Música que es un viaje de ida

La vida del inmigrante hispano no es fácil en los Estados Unidos. Para aquellos que no logran conseguir la “green card” a tiempo, se vuelve una brega constante por sobrevivir. Años atrás mi propio periplo me llevó a conocer de cerca la vida de varios hispanos indocumentados dentro del negocio de restaurantes. Empujado por la necesidad, desempeñé oficios de lavaplatos, mesero, preparador de tortillas y picador. En uno de aquellos lugares en los que trabajé, localizado en el norte de la Florida, pasé más de un año conociendo las historias de sus trabajadores, todos ellos indocumentados provenientes de México y Centroamérica.

La mayoría eran jóvenes, con excepción del cocinero en jefe, al que llamábamos Zorro, un tipo delgado y ágil de unos cincuenta años. Nunca supe su verdadero nombre. El más joven del equipo era uno de los dishwashers, un muchacho de dieciséis años que cruzó la frontera junto a su hermano con ayuda de coyotes. En una ocasión el muchacho sufrió una quemadura seria en el brazo mientras lidiaba con la máquina lavaplatos. Soportó algunas semanas trabajando en medio del vapor caliente de la máquina y las sobras de comida pegándosele a la piel infectada. Luego resolvió mudarse a un restaurant de buffet chino para picar verduras. Otro de los dishwashers venía de Honduras y era aficionado a la bebida. Vivía en un apartamento pequeño con uno de los meseros y ambos gastaban su paga semanal en licor. “Mi primeros días aquí fueron duros,” me dijo una vez. Sin tener conocidos ni dinero, sin hablar el idioma ni saber cómo manejarse en la nueva sociedad, el hondureño solo atinó a robarse un cobertor de carro y vivir en el bosque por un mes en medio del invierno. Fue difícil. Sobrevivió rescatando sobras de los tachos de basura que exploraba de noche, por miedo a que lo descubrieran y deportaran. Después de su estancia en el bosque, la bebida se convirtió en su mejor compañera.

Cada uno de los que conocí cargaba una historia. Todos ellos, yo diría, habían sido templados por duras experiencias de vida. El día a día se pasaba dentro de la cocina trabajando y compartiendo muchas de estas historias. Pero había un elemento en común que ayudaba a propagar el ambiente propicio para hacer llevadera la jornada: el sonido festivo del corrido norteño. Al lado de la línea de comida donde la carne desmechada, los frejoles y la salsa ranchera humeaban perennes, el CD player permanecía encendido todo el día a máximo volumen. A veces el Zorro y su ayudante, al que llamaré Miguelito, me gritaban entre en el estruendo de la música cuando yo llegaba con una orden en la mano y me exigían que me detuviera a escuchar la estrofa de un corrido que solían tocar una y otra vez:

Soy emigrante que sufre

Al estar tan lejos

De mis padres y mi patria

Donde me vieron crecer

Un día crucé la frontera

Buscado el triunfo

Hay Dios cuanto sufro

Quién sabe si volveré

(Los Tigres del Norte – “El emigrante”)

La tarola de los Tigres del Norte marcaba un compás incansable de dos tiempos, como machacando en la memoria del oyente los pasos lentos y constantes de los inmigrantes que cruzan la frontera determinados al triunfo. Cuando el Zorro entraba en receso, Miguelito, mexicano de unos veintitrés años, tomaba el control del CD player y cambiaba el tono de los corridos, dejando atrás la melancolía jaranera del Zorro. Miguelito era fan de los narcocorridos y de sus letras que recalcan la acción y el poder personal frente a la frustración y el desasosiego impuestos por el sistema:

A mí nadie me dio nada

Todo lo que tengo es mío

Con el sudor de mi frente he logrado

Lo que he querido

(V. Elizalde – “A mis enemigos”)

O letras en las cuales el narco se ensalza como símbolo de superación personal y coraje:

Si eres pobre te humilla la gente

Si eres rico te tratan muy bien

Un amigo se metió a la mafia

Porque pobre ya no quiso ser

Ahora tiene dinero de sobra

Por costales le pagan al mes.

Lo persigue el gobierno gabacho [peyorativo para estadounidense blanco]

Pero él no deja de trabajar

A los Ángeles va cada rato

Y regresa con un dineral

(Conjunto Atardecer – “El centenario”)

Miguelito era un tipo duro. Se jactaba de sus amanecidas manejando ida y vuelta a Atlanta sin parar, alrededor de unas ocho horas, empecinado en conseguir la merca más barata y venderla en los bailes de fin de semana que reunían a la comunidad hispana del área. Los ojos rojos y la mirada punzante, la palabra de Miguelito era respetada por todos. Un día no regresó más. Nos enteramos después que había sido detenido en una redada.

Las melodías qubradizas del acordeón bordoneaban las letras de los corridos que surcaban el aire de la cocina. En aquellas letras, las historias de muchos inmigrantes mexicanos y centroamericanos que parecieran vivir entre dos mundos se narraban como testimonio histórico. Personajes regidos por la dualidad: distintos parámetros, distintos ámbitos culturales, el recuerdo de un pasado mejor, quizás idealizado, y la conciencia de un presente que exige sacrificio y tenacidad. En un tono bíblico, estos corridos hablaban del trabajo como una actividad sacrificada y fuente de sufrimiento, pero también como vía redentora asumida con firmeza moral y esfuerzo físico. Y la vida es pintada además en estas letras como una constante angustia, llena de personajes que fugan perpetuamente de la migra, que se sienten perseguidos, auscultados. Y la rabia se acumula frente a la imposibilidad de cambiar un mundo regido por una legalidad inhumana e inmutable:

Yo también fui deportado

Aunque ya estaba casado

No me quisieron dejar

Dejé mi esposa y mi hijo

Quisiera volver con ellos

Pero no puedo cruzar

Ayer hablé con mi hijo

Y él con tristeza me dijo “¿cuándo vas a regresar?”

(Los Terribles del Norte – “El deportado”)

Poco después de resolver mi situación migratoria me alejé del negocio restaurantero y dejé de estar en contacto con los inmigrantes que allí conocí. Sus historias, enmarcadas por el ritmo martillante y las melodías dolorosamente festivas del corrido, siguen aún en mi memoria.

httpv://www.youtube.com/watch?v=-9JnHmQQlEA  El deportado

httpv://www.youtube.com/watch?v=IfHxjRDtPLg  El centenario

httpv://www.youtube.com/watch?v=-q-aCU32q0k  El emigrante