
El paso de Elvis por el Olympia desató una histeria juvenil inédita en Miami y dejó una de las noches más desbordadas —y menos recordadas— de la historia cultural de la ciudad.
El 2 de agosto de 1956, Elvis Presley llegó a Miami en su Lincoln Premier lavanda. Al día siguiente ofrecería su primera presentación en la ciudad —serían siete en total—. Antes ya había pasado por Jacksonville, Fort Myers, Orlando y Tampa, plazas donde el sur conservador reaccionó con rechazo mientras los adolescentes lo recibían con una fiebre desbordada. Su hit Heartbreak Hotel encabezaba las listas y el país vivía, oficialmente, la Preseleymania. Todo hacía prever que en Miami ocurriría lo mismo. El Miami Herald incluso publicó una nota advirtiendo que “todos los delincuentes jóvenes” se reunirían en el recinto durante el fin de semana.
Los conciertos se realizaron en el Olympia Theater, en el corazón del Downtown, un edificio que ha sobrevivido de forma casi milagrosa a la ingrata costumbre local de dinamitar su propia historia. En los setenta estuvo a punto de ser demolido, pero el magnate y filántropo Maurice Gusman lo compró, lo donó a la ciudad y evitó su desaparición. A raíz de ello fue restaurado y relanzado como una meca cultural. Décadas después volvió a surgir la idea de tirarlo abajo para hacer un estacionamiento, y recientemente se discutió convertirlo en una escuela pública. Por su escenario han pasado los reyes de España, Pavarotti, The Police, Supertramp y una larga lista de nombres que le dieron un brillo único.
El Olympia había sido construido entre 1925 y 1926 por Paramount Pictures, justo en el momento en que el cine se preparaba para abandonar el silencio y entrar en la era del audio. El arquitecto John Eberson lo diseñó en pleno primer boom inmobiliario de Miami, cuando la ciudad empezaba a aparecer en el mapa nacional. Fue el primer edificio con aire acondicionado de la ciudad, levantado en estilo Mediterranean Revival, con un interior que imitaba un anfiteatro nocturno, balcones falsos, motivos árabes y una platea propia de una ópera. En 1984 ingresó al Registro Nacional de Lugares Históricos.
En su época, se reportó que el Olympia nunca antes había vendido tantas entradas con tanta anticipación como para los conciertos de Elvis. La multitud se formó desde las cuatro de la mañana para el debut. Presley apareció vestido con un saco rosado y pantalones oscuros. El delirio de los presentes fue tal que, al terminar el show, las fans rompieron el cordón policial, lo acorralaron y lograron arrancarle los pantalones. Existen fotografías del Rey del Rock en calzoncillos, con medias y zapatos blancos, entre gritos y empujones.
Aquel concierto dejó varias leyendas urbanas. Una de las más repetidas cuenta que, desde la ventana de su suite, Elvis se asomó para lanzar a las fans los restos de la ropa que le habían arrancado. Lo que sí está documentado es el testimonio de June Juanico, su novia de entonces. En una entrevista afirmó que, aunque Elvis generaba conmoción en cualquier ciudad, nunca había visto algo equivalente a la locura que desató en el Downtown de Miami.







