La metáfora de la tierra baldía

Abril es el mes más cruel: engendra

lilas de la tierra muerta, mezcla

recuerdos y anhelos, despierta

inertes raíces con lluvias primaverales.

ELL

Toda relectura es un nuevo encuentro con el autor, con la historia, con sus personajes. Es una nueva experiencia, una nueva forma de aprehender –y aprender– una nueva realidad que se adquiere a partir del diálogo con el texto. Ese reencuentro más nítido y menos furtivo lo he notado con La tierra baldía de Thomas Stearns Eliot, poemario que fuera publicado en 1922 con el título original The waste land y se constituiría en la obra cumbre del autor inglés.

He notado en Eliot una moderna visión poética, a pesar de las salvedades en el tiempo. Es interesante el empleo de las citas literarias que bien se debe al amplio conocimiento que incluye, además, una vastedad de lenguas extranjeras. Las notas aclaratorias añadidas en el poema resultan ser frases tomadas de otros poetas, con la finalidad de acentuar sus conceptos literarios. Eso reforzaría la base del texto. Y de allí la destreza para presentarnos este libro de 434 poemas que, en cuestiones temáticas, nos presenta todo nuestro propio caos y toda nuestra angustia. En suma, intenta revelar las grandes miserias de la decadencia contemporánea.

En La tierra baldía, la temática se basa en el descubrimiento de la esterilidad física y espiritual del ser humano. Una figura que permite establecer un paralelo entre la naturaleza y la vida misma. Una metáfora que nos remite a la vida misma. La esterilidad de la tierra es un símbolo que hace referencia a la falta de una respuesta clara, evidente, que absuelva los problemas humanos, aquellos que nos hemos cuestionado desde siempre.

A primera vista, para una lectura inicial, pareciera que el poema nos ofrece contornos bastante violentos y confusos; pero tras un análisis detenido, damos cuenta de una visión mucho más amplia del autor. Aparece, entre los versos, esa particular mitología nueva y conmovedora, una forma arriesgada de viajar en el tiempo. Resulta que la técnica que utiliza Eliot en este poema es una especie de cinematografía, algo así como que los poemas buscaran ser una película donde, al parecer, las normas de expresión se rompen, se renuevan, se regeneran.

En cuestiones más profundas, y con el riesgo de caer en el biografismo, se puede afirmar que Eliot proyecta su propia crisis existencial en el marco de la tremenda crisis de la cultura occidental tras la Primera Guerra Mundial. De allí que podemos encontrar un mosaico de voces masculinas y femeninas de todas las épocas, que bien pueden ser reales o inventadas por el propio autor. Al final, todas las formas de expresión confluyen en una misma voz que desboca en Tiresias, aquel recordado adivino ciego de la literatura griega. Tiresias es el personaje que unifica en sí mismo a los dos sexos, así como al pasado, al presente y al futuro, el tiempo en una misma expresión indisoluble.

La tierra baldía resulta ser un poema global, un poema del hombre contemporáneo con todo lo que es, fue y será. Una integridad de la humanidad en todas sus aristas. Los poemas ofrecen la imagen global de un hombre que es producto de una compleja tradición cultural y de ahí se desencadena su problemática. Pareciera que Eliot pretende reconstruir poéticamente la confusa complejidad cultural de la que todos, de un modo consciente o no, somos deudores en muchos aspectos, incluso hasta ahora.

En conclusión, podría decirse que La tierra baldía se trata de una metáfora que sugiere universalizar el problema humano, esa problemática sobre su propio ser, a veces baldío, a veces fértil. Y en ese espacio yermo se reconstruye la experiencia misma. Los hombres siempre han emprendido y emprenderán una desoladora búsqueda del sentido de su existencia; esto es innegable. Y a lo largo de los tiempos, el hombre ha de seguir buscando la respuesta en un mundo decadente y desorientado como el que se nos ha presentado, como en el que vivimos y estamos aprendiendo a sobrellevar.

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