Gatillos alegres que dan miedo

El peligro de que la gente ande armada por ahí, con una pistola oculta bajo la chaqueta o en el bolso, o exhibiéndola, quedó ilustrado el martes pasado con un tiroteo en un Home Depot cerca de Detroit.

El episodio tuvo lugar alrededor de las dos de la tarde del martes 6 de octubre, cuando un guardia de seguridad de la tienda perseguía a una persona que había robado mercancía en el establecimiento. El ladrón saltó al interior de un SUV manejado por un cómplice, y se dieron a la fuga.

En ese momento una mujer de 46 años de edad, que tenía una licencia para portar armas, sacó su pistola en el estacionamiento de la tienda y disparó varias veces contra el vehículo que se alejaba. Los ladrones consiguieron escapar, aunque posiblemente con un neumático reventado por un proyectil. Se llevaron más de mil dólares en mercancía.

Según el Detroit Free Press, la mujer se quedó en el lugar y respondió todas las preguntas de la policía, que la dejó en libertad en espera de los resultados de la investigación. El martes 13 se le formularon cargos de delito menor por haber disparado en un estacionamiento.

Rick Ector, un instructor de armas de fuego, citado por el Detroit Free Press, explicó que en el estado de Michigan, para usar un arma oculta el portador de la licencia debe pensar que está en peligro inminente de muerte, grave daño físico o agresión sexual, o que otra persona corre ese peligro. Ector dijo que un arma solo puede usarse como “último recurso”. Pero la mujer nunca estuvo en peligro. No tenía justificación para abrir fuego.

Ni siquiera un policía habría disparado contra los fugitivos. Un policía no va a dispararle a nadie por haber robado. Y un ladrón de tiendas no merece la pena capital, ejecutada al momento por una vigilante improvisada.

Tener una licencia para portar armas no convierte al titular automáticamente en un agente de la ley. El arma es solo para defenderse, no para resolver casos o situaciones que son de la exclusiva competencia de la policía.

El tiroteo en el Home Depot cerca de Detroit estuvo totalmente injustificado. Además, las balas pudieron haber alcanzado a personas que se encontraran en las cercanías.

Los gatillos alegres que pueden aparecer en cualquier parte, en el momento más inesperado, son un peligro para la sociedad, no sus guardianes y protectores. La tarea de mantener el orden solamente debe confiarse a personas entrenadas para esa labor, a la policía, precisamente.

Pero como si la policía no fuera capaz de mantener el orden y cada cual debiera defenderse por su cuenta, como si este no fuera un país civilizado, en 31 estados de la Unión está permitido salir armado a la calle, y la gente puede mostrar su artillería en cualquier lugar público. En esos estados, usted puede ir al restaurante, al parque o al banco, y verse rodeado por desconocidos exhibiendo pistolas.

Encima, a muchos políticos que defienden con denuedo a los negocios de fabricación y venta de armas se les ha ocurrido la peregrina idea de que en las escuelas haya profesores y otros miembros del personal con armas, para detener a cualquier agresor. Están tratando de imponer ese disparate en la Florida.

Quieren convertir las escuelas en cuarteles. Quieren que este país se parezca cada vez más al Salvaje Oeste, donde las diferencias se resolvían a tiro limpio. Y todo –como dice el título del viejo western de Sergio Leone– por unos cuantos dólares más. Por aumentar las ganancias de los mercaderes de la muerte.

El tiroteo de Home Depot es simplemente un ejemplo alarmante de lo que podría pasar en nuestras calles, a diario, si los negocios de las armas y los políticos que los favorecen se siguen saliendo con la suya.