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Miles de fans

 

La música y la escritura comparten muchas analogías. Cuando uno analiza una melodía, se refiere a la ‘frase’ y cadencia de las notas que dibujan ciertas estructuras. Estas frases musicales no viven aisladas. Al igual que las oraciones del lenguaje escrito, se interconectan con otras frases de distintas longitudes para construir organizaciones balanceadas, lo que podríamos llamar párrafos o estrofas. Alrededor del planeta existen innumerables formas de concebir estas frases y estas estrofas. Músicos de distintas culturas y proveniencias utilizan frases cortas, es decir con pocas notas, o frases largas y curvilíneas. Al igual que en el lenguaje escrito, los sonidos se producen, articulan, y organizan para plasmar discursos embebidos de variadas sensibilidades y significados. Sin embargo, un punto de divergencia entre la literatura y la música es la ausencia de significado estable en los sonidos. Si yo escribo la palabra ‘cama’ me refiero a un mueble que sirve para enmarcar un colchón en el cual las personas se acuestan para descansar. El significado de ‘cama’ probablemente no cambiará radicalmente en varios años y quien quiera que lea esta palabra sabrá, a grandes rasgos, que me estoy refiriendo a dicho mueble en particular.

Cuando uno habla del significado de los sonidos musicales se refiere a un contenido más vago. Muchas personas se refieren al ‘lenguaje universal de la música.’ Esta idea del lenguaje universal implica un mar insondable de vaguedad semántica. Una frase zigzagueante, y nutrida de colores, producida por un clarinete enuncia un ‘algo’ que sabemos existe, pues lo sentimos e interpretamos. Pero ese algo no se traduce mecánicamente en un mismo contenido simbólico en cada oyente. Los sonidos, las frases, las cadencias, las resonancias, todos estos elementos sin duda expresan ese algo al humanizarse en los oídos y cuerpos de la gente, pero este proceso de traducción es tan vago y cambiante que es imposible, al final, considerar la música estrictamente como un lenguaje. ¿Pero entonces, qué es?

Años atrás, cuando aun vivía en Lima, atravesaba la noche nebulosa y fría de la ciudad en un auto sin ningún destino en particular. No recuerdo si yo mismo manejaba o alguien más lo hacía. Los postes de luz arrojaban una resina ámbar en las calles y los bloques de niebla se atosigaban sobre las casas y edificios. Había un aura de soledad inexplicable. Aquellos que viajábamos en el auto permanecíamos en silencio. En el reproductor había un viejo cassette que yo había conseguido no hacía mucho en un puesto de música pirateada. Recuerdo que por aquel entonces mi relación con la música era aun febril e inestable. Cuando escuchaba música que tenía ‘sentido’ para mí, esta me llevaba a las lágrimas, hacía que mi corazón estallara y las esquirlas se aguzaran entre los músculos y en las partes más desnudas de los nervios. Pero aun no me atrevía a crearla yo mismo. Quería inundarme de sonidos y luego lanzarlos por los aires para que todos los oyeran, pero el caos no me permitía entender qué era lo que quería decir con estos sonidos. El ‘significado’ de la música aun me era elusivo.

El disco que sonaba en el reproductor era el Kind of Blue (1959) de Miles Davis. Lo había descubierto hacía poco y las líneas largas, pesadas y gráciles de la trompeta de Miles me transformaron desde el principio. Sus improvisaciones eran pausadas y meditativas. Las notas se abrían como frutas perfumadas y me decían cosas, entendía sus fragancias. La música tenía sentido en aquel momento. La comprendía perfectamente. Intuía su universalidad. Pero no sabía en aquel entonces, y aun no lo sé ahora que escribo estas líneas, cuál era ese sentido, cuál era el significado de la música.

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