El amigo que me dejó morir

Javier Cámara, quien personifica a Tomás en la película “Truman” junto con Ricardo Darín (Julián), al escuchar la pregunta de qué trataba la película respondió recalcando que la película destacaba o dejaba en el aire lo siguiente “¿a quién llamarías si realmente te ha pasado algo muy grave?” En el preciso instante en que escuchaba esas palabras salidas de Javier Cámara me puse a pensar en la persona -o las personas- que llamaría si es que, como en el caso de Julián, me diagnosticaran un cáncer y estuviera con pocos meses de vida. ¿Llamaría a mi familia? No. ¿A quién llamaría? Los pocos nombres que se aparecen en mi mente son de aquellos amigos que aunque estén lejos o no hablemos todos los días siempre están presentes de alguna u otra forma.

Es posible, como lo señala Javier Cámara, que esas personas a quien acudir no cubran siquiera los dedos de una mano. Es posible que ni siquiera sepas a quien acudir. Me ha pasado y me pasa a veces cuando me alejo inconscientemente o conscientemente de aquellos amigos por discusiones, penas, desacuerdos o lo que es lo peor, por la rutina o la vida misma. Esa rutina llena de mensajes de texto que sustituyen llamadas, mensajes leídos pero no contestados, sin importancia y sin sentido.

Entonces, de nuevo, ¿a quién llamarías si realmente te ha pasado algo muy grave? ¿Habrá un Tomás en tu vida que correrá hasta tu casa en medio de la noche o cruzará el océano solo para pasar tiempo contigo?

Todas estas preguntas aparecen al ver la película Truman, que te hace ver que al fin y al cabo Julián y Tomás son muy afortunados de contar el uno con el otro. De dedicarse tiempo aunque sea cuatro días. No sé si es la madurez, la edad o las circunstancias que hacen que ambos personajes valoren más la amistad que construyeron y que a pesar de la distancia puedan reencontrarse con la confianza de siempre, cuando ambos eran jóvenes y sin enfermedades.

John Lennon en su frase conocidísima dice “La vida es lo que pasa mientras estás ocupado haciendo planes”. Aburrida frase para una beatlemaníaca como yo, sin embargo, me parece que en esta oportunidad y gracias a la película Truman, esta frase entra de lleno y con más vigencia que nunca. ¿Cuántas cosas irrelevantes ocupan espacio en nuestras vidas que no ponemos atención a lo que realmente importa? ¿Cuántos amigos hemos perdido o cuántas amistades se han enfriado porque andamos muy ocupados para contestar el teléfono, estamos enfrascados en un trabajo estresante o simplemente no nos da la gana? Esta película te muestra eso desde una perspectiva cómica, te hace desear ser Julián y tener un Tomás que pueda acudir a tu lado, que pueda cruzar el charco, como se dice, para compartir unos días contigo, para que esa vida que se te pasa la vivas realmente, para que los minutos cuenten, para que tengas algo que recordar de alguien.

Por el lado del soundtrack destaco una composición de Toti Solier que concentra el ánimo de la película. Truman es triste y eso lo demuestra la guitarra, pero a la vez es tranquilizadora, es como si la canción concentrara la tristeza de Julián y también la calma y el cariño de Tomás. Una nostalgia y resignación de ambos personajes se ve reflejada en esta canción.

httpv://www.youtube.com/watch?v=ut7-ErP5CTQ

¿A quién llamarías si te ha pasado algo muy grave? Creo que esa pregunta, de alguna u otra forma, ya la hemos respondido. La pregunta que ahora queda es ¿tendrías la capacidad suficiente para ser un Tomás, cruzar el charco, estar donde no te llaman, irrumpir en la vida de un amigo que no te lo ha pedido pero que sabes que lo necesita, guardar con calma sus decisiones, respetarlas; simplemente estar allí? ¿Serías capaz de eso?