El fraile de la Orden Carmelita que es escritor

“Los libros son la segunda piel de Dios”

Entrevista a Emanuel Franco Gómez, fraile de la Orden Carmelita

Emanuel Franco Gómez nació en Guadalajara, Jalisco, en 1984. Creció en la ciudad de Tepatitlán y asistió a la Universidad Intercontinental en la Ciudad de México. Ahora pertenece a una comunidad carmelita de Tucson, Arizona, donde trabaja, escribe y dibuja.

¿Cómo vive su vocación un joven mexicano en el siglo XXI?

Él mismo nos lo cuenta en esta entrevista.

Eres escritor, ilustrador y músico. Todo eso, además de ser fraile carmelita. ¿Cómo encuentras tiempo para hacer tantas cosas?

Es una pregunta que escucho a menudo. Siempre me hace reír. No lo sé exactamente pero la disciplina juega un papel fundamental. A lo largo de los años he dejado lo que para mí es tiempo perdido, cosas que pueden desgastarme emocionalmente. Hay mucho ruido alrededor, a veces es mejor ignorarlo, de este modo siempre, al final del día, me queda un par de horas completamente libres, tiempo para crear algo. Por otra parte, no hago todo al mismo tiempo, tengo mis etapas. Muchos de mis trabajos publicados recientemente se gestaron años atrás. A los diecisiete años comencé a componer música, y por un tiempo escribí como loco; a los veinte, pude estructurar mi primera novela, y un par de años después, una de mis ilustraciones se hizo pública, ganó un concurso. Todavía guardo muchos trabajos en mi escritorio, pero la publicación toma su tiempo. Hace casi cinco años entré al Carmelo y fue ahí donde he encontrado más difusión, algo que no esperaba.

Hablemos del Carmelo, pues. La vocación es siempre un misterio, cuéntame cómo descubriste la tuya.

Efectivamente, es un misterio. Me resulta muy difícil explicarla. Este modo de vida me hace feliz, satisface todos mis anhelos. El Carmelo es para mí un universo de significados que responden mis interrogantes más profundas, es, si se me permite la analogía, como un buen libro que toca las fibras internas de un lector sediento de aventura. El Carmelo es como ese escenario donde puedo expandirme, donde mi mundo interior cobra sentido. Es un terreno muy fértil, la creatividad florece con mucha facilidad, basta con mirar los grandes santos carmelitas y el enorme legado literario que nos han dejado.

En efecto, no se puede hablar del Carmelo sin recordar la obra de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Volviendo a tu vocación, ¿te costó aceptarla o te sentiste feliz cuando te supiste llamado?

Aceptarla fue fácil, abrazar todo lo que implica es la parte más difícil. Se nos exige una vida íntegra. Nuestra preparación va más allá del mero estudio, se busca la madurez psicológica, la integración de la historia personal, la salud del cuerpo, la transformación del corazón y la capacidad para entender el mundo en el que vivimos. Es como volver a nacer en una cultura completamente distinta.

Respecto a esta cultura, en tu website hablas del “Carmelo como alimento.” Mucha gente no sabe casi nada sobre la vida dentro de una orden religiosa, o tiene ideas distorsionadas sobre el particular.

Efectivamente, aunque más que distorsionada, la imagen que se tiene de nosotros es un tanto vieja y limitada. Somos una Orden que empieza a tomar forma en el siglo XII en el Monte Carmelo (nuestros primeros hermanos huyeron de las cruzadas), pero nuestra forma de vida corresponde a los estándares contemporáneos. Tratamos de vivir los valores del evangelio en el mudo que tenemos hoy.

Háblame ahora sobre tus libros. ¿Cómo te llega la inspiración, los planeas en detalle antes de escribirlos o vas haciendo “camino al andar”?

Cada arte tiene un proceso distinto. En la escritura, por ejemplo, sé que tengo una buena historia cuando concibo los extremos con claridad: el comienzo y el final, después pienso muy bien el personaje principal quien generalmente es un niño o una niña, finalmente visualizo su transformación a lo largo de la historia. Voy haciendo camino cuando escribo, y diferentes partes de la trama comienzan a brotar como luces que se encienden aquí y allá. He intentado planear mis novelas, bosquejar los capítulos, pero me es imposible. Las notas terminan en la basura. Todo dentro de la historia se mueve, va cambiando. Las palabras cobran vida, muchas ideas se desvanecen y otras emergen. Sólo escribiendo logro entrar en la trama y concebir sus partes. Si algo no sirve, me regreso, lo borro, y avanzo en otra dirección. Sin embargo, la meta siempre es clara, es el horizonte sobre el que fijo la mirada. Solo Eni y el Libro Blanco, mi novela más extensa, tiene una forma más sistemática, posee incluso una geometría interna, y lo digo así porque es también un trabajo en el que expongo mi propia manera de ver a la humanidad, el mundo y a Dios.

Me gusta explorar arquetipos, profundizar en el tema de la sabiduría humana y el poder de la imaginación. No puedo prescindir de mi vena filosófica. Me gusta crear mundos paralelos capaces de irrumpir en la realidad. Al mismo tiempo, exploro los límites del espíritu humano y sus posibles transformaciones. El sufrimiento y la redención que sólo la infancia puede lograr es otro de los grandes temas que abordo, sobre todo en El Vendedor de Palabras. Este tipo de elementos no se pueden planear, hay que sufrir con los personajes y caminar con ellos a fin de lograr su redención.

¿Cómo es tu proceso creativo en la pintura y la música?

La pintura es un poco más complicada, nunca sé a dónde voy. El gusto de la gente es el único indicador. He intentado dejarla porque es para mí un arte amorfo, a veces siento que pierdo el tiempo con las acuarelas, pero los cumplidos y propuestas no dejan de llegar. La música es muy diferente, cuando escribo una canción es porque ya la concebí en mi mente; sus partes, su forma, el sentimiento… todo.

¿Cómo ha sido tu experiencia con el mundo editorial?

La Pereza fue al principio una editorial lejana, sin rostro. Encontré uno de sus concursos por internet y mandé mi propuesta, un cuento titulado Teresa y el Palacio, que es en realidad un símil del Castillo Interior de Santa Teresa (no lo había dicho antes). Resulté finalista, después envié un manuscrito y en una semana me respondieron. La Flor Mágica, mi primera novela publicada con La Pereza, había pasado la prueba. Entonces mi relación con la editorial era incierta, yo no tenía experiencia en el medio y no sabía qué podía pasar. Mis superiores se sorprendieron muchísimo, no tenían idea de que también escribía novelas. Ese mismo año, 2013, me invitaron a participar en la Feria del Libro en Miami, entonces todo cambió. La Editorial tenía rostro, dos, para ser exacto, Greity González y Dago Sasiga. Su proyecto y determinación para llevarlo a cabo me cautivaron. Desde entontes nuestra relación ha sido más que labora, somos amigos. Los aprecio y los admiro, son un ejemplo a seguir, y me siento parte de esta aventura con sus altas y sus bajas.

¿Algún mensaje personal a los lectores?

Me ha llevado tres días tratar de responder esta pregunta y no se me ocurre nada. Muchos artistas promueven ideas concretas, yo no sé todavía qué pretendo con mi trabajo, soy sólo un buscador inquieto…Supongo que todo lo que hago tiene una meta que aún desconozco. La vida es lo suficientemente larga como para aprender a ser feliz, pero tan corta que no nos deja cosechar lo que sembramos. Otros cosecharán por mí.

Sean felices: lean. ¡Lean todo lo que puedan! Lean La Flor Mágica, Eni y el Libro Blanco y El Vendedor de Palabras, y todo lo que encuentren por ahí. Los libros son la segunda piel de Dios.

Para saber más sobre Emanuel Franco Gómez visiten su sitio en la red http://www.e-manu-el.com.