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El sonido de ALBATROS

José Vicente Peiró Barco

Albatros, del escritor peruano José Luis Torres Vitolas, es una novela que se encuadra dentro de las obras sobre la violencia en el Perú.  Desde Ciro Alegría, pasando por ese mundo de José María Arguedas, hasta dar con Mario Vargas Llosa. Sobre esta violencia, en especial,  la que aborda la década del noventa y el mundo de Sendero Luminoso, hallamos huellas en la novela de Santiago Roncagliolo, Abril Rojo (Premio Alfaguara 2008). Sin embargo, Albatros, cabe mencionar, tiene más cercanía con Bioy, otra novela reciente, de Diego Trelles Paz, un autor peruano también.

Es pues, en esta tradición de la novela de la violencia que se incrusta la obra de José Luis Torres Vitolas, quien ha demostrado ya que se mueve con maestría en el tramo del relato breve como aquel estupendo libro suyo titulado 5:37 (Algaida, 2008, Finalista del V Premio Iberoamericano Cortes de Cádiz), obra de veinticuatro relatos que reproducen hechos simultáneos durante un minuto concreto de una tarde de diciembre, a las 5 y 37, en el mundo de Carmen Alto, un barrio urbano marginal limeño.

Pero centrándonos ya en Albatros, debemos acotar que hay que entender primero un detalle: aquí los personajes asumen implícitamente que el pasado es un país extranjero, como señaló Hartley. Así, la novela comienza el año 2010, en Ginebra, donde Sergio Castillo y el Cucaracha, dos antiguos miembros del ejército —huidos en pleno apogeo del régimen de Fujimori (durante la novela se sabrá el porqué)—, se encuentran después de más de veinte años. Allí, reunidos en la librería Albatros, recuerdan los convulsos noventa, en los cuales convivía Sendero Luminoso, las matanzas, los escándalos, el narcotráfico y la actuación de los militares. Pero Albatros no se detiene solo en estos aspectos que pueden atraer el morbo de un lector occidental en búsqueda de la violencia irracional, gratuita, muchas veces presente en la novela latinoamericana. Albatros va más allá: indaga en la esencia de esta violencia, en su origen. Y ese origen, quizá se encuentre en la propia infancia, en el ambiente donde uno ha de crecer; en lo vivido desde el nacimiento, en ese país que uno no tiene opción de elegir y que termina por convertirse en su mundo.

Otro aspecto importante a resaltar es que en esta novela, José Luis Torres Vitolas elige apartarse del dictador. En consecuencia, no esperen encontrar aquí un retrato de Alberto Fujimori. Está ausente, aunque en el fondo está presente en todo momento. Y creemos que esta opción  cobra relevancia porque al apartarse de la imagen del dictador, el autor busca dar un paso más. Y este paso es el de realizar el retrato de toda esa sociedad que vive bajo el régimen de ese dictador. Un régimen donde la violencia está en todos sus rincones y se convierte en un hecho habitual, cotidiano.

Para componer esta historia y presentarnos el retrato de toda una sociedad, el autor ha optado por componer una novela compleja formalmente con varias acciones en paralelo que convergen sin perder esa forma ni en el desenlace. Y esta convergencia, lejos de resultar impostada o forzosa —dada la estrategia de la composición de la historia—, fluye de manera natural y ágil. La novela consta de seis partes con siete capítulos cada una. Ofrece diálogos que se cruzan en el espacio y en el tiempo, personajes que hablan del pasado y del presente, o que hablan, también, en el pasado y en el presente, canciones (huaynos, canciones criollas y algo de pop peruano), artículos periodísticos y voces populares. Una polimorfía que la convierte en el fresco de una historia cruda, trágica, donde no se conoce bien la línea que separa la política de la violencia —o la política de la delincuencia, lo cual es más grave—, con el terror (ya sea proveniente del Ejército o de Sendero Luminoso) siempre rondando entre la sociedad. Dada la complejidad mencionada, esta obra necesita de un lector valiente; un lector  involucrado en la historia para entender el todo, porque, al final, la fusión de las historias contadas se realizará en la mente del lector y no en un capítulo final o en un epílogo. Lectura, en consecuencia, necesitada de atención, para no perderse pasajes o frases pronunciadas por los personajes.

A pesar lo comentado antes y, quizá, también debido a ello, podemos afirmar que Albatros es una novela de fortaleza insólita que debe leerse sin ningún complejo, deteniéndose en la variedad de historias con denominadores comunes, en las voces de los personajes, en la oralidad de sus discursos, en la perfecta estructura que ensambla el conjunto sin que cada hilo pierda su autonomía; en la gran estrategia de suspense ávido de un desenlace. Es preciso dejarse llevar por los acontecimientos de una novela llamada a ser el primer paso del encumbramiento de un escritor, José Luis Torres Vitolas, que estará pronto entre los fundamentales de la literatura peruana y, por extensión, de la latinoamericana.

 

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