Libre quiero ser

Como el viento, como la pluma que se mece en el aire, como un soplo, un soplo bello del agrado del otro. Sólo así me soy agradable, sólo así me gusto. Es algo sacrificado, pero tiene su recompensa. Por ello recurro a las tiendas de moda, gasto un dineral en cosmética y me martirizo en los gimnasios al salir del trabajo. ¡Guerra al gramo!

En la actual sociedad de consumo existe una múltiple variedad de empresas que dedican su esfuerzo a que todos seamos más guapos, más…, más…, creando unas necesidades artificiales que pueden llegar a atentar contra la salud. Todo vale con tal de hacer negocio. Sus productos se ofrecen al público como si se tratara de un acto religioso por el que  la persona conseguirá el éxito en el trabajo, la integración social, la celebridad…, en definitiva, ser alguien.

Son las jóvenes las mayores víctimas de este afán depredador, pero de un tiempo a esta parte los chicos se están incorporando a esta rueda en la que la apariencia lo es todo.

Al abrazarse a esta tiranía destructiva, quedan despojados de la libertad de ser ellos mismos.

Nos olvidamos de nosotros mismos cuando nos vestimos ante el espejo del consumo, vaciamos nuestra imagen de contenido, nos desnudamos de personalidad y caemos en la “indiferenciación”, en la uniformidad. Al seguir fieles al patrón impuesto rechazando al que es distinto, cumplimos con la filosofía que la moda impone.

No se es más feliz por cuestión de peso o de arrugas. Lo que nos hace más felices es poder ser nosotros mismos y diferentes, aceptarnos tal y como somos nos ayudará a realizarnos como personas y encontrar nuestro lugar en el mundo.

 Un poquito de por favor, ¡hay que quererse más!