Los tambores del Perú profundo (2da. parte)

El invierno en Lima es inconsistente. La temperatura realmente no baja demasiado, el frío no llega a ser frío, aunque hay una humedad perenne que se te mete en la piel y te roe los huesos. Sobre todo, si uno vive cerca al mar. Este es el caso de Villa El Salvador. La ciudad se ubica a unos metros del Océano Pacífico, separada del mar solo por una larga duna apodada “Lomo de Corvina.” Fue en una de las calles de este distrito, precisamente durante el invierno, cuando escuché por primera vez un grupo de batucada. Esa vez, al oir los músicos tocar al aire libre en una avenida muy transitada, me pareció que el sonido de sus tambores rompía la monotonía triste de la niebla.

Construidos sobre un terreno árido, las casas y edificios de ladrillos color arcilla se esparcen entre el Lomo de Corvina y las primeras estribaciones de la cordillera de los andes. En esta franja desértica los migrantes/pioneros construyeron su ciudad. Muchas de sus casas fueron levantadas durante las décadas de los 70 y 80 a través del trabajo comunitario de los pobladores, los cuales establecieron un complejo sistema de autogobierno. Este sistema, inicialmente llamado CUAVES (Comunidad Urbana Autogestionaria de Villa El Salvador) marcó un hito sin precedente en Latinoamérica debido a su integración de ideas provenientes de fuentes tan disímiles como la Teología de la Liberación, la pedagogía del oprimido de Paulo Freire, fundamentos socialistas referidos a la participación plena de los pobladores y prácticas derivadas de la reciprocidad y el trabajo comunitario usadas en los andes.

En estas calles impregnadas de memorias y cultura viva apareció la batucada a principio de 2000. El término «batucada» se refiere al conjunto de instrumentos de percusión o batería creado por los negros de Salvador de Bahía en Brasil. En VES, “batucada” o “tambores” son términos que también se utilizan para describir los ritmos que provienen de la tradición afrobrasileña, por ejemplo, samba-reggae o samba-funk. En la década de 2000, muchos jóvenes de VES entraron en contacto con esta música y empezaron a formar organizaciones culturales enfocadas en el aprendizaje de los tambores. Estas organizaciones buscaban apoyar a la juventud y fomentar actividades creativas. Su labor fue (y sigue siendo) encomiable. En aquel entonces tuvieron que encontrar formas efectivas de fortalecer a la comunidad en medio de la pobreza, incertidumbre, violencia política y el pandillaje.

Los jóvenes de aquella época se convirtieron en los líderes de hoy. Aprendieron a tocar los tambores por distintas vías. Jota, líder de Intinya Batu, aprendió los rudimentos a través de sus viajes y colaboraciones con músicos chilenos en Arica y Antofagasta. Los líderes de Kilombo, Pamela Otoya y Leonardo Chacón, y también Jesús Peña de Rumba Urbana, aprendieron a través de su trabajo con el grupo la Malandra y la importante labor pedagógica de Leandro “Lelé” Mikati y Santiago Comin, músicos argentinos que introdujeron la enseñanza metódica de la batucada en Lima. Carlos Olivares, líder de Kataplum, una organización que ha venido creciendo en los últimos años y que hoy cuenta con sucursales en otras áreas del Perú, aprendió empíricamente, cuando estudiaba cajón con la compañía Perú Negro, y luego perfecciono sus estudios también con Lelé y Santiago Comin en la Malandra. Con el tiempo, estos líderes desarrollaron sus propias interpretaciones de los ritmos de tambores, creando algunas fusiones, pero especialmente desarrollando una identidad grupal.

Estos líderes coinciden en describir su labor artística como parte de un proyecto comunitario, como un arte integral que no solo se limita a la producción musical, sino que involucra danza, teatro social y además el fortalecimiento de los lazos dentro de la comunidad. A través de sus pasacalles, ensayos y presentaciones públicas, estos artistas perpetúan los lineamientos sociales establecidos por los fundadores del distrito y la CUAVES.

¿Cómo se define la labor de estas organizaciones?

Omar Salazar dice: “básicamente consiste en brindar un espacio a los jóvenes para que se desarrollen a través del arte…el trabajo central de las organizaciones es poder usar [este espacio] como herramienta de cambio para los jóvenes y así [transformar] la sociedad.”

Jesús Peña dice: “la batucada les ha cambiado la vida a muchas personas acá en Villa El Salvador. Mucha gente ve nuestros grupos como talleres de prevención, porque los chicos que se nos unen vienen de espacios muy vulnerables. Estos chicos han logrado salir adelante a pesar de la negatividad que presenta nuestra sociedad, donde encuentras drogas, delincuencia, pandillaje. Los chicos han podido sobreponerse a esto justamente por ser parte de los espacios alternativos que ofrecen los grupos de batucada. Nuestras organizaciones se usan como herramientas para instruir, socializar, transformar y brindarle a la juventud la importancia de sentirse participativo.”

Leonardo Chacón enfatiza que el esfuerzo personal que se despliega durante el aprendizaje de tambores se convierte en una forma de fomentar la disciplina y determinación de los jóvenes: “cuando los chicos quieren unirse a nuestro elenco, nosotros no queremos que se lo lleven fácil. Queremos que ellos pongan de su parte, que ensayen en sus casas, que se esfuercen. De esta forma buscamos que ellos se superen. Y es mejor si ellos pueden perfeccionarse solos, por sí mismos, a través del esfuerzo.”

Carlos Olivares dice que su agrupación “nació para ayudar a los jóvenes de VES, para combatir la delincuencia, las pandillas. Todo a través del arte. La batucada les brinda un espacio donde pueden desenvolverse como personas y artistas. Y esto, al final, sirve para mejorar nuestro distrito.”

Jota dice que los tambores “no se pueden tocar cada uno por su parte. Tenemos que juntarnos todos para tocar y sentir la energía de la música. Eso es lo que les atrae a los chicos. Y esto, además, les ayuda. Muchos de los chicos me han dicho que con los ensayos aprenden a llevar más un ritmo, su vida se vuelve más musical, más activa, se compenetran más con las actividades que hacen día a día.”

Efectivamente, para poder tocar la batucada se necesita team-building, se necesita llevarse bien con el compañero y construir empatía. El ritmo tiene que sentirse grupalmente porque los músicos deben aprender a sincronizar distintos patrones rítmicos.

Por esto mismo, Santiago Comin afirma que su método para enseñar la batucada, más que el perfeccionamiento técnico, se centra en la creación de afinidades entre los músicos. “Cuando yo enseño la música [de batucada] no lo hago como una cuestión técnica. Enseño la música como una forma de convivencia, enseño a armar un grupo, enseño las notas musicales para que los músicos puedan hacer algo juntos a través de ellas. Lo importante para mí es que el grupo, más allá de alcanzar cierto nivel artístico, empiece a tener una identidad propia.”

Así, no sorprende que, en VES, una ciudad que se originó a través de la autogestión y en base a la reciprocidad y el trabajo comunitario, los jóvenes de hoy hayan adoptado el idioma de la batucada como base de acción para el fortalecimiento de la acción comunitaria.