Los peligros de la esperanza

Un niño acostándose en las vías mientras el tren pasa a alta velocidad, es el inicio del filme Viaje a la esperanza (Reise der Hoffnung o Journey of Hope) (1990) del director suizo Xavier Koller. Este comienzo sirve para reconocer al menor, Alí, atrevido y curioso, que no mide los peligros de la vida y no reconoce las posibilidades de muerte, como la mayoría de los niños a su edad. Luego, a medida que la obra continúa, nos percatamos que el enfoque principal no es ese principio, no es la osadía del personaje o su ingenuidad, sino que se trata de un relato acerca de una familia de Turquía que emigra por razones económicas a Suiza y los pormenores de esta difícil travesía. Aunque en primera instancia no parezca que ese preámbulo se relacione con el resto de la trama, hay una conexión directa del peligro inicial al que Alí se expone frente al tren con lo que le sucede al final.

La migración siempre ha sido parte de la historia humana. Inclusive, hace un año las noticias comenzaron a mostrar las cifras de inmigrantes del Mediterráneo que buscan una mejor vida en los países europeos. Una de las razones por las que actualmente estas familias deciden emigrar a Europa es la guerra siria y los ataques del llamado estado islámico. Esta migración muchas veces ha cobrado la vida de personas inocentes, incluyendo menores de edad, que intentan irónicamente huir de la muerte. Eventos como estos son repeticiones de otras tantas olas migratorias, pues las historias se repiten.  Así, en la última década del pasado siglo XX, mucha gente se enfrentó a estragos similares a causa de la guerra del golfo pérsico (1990-91). En fin: sabemos que todas las grandes migraciones ponen en riesgo la vida de mucha gente.

Cuando menores de edad llevan a cabo estos viajes las posibilidades de muerte aumentan. Sus vidas corren peligro debido a las decisiones que toman los adultos. De esta manera, Koller explora la determinación de unos padres de emigrar con un hijo, incluso al punto de poner su vida en riesgo. Cuando la narración comienza, Alí arriesga su vida en las vías del tren por ingenuidad, pero, de manera similar, la decisión de los padres de llevarse a su hijo es también peligrosa. Sin embargo, el público, en lugar de señalar la opción de los padres como ingenua, se encuentra ante la diferencia entre ambos riesgos: la migración es una decisión tomada por adultos y generalmente no se señala como ingenua sino como esperanzadora. Aún, las consecuencias resultan igualmente alarmantes.

Esta pieza, galardonada con un “Oscar” a la mejor cinta extranjera en 1991, está basada en un suceso verídico.  El mismo director hace hincapié sobre esto en el discurso de aceptación del premio. Sería interesante saber si la apertura del filme fue ideada por el director o si igual es parte de la historia real. Considero que el inicio es la manera en la que el director expone ambos peligros como semejantes. Es una forma de cuestionar  hasta qué punto la esperanza funciona como razón válida para arriesgar la vida de un ser humano, en particular la de un niño. La esperanza de mejorar económicamente impulsa, no solo a esta familia sino a miles de personas, a hacer todo lo posible por saciar esos deseos de vivir mejor. Lo que vemos en Viaje a la esperanza es cuán preocupante pueden ser estas ansias de prosperar económicamente, al punto de exponerse frente a la muerte.  La gran interrogante es si valdría la pena arriesgar tanto. Esto no queda resuelto con el cierre de la obra. Al contrario, el espectador queda sumido en la tristeza del desenlace y de manos cruzadas al reconocer que esto no se limita a una obra cinematográfica, sino que esto ha sucedido, pasa día a día y seguirá sucediendo.

De ahí que este filme enmarque la ambigüedad de la vida. Que  ponerse en riesgo, desde distintos puntos de vista, es decir, desde la ingenuidad de un niño o desde la esperanza de unos padres que buscan tener una mejor vida, no difiere. Se explora la muerte desde diferentes enfoques, proyecta la vida como un camino de riesgos; no se proveen respuestas sino más interrogantes. La gran pregunta es si es válido encarar la muerte en nombre de la esperanza.

 

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