Luz Valencia Gamboa: la vida bajo palabra

 

 

4 de febrero de 2025

Recibo un correo de una poeta. Dice: “¡Qué tal, Gabriel! Yo tengo una imagen muy clara de cuando te conocí. Acababas de presentar un libro tuyo y al final me acerqué a felicitarte. No tengo idea de hace cuánto que eso sucedió, pero es una de esas cosas que se quedan en la memoria. Yo empezaba con las letras, tú ya con una trayectoria. Pero tus palabras fueron muy alentadoras y generosas. Fueron momentos especiales pues hubo un intercambio genuino de energías. Mi tercer libro está por salir. Pensé en escribirte para preguntarte si escribirías media cuartilla o lo que desees para la contraportada. El libro es largo, 300 cuartillas, es poesía. Ahora sí que me está dando pena…Si deseas que te lo envíe para que le des una rápida ojeada, con mucho gusto te lo envío por este medio. Aprovecho para desearte que este 2025, el año de la Serpiente de madera dorada, destaque como uno de esos años en que lo mejor de lo mejor sucede”. Lo firma Luz Valencia Gamboa.

5 de febrero de 2025

Le respondí a Luz que me enviara su poemario, que lo leería y luego nos pondríamos de acuerdo. No recordaba ese encuentro del que hablaba, pero averigüé en Google que ella es de Tecate. Nacida en 1946. Y los escritores tecatenses siempre los he apreciado. Son gente amable, fraterna, decidida a no sentirse más ni menos que nadie. Austeros. Lacónicos. Llenos de la sabiduría de las alturas. Hoy mismo me llegó, en archivo electrónico, el poemario de Valencia Gamboa. Se titula: El encanto del día anterior en las pestañas. Un buen título. Irónico. Vivaz.

6 de enero de 2025

Empecé a leer el poemario de Luz y acepté de inmediato escribir el texto de contraportada. Le dije que su poesía me parecía amena y resonante, que contaba sus experiencias diarias en versos que no se cobijaban en la retórica tradicional, sino que exhibían sus pensamientos como la cosa más natural del mundo. Parecen meditaciones. Parecen una charla informal sobre todo y nada. Literatura auténtica la suya. Hecha con la novedad de lo diario: rutinas y asombros por igual.

7 de febrero de 2025

Este año de 2025 empezó, para mí, con muchos tropiezos y conflictos. Escribir sobre poesía lo veo como una forma de ubicarme de nuevo en el mundo, de volver a ser yo mismo. El problema es que tengo muchos trabajos pendientes, muchas investigaciones en proceso. Pero la poesía de Luz merece dedicarle unas palabras a su luz verbal.

8 de febrero de 2025

Entre más leo a Luz más la veo tan lejana de los poetas que quieren impresionarte: con sus conocimientos filológicos, con sus saberes literarios, con sus desplantes. Aquí solo veo a un ser humano tratando de comprender la realidad que la estremece. Su día a día de trabajos y descubrimientos, de jardines y bicicletas. Lo que la hace feliz. Lo que cada verso cosecha para ella y para nosotros, sus lectores.

9 de febrero de 2025

De pronto recuerdo el compromiso que hice con Luz, con su poesía. Ahora, ya leído su poemario, lo veo más claro: hay una cierta semejanza con la obra poética de Ursula K. Le Guin, la escritora de ciencia ficción y fantasía. Ambas han residido en California, que Luz llama Alta California, y conocen sus montañas y playas, sus bosques y desiertos. En ambas, la naturaleza es una madre que enseña el respeto, un padre que ruge en sus relámpagos.

13 de febrero de 2025

He aquí lo que escribí para la contraportada del poemario de Valencia Gamboa: El encanto del día anterior en las pestañas, el poemario de Luz Valencia Gamboa, es un paseo por los territorios de su niñez, por los laberintos de su vida, “enriquecida por lo difícil y lo ameno”. A veces percibimos en sus versos no sólo el lenguaje de su infancia sino los signos de su paso por el mundo “sin culpar a nadie”. La poesía de Valencia Gamboa juega, desde su imaginación a flor de piel, con los derroteros de su condición de niña, hija, nieta, pareja, amiga, hermana, dueña de casas y mascotas, peregrina que siempre anda buscando su propio derrotero. En este poemario amplio, extenso, desmesurado, minimalista a ratos, podemos descubrir las vertientes poéticas de nuestra autora: el amor, la belleza, la incertidumbre, la soledad, el transcurso del tiempo, las congojas, los deseos. En cada uno de sus poemas se vislumbra lo propio, lo que le da sentido al mundo que está afuera y adentro de ella misma.

Entre emotivo y meditabundo, este libro indaga en las cuestiones fundamentales de la existencia humana, pero también incursiona en cantar a la naturaleza que aparece como planta, nube, montaña, pájaro, fruto o semilla. Luz es, sin duda, una viajera que comparte calideces y desarraigos, días descoloridos y noches venturosas. La suma del “roce cotidiano con su gente”. He aquí una poesía que se expresa a cielo abierto para “alegrar la vista”, para “soñar en voz alta” el regreso a la tierra nativa, a ese México tan suyo como nuestro. Poesía que traza signos de amistad y exuberancia, que da la bienvenida al contacto humano en todas sus formas y sin ningún requisito, que escapa de la trampa de la perfección tomando la ruta de lo errante y lo imprevisible. Poesía con su música a cuestas, su don de gracia y su lujo “de vivir en varios mundos en una sola vida”. Poesía sin pretextos ni excusas: libre de sus amarras, feliz a la deriva. Y en el centro de todo ello, la conciencia de saberse planta efímera, poema que anuda nostalgias familiares con sentimientos acuciantes, repaso de la historia personal en su aguda ceremonia introspectiva, donde Luz distingue su labor como un rito escritural que paraliza y entusiasma a la vez. Por eso, El encanto del día anterior en las pestañas dibuja el retrato exacto de una poeta tangible en el susurro del viento, visible en el murmullo de las cosas que vienen y se van, que se van y vuelven. Una magia merecida, tanto para ella como para los lectores de sus versos, es la que en estas páginas se fragua. Relámpagos que iluminan las palabras de la tribu, que estremecen la tierra con su barullo, que dicen yo para decir nosotros. Luz es luz. Y en su fulgor poético el verso tiembla, el ojo estalla.

15 de febrero de 2025

Dejé descansar un par de días mi texto de contraportada y hoy, después de revisarlo, se lo envié a Luz. Espero que le guste. Horas después me dijo que le había gustado.

17 de febrero de 2025

Luz me preguntó que si quería recibir un par de libros suyos: La pata del mosquito y El cascabel se agita. Le dije que claro que sí, pero para no ser oneroso que esperara a tener este poemario nuevo publicado y me mandara los tres libros en un solo envío. Así quedamos.

18 de junio de 2025

Después de meses de no saber de Luz, recibo un correo suyo, donde me da buenas noticias: “Tengo en mis manos El encanto del día anterior en las pestañas. Creo que quedó muy bien, y la contraportada resalta”. Me pide una dirección para mandarme el paquete en cuanto tenga ejemplares para distribuir. Como ella vive en California -o eso supongo- le doy una del otro lado. Me informa que va a presentar su libro en el Ceart-Tecate en un futuro próximo. Le deseo la mejor de las presentaciones.

8 de agosto de 2025

Le envió a Luz, en formato electrónico, la revista Diario de los hermanos de la tinta, que dirige Carlos Bracho y su grupo de mosqueteros literarios desde la ciudad de México. Le indico que en la página 67 sale el texto que le escribí para la contraportada.

28 de diciembre de 2025

Luz me dice que en estos días sale el paquete. Como es día de los inocentes, me quedo con la duda.

23 de enero de 2026

Después de muchas peripecias, pues el paquete se dejó en una dirección equivocada y tuvo que ser rescatado, recibí los libros de Luz. Me dediqué a leer los que no conocía: La pata del mosquito (2019), donde ella declara que “Se puede vivir en cualquier parte” mientras haya “racimos de palabras” para compartir. Un poemario breve y en estado de gracia, como Luz misma lo dice. El otro libro, El cascabel se agita (2021), es un diario de vida, la que vivió de 1996 a 2001, y en este período nuestra autora dejó su Alta California y se fue a vivir a Xalapa, Veracruz, un poco siguiendo los pasos de Sergio Pitol, que era su mentor literario en aquellos tiempos, para luego regresar a Crest, California. Es una travesía por sus experiencias al residir en el interior de México y muestra el choque cultural consiguiente, los sueños que la asediaban y las crisis existenciales por las que atravesó. Escribe el 21 de octubre de 1998: “Necesito dejarme amar por todo a mi alrededor: el zacate, los árboles, la gente, la lluvia, el aire, y yo misma. Y ponerme a trabajar”. Y vaya que Luz ha trabajado ofreciéndonos tres libros que se incorporan al acervo literario de ambas Californias. Su ir y venir ha dado frutos. En ellos se reúne lo melancólico, lo angustioso, lo divertido, las caminatas, los gatos, las lecturas. El cascabel se agita es el retrato colorido de una vida trashumante. La de Luz Valencia Gamboa, escritora tecatense. Sabia entre las sabias.

7 de marzo de 2026

El mundo rueda hacia el abismo. Ya no hay más ley que la ley de la fuerza. En estas circunstancias, la poesía es un salvavidas, una forma de rescatar lo humano en tiempos de catástrofe. Y aunque parezca que no es suficiente, la poesía nos impele a no perder la esperanza. A seguir adelante. De nuevo, me digo, los versos de Luz son un abrigo en pleno páramo en llamas. Una bocanada de aire fresco entre el humo del incendio.

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