a la ciudad. ¿Hace falta decir más?”

Miguel Ángel ahora anda por Nueva York haciendo una maestría en creación literaria, se encuentra caminando, mirando. Yo seguiré, por supuesto, pendiente de lo que nos brinde en el futuro.

© 2016, Naida Saavedra. All rights reserved.

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Naida Saavedra (Venezuela, 1979) obtuvo con Vos no viste que no lloré por vos el premio Historias de Barrio Adentro 2009 de la editorial El Perro y la Rana. Su cuento “Vestier” ganó el premio Victoria Urbano de Narrativa 2010 de la Asociación Internacional de Literatura Femenina Hispánica. En 2013 fueron publicados Hábitat, Última inocencia y En esta tierra maldita y en 2015 su primer libro de cuentos, Vestier y otras miserias. Saavedra posee un Ph.D. en Literatura Latinoamericana de la Florida State University y sus investigaciones abordan la literatura caribeña contemporánea y la [email protected] Literature, centrándose en los temas del desarraigo y la posmodernidad. Actualmente reside en Estados Unidos, donde es investigadora y docente de la Worcester State University.