
Yo nací sobre un caimán dormido en el año 2003, una calurosa noche de agosto, me parió un aguacero. Abrí las entrañas de mi pobre madre y, así de pequeña, rajé los tímpanos de todo el Hospital Materno en la ciudad de Matanzas. Abrí los ojos a mi primer apagón.
Nací sobre un caimán… pero era un caimán dormido.
Mi patria se narra sola, habla con su gente y con sus calles, grita sin voz, existe… No se calla a una bestia colgada en el centro del mapa; no se puede silenciar al gran reptil del Caribe, a la criatura que pasivamente descansa sobre el océano Atlántico. No se puede callar un país con tanta sangre derramada. No se puede callar, por más que su gente duerma.
Hoy les ha dado por ofenderse cuando uno defiende su tierra. Se despiertan los cubanos cuando salen de Cuba; les da por hablar y gritar a quienes nunca tuvieron voz. Los devorados por el miedo, los más lagartijas que cubanos.
Hoy les ha dado a los ofendidos, a los demasiado patrióticos, a los poco mambises, por decir que Cuba no es ron Havana Club, café, mulatas y malecón. Reniegan sus raíces negras escarbando nacionalidades: mi tío resultó ser el tataranieto perdido del octavo rey de España; mi abuela, la prima hermana de la vizcondesa de Sevilla; Pepito se está armando la balsa pa’ virar para atrás, se tira al mar y, qué más da, se lo tragan las olas o lo tiran en las deportaciones de la Florida.
Mi patria ya no está dormida: el caimán se desangra, nos estamos muriendo, y todavía hay quien dice —con dignidad— que Cuba no es ron Havana Club, café, mulatas y malecón.
Asere… Cuba es patria, es apagón; Cuba son los balseros, la calle sucia, el cabo de cigarro. Cuba hoy es epidemia, chikungunya, grito, 11 de Julio ? quién pinga se acuerda del Primero de Mayo. Cuba es una mesa vacía y los viejos en el hospital; Cuba somos todos: indios y mambises, descendientes de españoles, los de adentro resistiendo y los de afuera locos por virar. Cuba es un Período Especial eterno, un “me río para no llorar”, un Patria y Vida —hasta para el que no le gustó la canción—. Cuba es San Isidro (a pesar de lo malo). Cuba es un pueblo vacío, un pueblo fantasma, son los exiliados, los presos y los que nos fuimos porque quisimos.
Cuba somos todos: un edificio cayéndose a pedazos y las indignas protestas de los universitarios que quieren internet y no piden comida, pero merecen las dos. Cuba es la guagua que tenía que pasar hace tres horas, la leche que llegó cortada y el silencio de los que más deberían poder hablar. Cuba es “Mami, no mandes más nada, que aquí uno resuelve”, “Olvídate de esto y haz tu vida”.
Cuba es el miedo de no volver a ver a tus abuelos; Cuba es “¿Y los papeles pa’ cuándo?”.
Cuba es mi patria, asere. Pero es que no te das cuenta: no es una ofensa. Porque si Cuba duele, es porque esa tierra no se repite, porque no hay playa como la de Varadero ni mulatas como las de Cuba, porque a todo el mundo le encanta el claxon de un almendrón poniéndole música a la piquera. Porque no hay cena ni restaurante en Francia que se compare a un Havana Club con la tropa en el malecón, ni noche más gozada fuera de la frontera que un dominó con café recién colado en pleno apagón.
Cuba es disidencia, Cuba somos los gusanos, son los presos, los que gritan. Cuba no es Díaz-Canel ni Fidel; no son los policías come-pingas ni la gente cobarde, ni la escoria vestida de verde. Pero Cuba es un viejo comunista que creyó en Fidel y que todavía ve el noticiero en un televisor Panda.
Cuba es todo el que ama a su tierra, aunque estén ciegos, aunque estén perdidos, aunque estén dentro y aunque estén fuera, aunque hayan derramado la sangre para abonar nuestras palmas.
Cuba sigue siendo de Silvio Rodríguez y Pablito Milanés, pero tiene que ser de Los Aldeanos, de Porno para Ricardo y de Frank Delgado. Mi patria tiene de todo: tiene sazón con picante y lágrimas de sal; tiene grito, baile, llanto, bulla, carcajada. Y por supuesto que tiene ron, mulatas, dominó y café. Dondequiera que tú vayas, representas un caimán con una cafetera italiana y un plato de congrí.







