Instantes de Elías David

 

 

 

Thus, the man who is responsive to artistic stimuli

reacts to the reality of dreams as does the philosopher

to the reality of existence; he observes closely,

and he enjoys his observation: for it is out of these

images that he interprets life,

out of these processes that he trains himself for life.”
Friedrich Nietzsche, 

Twilight of the Idols/The Anti-Christ

 

 

Quise empezar con esta cita de Nietzsche, porque me lleva de raíz a la poesía de Elías, o por lo menos a la lectura que yo le doy a su trabajo. Instantes es un poemario cuyo origen reside en la observación minuciosa que el poeta hace de sus alrededores, de ese mundo construido por muchos y diversos pilares: la voz-rostro de la amada, el amanecer, la noche, el barullo que surge del insecto sombreado por un hombre. Son los detalles, la observación, la memoria -que fluye, se retracta, interviene, provoca- los que arman esos instantes que son el mundo y la visión poética de este poemario. Resalta, especialmente, la voz certera del poeta, la precisión con la que hila los momentos, a veces reales y apegados a un contorno específico y otras anímicos, hilvanados en el tejido de la imaginación, la añoranza, la búsqueda. Los temas abordados varían desde la locución de un intimismo con el que sus lectores podrán fácilmente relacionarse, hasta el roce con las preocupaciones filosóficas universales, pasando por otros temas entrañables como la paternidad, el idioma y la soledad. Después de leerlo, el libro nos deja la textura de esa búsqueda que aparece en el trasfondo de todos sus textos, de todos esos instantes que nos recuerdan que la vida está hecha de fragmentos momentáneamente asibles a los ojos, a la respiración, pero eternamente plasmados en la palabra y lo que resta.