La fiesta del humo

Ambientada en presente, La fiesta del humo es una novela tan personal que incluso podría prescindir del lector, puede sonar absurdo, lo sé, pero quiero decir que Luis Hernán Castañeda  ha logrado crear un texto donde lo que importa es lo que va descubriendo de él como autor y como heredero de un pasado distante en kilómetros más que en años: a la distancia observa lo que significa para él la pertenencia, la familia, el dolor que nos arraiga a un pueblo inmerso en la violencia, a una tradición o a eso que llamamos casa.

Benjamín Santos es un joven peruano en EEUU que no termina de acomodar las piezas de su pasado familiar, una madre ausente, un padre que lo envía al destierro estudiantil sin siquiera consultárselo a él, y un hermano mayor que aparece y desaparece sentimentalmente de la memoria de Benjamín. Tras un tiempo inscrito en la carrera de literatura en Boston, abandona por un proceso de madurez interrumpido: después de enviarlo a otro país a causa del peligro que los asuntos de su entorno le significaban, no lo dejaron cerrar sus vínculos afectivos. Esto provoca en Benjamín un distanciamiento de lo que sus padres aún representan, en este caso, la universidad. Por lo tanto, se va a Greentown, en Nueva Inglaterra, en un intento por delimitar más sus contactos con el exterior al mismo tiempo que comienza una serie de entrevistas con la terapeuta Clara, quien, según Benjamín, tiene un doble, también intelectual, con quien tuvo una especie de amorío platónico.

Si bien las novelas están hechas por simbologías y figuras, ésta más. Ignoro si el autor esconde sus propios detonadores en la historia que desenvuelve para nosotros (no entraré en el debate de si toda obra es autobiográfica o hasta qué punto deja de serlo), pero en la segunda parte de la novela, El kayak rojo, va hilando una serie de historias y personajes en un desarrollo más vertiginoso que el resto de la novela. Esto lo hace Benjamín Santos, no Luis Hernán, a modo de un repaso por el pasado, (¿Qué es el pasado que recordamos sino una invención que da luz a esta otra invención que somos ahora?).

¿El autor se vuelve sus personajes? ¿Es sus personajes? ¿Es los personajes que sus personajes inventan? Una mezcla entre Faulkner, Vargas Llosa y Bolaño es lo que Luis Hernán nos presenta en esta novela tan íntima como la charla con un terapeuta. Una de las características que más llaman la atención del libro es que está escrito en español pero se entiende que sus personajes hablan en inglés, piensan en inglés, incluso la novela a veces parece que se describe en inglés y esto la destaca dentro de este proceso, a veces invisible, en el que los idiomas se chocan, se mezclan, se entregan al caos de los días y su proceso de deformación y nacimiento. Sin duda Luis Hernán es un autor para seguir de cerca, lleno de multiculturalidad, de mundos como en el que vivimos, donde todo es posible, incluso que, en ciertos tramos de nuestras novelas, los personajes “escriban” por nosotros. O nos escriban a nosotros.