
Regreso a los lugares donde te amé,
donde mis versos rogaron la humedad de tus puentes,
regreso a los lugares donde intenté olvidar,
donde estaba yo, con una fe, y tan metida dentro de ti,
Matanzas.
La ciudad no se nombra sin sus ríos y su polvo,
no existe sin arena y salitre en la Bahía,
Atenas de Cuba.
Matanzas no se olvida, se recorre en sus rincones,
la ciudad del arte se encuentra en una Isla perdida,
se viste con el hambre y dolor del artista.
Revive en su parque, sátira a la libertad,
y danza a las sombras en la luz del teatro Sauto.
No es mi tierra Cuba sin la Costa Matancera,
Ni ha de cantarse Habana Blues en ningún malecón
que no sea el mío, donde los recuerdos se incendian,
los gritos de la matanza tragados por la tierra renacen,
como un ave extinta intentando retomar su vuelo,
el dolor de sus alas es la palabra, el cuadro inconcluso,
una cultura llena de esperanza y punzón en el pecho etílico,
tanto deseo y amor entre los callejones viejos,
la biblioteca que nadie entra,
la memoria escénica puesta alabanza contra censura,
la calle del timbiriche, o el callejón de la mula mexicana
¿Conoces a la reina cubana de los corales y el jineteo?
Esta es Matanzas, y es mi patria.
Patria de sueños rotos y noches largas,
Patria desolada, triste hogar de poetas y locos.
Te debo el odio Matanzas, el dolor del pecho,
el no quererte y no querer dejarte, porque te amo.





