Get out, o una reflexión sobre las variadas formas de discriminación

Un premio, en la entrega de los Oscar, que se sale de las predicciones, y que hace aplaudir a los cinéfilos, es el de Mejor Guion Original. Es un premio consecuente con su nombre, pues suele honrar el guion más original que logra ser trasladado a la pantalla. Teniendo en cuenta esto, no sorprende que Get Out (¡Huye! en Hispanoamérica. Déjame salir en España), más allá de lo distante de su estreno en relación con la fecha de entrega de los premios, se haya alzado con la estatuilla.

Y es que con esta obra el potente Jordan Peele ha llegado con fuerza. El debutante director ha soltado los perros de entrada, y de qué manera. Pero ya entrado en materia, Peele, que tiene un pasado humorístico, logra en Get out, obra de terror, insertar un cierto humor satírico  e irónico, sobre todo, en aquellas situaciones en las que la sociedad y sus instituciones nos dan la espalda cuando les pedimos justicia, o al menos les sugerimos que algo no anda bien.  Si es posible pensar que la comedia es tragedia más tiempo, por qué no pensar entonces que en el terror puede haber humor. Y esto ha hecho Peele, quien ha logrado combinar terror con humor sin dejar de trasmitir el horror del racismo; un racismo que va más allá de esa actitud del racista que destruye al otro, pues además de destruirlo, se propone que ese otro viva como si estuviera muerto. Y en este sentido, ser un muerto en vida es tal vez una de las ideas del infierno que más atormenta, y esto de alguna manera sugiere Get Out.

Pues bien, con la misma premisa de ¿Adivina quién viene a cenar? (1967), de la visita de fin de semana a la casa familiar de una chica blanca con su novio negro, se da la trama de una historia donde, a diferencia de la cinta de Stanley Kremer, los prevenidos no son los blancos, sino el negro, el novio, que pregunta a su amada la posibilidad de problemas por su color de piel. Y nadie no los ha dicho, pero podemos suponer que el protagonista se posiciona como un intruso que teme a represalias por parte de una comunidad que no es simplemente blanca, común y corriente, sino de una de esas orgullosas y defensoras del White pride.

Con ese trama del viaje a la casa, Get out, que al comienzo parece otra historia de chicos que se enfrentan a fenómenos paranormales y a miedos inducidos por el efectismo (con la muerte de un venado en medio de la carretera), se va adentrando en un suspenso, que de a poco se vuelve un terror con fondo malévolo, donde resalta constantemente la intriga psicológica incitada por unos suegros y cuñado, que entre risas, elogios y de nuevo risas empiezan a soltar otras intenciones. Ese aire incierto es también, paradójicamente, estimulado por los otros negros que aparecen en la historia (dos sirvientes y un misterioso chico que sirve de acompañante de una señora mayor, que es una de las invitadas a una fiesta que se realiza en la casa).

Pero Peele no cae en los lugares comunes, de ahí que desde la elección de los planos se aleja del clásico filme de terror que solo pretende aterrorizar mediante recursos fáciles, y nos lleva más bien mediante la intriga, los silencios y los comentarios ominosos al terror que puede ser la vida en los tiempos actuales, donde el terror-horror más crudo se da cuando se usa al otro para bien propio, y además de esto se le hace vivir como un muerto en vida.

De tal forma la relevancia de Get Out, más allá de sus aciertos o desaciertos estilísticos, radica en que sirve, sin perder su fuerza cinematográfica, como crítica al establishment de la visión blanca sobre el racismo contra los negros, en primera instancia, pero también, como una crítica a las diferentes expresiones de discriminación a nivel mundial. Discriminaciones que no se limitan al color de piel en un país específico, sino que va más allá, y que se legitiman con las formas más diversas: el falso halago, la doble moral, la compasión políticamente correcta, la exaltación de valores en los otros, suponiendo que antes no los tenían, y así otras formas de discriminación que aparecen en la película y que se pueden agregar a la lista.

Hagamos memoria, de una manera u otra muchos de nosotros hemos sido víctimas o victimarios de estas formas de discriminación. En estos tiempos tan sombríos, poner el ojo en estas y atacarlas, es tal vez es la mayor reflexión que nos deja esta cinta.

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Juan Quintero Herrera

Juan Quintero Herrera

Nació en Barranquilla, Colombia (1988).Comunicador social y periodista. Con cursos de maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Sao Paulo, USP. También es autor-editor del blog de periodismo cultural En busca de la Verdad www.enverdades.blogspot.com Ha ejercido el periodismo free lance para diferentes medios en Colombia y ha cubierto diferentes eventos culturales en América Latina como festivales de cine y literatura (FICCI, FLIP, Hay Festival Cartagena, Carnaval de las Artes, Mostra de Cinema de Sao Paulo, Feria Internacional del libro de Buenos Aires) en Barranquilla, Cartagena de Indias, Buenos Aires, Sao Paulo y Río de Janeiro. En 2009 fue finalista del premio Internacional de relato temático Grup Lobher (Barcelona, España) con el cuento Mi enemiga amiga: la red social, el cual hizo parte de una posterior publicación. Fue periodista free lance de La Copa Mundial de fútbol Brasil 2014 y de los Juegos Olímpicos Río 2016. Trabaja actualmente en una novela y un poemario.