La literatura y los Nobel: Du Gard y Buck 

¿Qué concepción del arte se esconde detrás de los discursos de aceptación de los premios Nobel de literatura? 


En 1937, el premio se otorga al escritor francés Roger Martin Du Gard (1887-1951). Su obra monumental es la serie de novelas que reúne con el nombre de Les Thibault (1922-1940) y que retrata una imagen del mundo europeo antes de la Primera Guerra Mundial a partir de las peripecias de Jacques Thibault y su familia. Para la Academia, esta serie presenta en todo su esplendor el roman fleuve, donde la narrativa “avanza como un río reflejando a través de los pueblos todo lo que encuentra a su paso”. En su discurso de aceptación Du Gard se pregunta por qué ha sido premiado y concluye que tal vez la Academia ha elegido premiar a aquellos escritores que hacen preguntas. Para Du Gard, la novela debe darle voz al elemento trágico de la vida. Y concluye con un pedido, deseando que su trabajo no sólo sea visto como una contribución a la causa de la literatura, sino también a la causa de la paz. En 1938, la Academia premia a la escritora estadounidense Pearl S. Buck (1892-1973) quien pasó gran parte de su vida en China. Autora de más de 80 libros, la mayoría retrata la vida en su país de adopción. Con la trilogía de la familia Wang La buena tierra (1931), adquirió fama internacional. En su breve aceptación, Buck destaca el hecho de que la Academia haya premiado a una mujer escritora. Y luego ofrece uno de los discursos, hasta ese momento, más largos, titulado “La novela china”, donde especifica que este género en ese país puede iluminar a la novela occidental. Según Buck la novela como género fue siempre despreciada por los académicos chinos, que la consideraban infraescritura para el pueblo, una forma de comunicación sin proyección sobre lo social. Al emplear un lenguaje “popular”, la novela se distanció de lo “correcto” y lo apreciado por las élites intelectuales chinas. Según cuenta Buck, para los chinos un buen novelista es aquel que demuestra tse ran, una naturalidad de estilo cuya misión es discernir lo significativo de la vida que fluye a través de él. Es notable cómo Buck pone a los escritores por encima de los críticos una y otra vez en este discurso, porque como dice hacia el final, “el relato le pertenece al pueblo”. Cerremos con una cita de Buck hecha para estos tiempos: “Para entender el hoy hay que buscar en el ayer”.

             Y el pescador dijo: “Habla y abrevia tu relato
porque de impaciente que se halla mi alma
se me está saliendo por el pie”.
Las mil y una noches, “Historia del pescador y el efrit”.

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