El último guerrero de la luz, tiene su hogar en la oscuridad

Cuando entró de golpe a la habitación, descubrió el cuerpo en el suelo. Yo tenía largo rato viéndola a través de las grietas; pero LucasLucas buscaba arrancarse los ojos apretando su rostro contra los puños. pesar de que ella estaba muerta, ella sentía aún en sus entrañas, sollozando un suave eco que tardaba en descomponerse en el aire; como si hubiera retrocedido el tiempo y así poder escucharla en el momento que la asesinaban. Luego viajó a un pasado más remoto, y la recordó abrazándolo, despidiéndose: “Debo encontrarle, si no lo hago, voy a enloquecer …” dijo antes de elevarse dentro de la máquina, desapareciendo luego de cruzar las lunas.

Eso es lo que yo percibía que estaba sucediendo dentro su cabeza; un oleaje de sufrimiento que prometía cercenarle la poquita humanidad que le quedaba. Cayó de rodillas y se tapó de nuevo la boca. Dejó de respirar. Buscaba agarrarse de algo, pero no podía. Se estaba asfixiando. Tuve que cerrar mis ojos porque me estaba invadiendo su desolacióny era terrible. Si no me desconectaba pronto de su alma, ocurriría una catástrofe; perdería mi sombra para siempre. No podía regresar al bien. No ahora.

Busqué ver la luz sangre que emitía mi espaday me rendí en su calor.

Un desgarrador grito seco me llevó de nuevo a verle a través de la madera rota. El tormento lo arrojó al lado más tenebroso del dolor. Se arrastró a ella. La tomó en sus brazos meciéndola, tratando de conseguirla, la acariciaba, la apretaba fuertemente contra su pecho, pero no dejaba de gritar … a él le era imposible dejar de gritar.

Cuando ella y yo finalmente nos encontramos, no quiso moverse. No quiso pelear conmigo. Apagó su
preciosa espada turquesabrillante y justa; y se detuvo justo en frente de mí, extendiendo sus brazos. La herida que la mató la provo qué deslizando la punta traslúcida directo a su pecho. Lo hice lentamente. Sin alejar mis ojos de su mirada, penetré mi sable rojizo incandescente hasta atravesar su corazón, incendiándolo. A medida que me acercaba más a ella, sus espasmos se volvían más frágiles y sutiles. Respiré su último aliento cuando soltó un chasquido de llanto, muy cerca de mi boca. Retiré de entre sus senos mi espada carmesí,y la dejé caer.

Entonces, un rugido armónicomecánicoresonó desde el cielo. Ya era tarde. Sin disolver mi espada, caminé despacio hacia la puerta. Un inmenso buque se revelaba entre las nubes. La noche se prendió con sus fuertes colores mientras se abría paso a través de los árboles; aterrizando en el bosque. Lucasno tardó en salir del espectacular aparato y corrió hacia la casa. Fue ahí cuando encontró el cuerpo de su aprendiz y amada, reposando sobre el suelo, junto a la hoguera, sin vida.

Luego de acariciarla por largos instantes, la abrigó con su saco, y permaneció de rodillas, inmóvil. Fijó su mirada en el arma de la jovenque aún descansaba junto a sus piernas. Tomó el cilindro, acompañante de tantas batallas, lo colgó de su cinturay caminó fuera de la habitación. Apagué mi espada y permanecí en silencio. Dejarlo vivir con ese dolor sería el último tormento que yo necesitaba para abrumarme de oscuridad.

No cabe duda que esta maldad que me gobiernaes la esperanza más cálida que jamás hsentido. Es la fuente del terror profundo; de todos los miedos que habitan dormidos en mí, amenazantescon despertar. Sin embargo, siento una serpentina agresiva que toma forma, enrollándose desde mi estómago; obediente, pulsante; y con un poder ilimitado que me abriga de tranquilidad.

La galaxia duerme ahora, latiendo dentro mis puños … nunca debo soltarla, porque si lo hiciera, si los abriera, si abriera mis puños, entonces todo desapareceríacomo aquél hombre de cenizaque se desvaneció, aún sonriendo de dolor, con el soplo de un susurro.