Esquilo y los persas

   Esquilo ha participado como guerrero en las batallas de Salamina y Maratón. Han pasado solo ocho años de Salamina y aún flotan en la Acrópolis los recuerdos de la sangre: ronda el fantasma del exilio y del hambre. Esquilo es un veterano que mantiene fresco el áspero hervor de las batallas. Además, ha sufrido personalmente las heridas de la guerra. Su hermano ha perdido una mano entre los trirremes griegos y las feroces naves persas.

     Recluido en una casa, con las noches de fuego aún intactas, Esquilo escribe la tragedia Los persas.

    Es el 472 a. C. Llega la noche del estreno en las fiestas dionisíacas. Con las negras ruinas de los mármoles y los monumentos devastados, el pueblo ateniense ingresa al teatro. Los espectadores viven, por segunda vez, los sucesos desdichados y la victoria final. El teatro es un espejo deforme de la historia. Esquilo es optimista: tiene la certeza de que el rey persa no volverá a su patria.

     Con su poesía quiere expulsar el espectro de los bárbaros. ¿Le dará la razón el futuro a su esperanza?

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