El True Crime del Voyeur

El libro del que voy a hablar hoy no narra propiamente un True Crime. Resulta, en cambio, un tratado sobre la condición humana, una crónica de una época ya pasada y un experimento. Lo firma el contrastado periodista Gay Talese (Ocean City, 1932), uno de los grandes del New Journalism norteamericano. Pero tras su ágil y experimentada pluma se esconden las observaciones de un personaje peculiar, un “experimentador social”, como fue Gerald Foos.

En El motel del voyeur (Random House, 2017) no encontrarán ritos satánicos, ni torrentes de sangre, ni psicópatas dejando mensajes en clave a la policía. Encontrarán, en cambio, una historia muy potente, la de un hombre joven, obsesionado por el recuerdo del cuerpo desnudo de su tía Katheryn paseándose por su casa, que espía siendo niño, escondido en unos matorrales. Esa imagen voluptuosa, esa fuerza erótica, es lo que hace de Gerald Foos un mirón. Y es lo que le llevará a adquirir un motel de carretera: el Manor House, a las afueras de Denver, cuyo techo acondicionó para practicar el vouyerismo.

Durante décadas, Foos ejerció de mirón con diversas parejas, clientes de su hotel, a las que seleccionaba por su atractivo, con la complicidad de su esposa Donna. Les reservaba una de las 12 habitaciones “especiales” de un total de 20, y los contemplaba desde esos falsos conductos de aire que había construido para satisfacer sus deseos. Escribió un diario de sus observaciones, que compartió con Talese, al que había escrito informándole de las especiales características de su hotel, que el mismo periodista comprobó de primera mano. Se inició así una relación epistolar que es la que da lugar al libro, cuya redacción no se inicia hasta que Foos acepta salir del anonimato, una vez jubilado, y considerando que ese acto no le va a acarrear consecuencias penales, entre otras cosas, porque la narración de las observaciones contiene un crimen, el que Foos contempló a principios de la década de 1980. Talese lo presenta a partir de otro True Crime: el de la masacre de Aurora –municipio en el que se ubicaba el motel de Foos— el asesinato múltiple perpetrado por James E. Holmes a la salida del estreno de The Dark Knight. Talese convence a Foos de que deben tratar de investigar el crimen del motel antes de iniciar la redacción y que su nombre aparezca en el libro. En caso contrario, podría ser acusado por cómplice de asesinato. Y Foos sorprende explicando que alojó a dos chicos jóvenes, un universitario y su novia, que los espió y descubrió que vendían droga a menores, que entró en la habitación cuando la pareja estaba fuera, que tiró la droga por el retrete y cuando regresaron el tipo enloqueció y estranguló a su novia. Después de que el asesino se fuera, Foos creyó que la chica aún respiraba y no hizo nada. Fue al día siguiente cuando descubrieron que estaba muerta.

De los detalles de ese asesinato, el lector no se entera hasta mucho más tarde. Lo primero que encuentra en el escrito que edita Talese, con profusión de reflexiones y comentarios, es lo que esperaríamos de la experiencia del voyeur: la contemplación del sexo, que Foos describe en detalle, aderezada por sus comentarios, muchas veces críticos con una sociedad que ve demasiado la tele, o con unos hombres que no saben poner en práctica los preámbulos amatorios que una relación sexual plena requiere; otras laudatorios, en especial, con las relaciones lésbicas y el sexo en grupo; otras realmente profundos, como sus reflexiones acerca del sexo para los soldados lisiados, veteranos de Vietnam. En realidad, esta parte es un compendio sobre las prácticas sexuales de los norteamericanos de la época: frecuencia del sexo oral, características demográficas de las parejas, uso de caricias o juegos amorosos, etc.

Sin embargo, más adelante el texto se centra en la experimentación con la naturaleza del ser humano desde una perspectiva moral. Es el caso de la prueba de la maleta. Durante un tiempo, Foos dio a entender a sus futuros huéspedes que en la habitación que iban a ocupar, un cliente anterior había dejado una maleta con dinero que los propietarios del hotel nunca encontraron. Tal maleta se encuentra ahí, escondida por obra y gracia de Gerald Foos, solo que con un pequeño detalle: no guarda ni un centavo. El dueño del hotel estudia la honestidad del ser humano. Y las conclusiones son muy desalentadoras:

“Tras someter a quince huéspedes registrados a esta prueba —entre ellos un ministro de la Iglesia, un abogado, unos cuantos hombres de negocios, una pareja de trabajadores, una pareja que estaba de vacaciones, una mujer casada de clase media y un hombre sin empleo—, solo dos entre la lista retornaron la maleta a la oficina sin abrir. Uno era médico. La otra era la mujer casada de clase media. El ministro de la Iglesia y los demás abrieron la maleta e intentaron deshacerse de ella de distintas maneras.” (p. 125)

Para este lector esta es la parte de mayor interés del libro: el ser humano que tiene un poder y lo utiliza para tratar de entender la condición humana, que acaba escindiéndose de su propio yo y describe lo que observa en tercera persona, aunque se trate de un narrador por momentos no fiable, inexacto en las fechas y los detalles. Por otra parte, pese a que el tema del libro está muy de actualidad, ahora que se escribe tanto desde el yo íntimo, también es cierto que es el fiel relato del fin de una época, la que reemplaza al voyeur por las cámaras de vigilancia, de las que se queja amargamente Foos al final del escrito, la que lleva a la NSA a sustituir al mirón. Desgraciadamente, Talese no se esmera al trabajar la estructura, lo que es extraño para un escritor de tanto talento. En el texto prima la línea cronológica. Pero eso conlleva repeticiones temáticas. Y da la impresión de que leamos hacia atrás cuando Talese se repite sobre las escenas de sexo y sobre los veteranos del Vietnam. Después de disfrutar el True Crime de Carlos Busqued, este lector sabe que el escritor puede trabajar un texto siendo fiel a la cronología de los hechos sin necesidad de repetirse. Por eso se siente un tanto decepcionado. Le parece que se ha enfrentado a un documento excepcional pero cuya forma se podría haber mejorado.