La evidencia habla por sí sola

El contacto comenzó el 25 de septiembre de 2017. Yo sentí algo, como una voz dúctil sobre mi cabeza. Lo escuché, que tomara tinta, papel y saliera a los baldíos en medio de la noche. Entonces entré en un trance, reconocí un ruido silbante en el cielo, y cuando miré hacia arriba, observé un disco, el disco estaba volando entre las nubes y luego se acercó al sitio en el que yo me encontraba, iluminando la miseria. Era una nave Beamship que lentamente fue bajando entre la basura, hasta que aterrizó por completo, enseguida vi a una persona emerger del platillo, noté que era un hombre de cabellos largos —un Plejaren—un alienígena de nombre Cristian Franco, fue entonces que comencé a escribir.

Ustedes nos llaman artistas —me indicó—, nos atribuyen poderes sobrehumanos, pero nosotros somos como ustedes. Por medio del reino animal, accedimos al mundo de la humanidad y fuimos dotados de razón, de poder de invención y de las fuerzas oscuras. Estamos aún lejos de la perfección, y debemos evolucionar constantemente.

Me había delegado registrar el avistamiento, reseñar la manifestación y transmitirle a Suiza la revelación del arte extraterrestrial.

Por encima de todo existe una fuerza única que llamamos creación artística, ella regula todas las leyes, la vida y la muerte, y todo en el Universo.

El arte como lo entendemos, es la fotografía de una nave espacial sobrevolando largas hectáreas de cultivo de coca, utilizando el magnetismo de las hojas para poder guiarse. El arte es una imagen UFO analizada por un conmutador en los años 70. El arte es una reproducción imprecisa siendo inspeccionada por millares de ojos enfermos, dejando paso a la exacerbación, el fanatismo, la persuasión, la conceptualización, la crítica y la duda, la duda que es la matriz del descubrimiento… y Cristian Franco es hoy una revelación innegable.

Bajo este escáner y bajo esta determinación, todas las dudas se disipan como naves espaciales en la atmosfera terrestre.

El trabajo de Cristian Franco (Tecate, Baja California, 1980) es escatológico, perturbador, bullicioso, vulgar pero nada adocenado, sino completamente exquisito, insurrecto y clarividente. Pepena en la cultura popular y remolca la basura hasta las galerías de las ciudades más cosmopolitas, convirtiendo sus piezas en verdaderos clásicos del arte visual contemporáneo. En Cristian Franco, el punk, la anarquía, el mal gusto, la verdad y la mentira se entrelazan para reconceptualizar la idea del arte, la parodia de la verdadera conciencia estética.

Fueron el fanatismo, la extravagancia, el reclamo, el morbo y la farsa los dispositivos que lo condujeron hasta el material fotográfico de Albert “Billy” Meier, el famoso “Contact Man”, fuente de diversas representaciones polémicas de UFOs, y cuyas enseñanzas del espíritu, la vida y la verdad, urdieron para que Franco trabajara en dibujo y collage las 164 profecías del “contactado”, en combinación con fotografías, videos y objetos de acervo personal. Una yuxtaposición de enfoques (¿opuestos?) sobre un mismo tema: el conocimiento etéreo de las cosas distantes. Una exposición individual y astral, en donde la evidencia habla por sí sola; el axioma tras la investigación y búsqueda de platillos voladores de Meier, y la convicción del sedicioso arte visual de Cristian Franco, mismo que el Contact Man ha profesado: se extenderá como hongos por todas partes, y su creación obsesiva resonará por todo el mundo, como un apocalíptico sonido de trompetas.

Un campo de fuerza invisible irrumpió en Suiza, ¿por qué en ese tranquilo y pequeño país?, nada en Kur indica por qué ser escogida, excepto por dos cosas: Billy Meier y Cristián Franco estuvieron ahí.

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