Dick el Demasiado y una cumbia llamada literatura

A todo lo feo le tengo mucho cariño,

en el mundo de la belleza prefiero

el denominativo común más bajo.

El puré de más papas, Dick Verdult

 

“Nos apuntamos en un café al que iba mucho… Llegó; es un café bien popular y tanguero en un barrio que no conocía… Y ahí estamos el uno ante el otro, yo me había llevado CDs para él… Y los tenía en una bolsa de plástico, y él también portaba una bolsita con libros…  Era muy lindo, parecíamos dos niños intercambiando tachos de futbolistas”… Me confía Dick Verdult —mejor conocido en los bailes de arrabal como “El Demasiado”— sobre su encuentro con el escritor argentino César Aira. “Él es muy fan de mis letras, había dicho que yo era de los que mejores letras tenía en el pop argentino”.

Dick Verdult (1954, Eindhoven, Países Bajos) es el Philip K. Dick del arte multidisciplinar, el Moby-Dick de la cumbia lunática y el Charles Dickens del cine experimental. Ha vivido en África, Francia, Guatemala y Argentina. Se enamoró de la cumbia al escuchar a su nana cantar “La pollera colorá”. Desde ese momento, adoptó el género y lo reinventó, en una perpetua degeneración. El antropólogo Ariel Goldsinger escribe en La lenta pero incesante degradación de las cumbias lunáticas (Los libros de la imperdible, 2002) que “la raíz de la cumbia es tri-étnica, palabra auto-explicativa. El ingrediente negro aportando la estructura rítmica y los tambores; la parte indígena serían las flautas, elemento de la línea melódica celestial, y la raza blanca trajo, como dijo el fanfarrón de Hemingway, la escopeta, la tristeza de los otros continentes, esperanzas formuladas, variaciones melódicas, coreografías simétricas y la vestimenta de los danzantes”. Es así que la cumbia empírica o lunática es un trampolín para la poesía. El Demasiado traviste los elementos de la cumbia tradicional, la cumbia de las mucamas, para crear un ritmo vertebral anarcotropical, que sostiene todo lo que necesita moverse.

Podríamos pensar que el libro de César Aira que más se acerca a Dick el Demasiado es El cerebro musical (Literatura Random House, 2016), donde se incluye el relato “Duchamp en México”, acerca de un coleccionista de arte que atesora basura conceptual de acuerdo a la economía matemática: “Estoy escribiendo en mi cuarto de hotel, en la calle Madero; aunque el cuarto no da a la calle, oigo el acordeón del mendigo que vi hace un rato en la vereda de enfrente; él toca (es un hombre joven, pequeño), y una niña de cinco o seis años les acerca el platillo a los que pasan. Suena casi como un organito: siempre igual, sin más ritmo que el de la repetición, sin melodía perceptible. Sólo puede decirse: es un acordeón, y alguien lo toca. No vi que nadie le diera nada, y si es por lo que hace, yo diría que no se lo merece; pero él no se propone por lo que hace sino por lo que es: un mendigo”. Cuento que conserva elementos provenientes del suburbio: la pobreza, la música inconexa y la indigencia, pasado todo por un tamiz asimétrico de indiferencia. Merecería referir también a Sobre el arte contemporáneo / En la Habana(Literatura Random House, 2016) un par de ensayos que detallan el primer choque de Aira con la obra escrita de Marcel Duchamp (Marchand Du Sel, 1959), en donde define a los practicantes de arte contemporáneo como unos enemigos: “Farsantes que hoy se están haciendo pasar por artistas, dependen de un discurso justificativo para hacer valer las tonterías que fabrican”. Y una crónica de sus devaneos por la capital Cubana, cuando fue invitado a esa ciudad. En el primer ensayo, César Aira subraya que: “La obra de arte siempre llevó implícita su propia reproducción. Al proponerse a la percepción y la memoria, es inevitable que desprendan fantasmas en el tiempo y el espacio. En ese sentido la obra de arte es apenas el modelo de sus reproducciones, y casi nada más (el resto es un objeto de prestigio, sujeto a todos los accidentes y manipulaciones de un objeto cualquiera)”. Pero Verdult no entra en esos fantaseos productivos, el objeto en la obra de Dick es el mito de origen, su oficio está en el génesis de la cultura de masas, del de la marca, del spot, del producto, de la ideología: su propósito consiste en llegar al origen. “Y cualquier origen es bueno, si sirve”.

No obstante, el track de César Aira que más le gusta mezclar en la tornamesa a Dick Verdult es Un episodio en la vida de un pintor viajero(Mondadori, 2005), novela que narra el extenso viaje a América que realizó el pintor alemán Johann Moritz Rugendas de 1831 a 1847: “El camino que le parecía adecuado para hacerlo fue visual, con lo que se adhería a una larga tradición. Pero se apartaba de ésta en tanto que no le interesaba la imagen suelta, el “emblema” de conocimiento, sino la suma de imágenes coordinadas en un cuadro abarcador, del cual el «paisaje»era el modelo. El geógrafo artista debía captar la «fisonomía»del paisaje (el concepto lo había tomado de Lavater) mediante sus rasgos característicos, «fisonómicos», que reconocía gracias a un estudio erudito de naturalista, la calculada disposición de elementos fisonómicos en el cuadro transmitía a la sensibilidad del observador una suma de información, no de rasgos aislados sino sistematizados para su captación intuitiva: clima, historia, costumbres, economía, raza, fauna, flora, régimen de lluvias, de vientos…”. Aira pone énfasis en el interés del pintor por la civilización indígena y sus luchas con los descendientes españoles, el color de los cielos, las llanuras y montañas de la zona y las difíciles condiciones de vida de sus habitantes. Esto demuestra la idiosincrasia del personaje extranjero hacia el medio ambiente de La Pampa, su necesidad de encontrar imágenes vírgenes, dignas de ser plasmadas en el lienzo. En este sentido, Johan Moritz Rugendas es Dick Verdult. El geógrafo artista. Un pirata en busca de la inspiración primitiva y el vacuo mental, un Eternauta (a lo H. G. Oesterheld), un viajero de la eternidad interesado en la era tropical, con su variedad de pieles y sonidos, de especies de matas; y el contraste de esa flora con el oscuro Imperio Philips, sostenido por los canales Dommel,Gender y Tongelreep. Es Verdult el Rugendas poscontemporáneo, transgresor de agrimensuras y representante del sonido y la imagen pura de la América Latina, en sincretismo con la exageración.

Quizá la línea que une a César Aira con Dick Verdult sea la de la subjetividad, la subjetividad de su época, mantener abstractamente algo como verdadero, observaciones hechas desde otras riberas, desde una dialéctica intervenida por la abominación y la fealdad: la poesía de los días. “Nadie se ha hecho rico comprando libros baratos. Si yo he deseado tan ardientemente ser rico, fue para salir de esta subjetividad malsana, donde caer en una trampa es lo normal. Desde la trampa, desde el fondo, es difícil evaluar los movimientos que nos sacarán de ella” (César Aira, Duchamp en México). “Te ofrezco lo abstracto y me entregas el concreto / no junto ladrillos / pero tengo más cemento que un camión” (Dick el Demasiado, Tengo más cemento). Subjetividad y abstracción. El rechazo a los determinismos estructuralistas y funcionalistas de la literatura y la música. Ambos están internados en una especie de círculo hermenéutico, en un diálogo intersubjetivo que actúa en el concepto de la “indexalidad” entendida como resemantización del significado en función de la obra, sea relato o canción. Extremistas del lenguaje e integradores de la fealdad. Saben, como Ian McEwan, que la belleza ocupa una franja estrecha. Mientras que la fealdad, por el contrario, posee una variación infinita. Al final, lo que conecta a estos dos artistas, es lo mismo que une a Jorge Luis Borges con la ciudad de Buenos Aires: “No nos une el amor sino el espanto; / será por eso que la quiero tanto”.

Dick el Demasiado también habita, ficticiamente, en el contexto novelístico de Las teorías salvajes(Alpha Decay, 2010) de la escritora y periodista argentina Pola Oloixarac. Un juicio de los “mitos” del alzamiento setentista y de la educación psicológica universitaria en Buenos Aires; novela que la convertiría en un souvenir editorial, donde Dick se vuelve a significar en la fealdad, una fealdad divina, etérea, emanada de un evento llamado Festicumex de la Paternal (Festival Internacional de Cumbias Experimentales), al que, al parecer, Pola asistió. El primer festival de este tipo se realizó en el año de 1996 en Honduras, dentro de La Ceiba. Esa vez actuarían Los Subdesarrollados del Norte, Hygiénica González, Los Delfín y Dick el Demasiado; pero el que presenciaría Oloixarac en Argentina, sería un híbrido entre Hecho en Buenos Aires y el Centro Periférico Internacional (IBW) dentro de un programa llamado “La curiosidad es el mejor patrimonio”. En esa ocasión (2003) tocarían Hygiénica González,Chancleta Móvil, Virgen Vapor, Los Tres DeseosLa Orquesta del Gato Cabezón y Dick el Demasiado. Las Teorías salvajes tiene un tercio inspirado en ese festival de música lunática. “El trabajo de Dick con los símbolos patrios se vuelve trance en su música. Dick vive en un mundo de metáforas puras, que se contaminan unas a otras. No sólo habla el argentino de la manera más juguetona; todo el universo argentino parece conspirar para meterse en su cabeza y salir alucinado de ahí”. Escribe Pola Oloixarac.

Dick Verdult publicó en el 2002 La lenta pero incesante degradación de las cumbias lunáticas, un ensayo que explica el surgimiento e invención del género, retomando datos históricos de las cumbias villeras y mascaronas, desempolvando a músicos clave como el Padre Teresa, todo dentro, o fuera, de una meta-ficción. “Soy el postre adelgazador; brillo pero no alimento. Ladro pero no muerdo, coloreo pero siempre en blanco y negro, mato a la vaca y me olvido del asado”, escribe en El puré de más papas (Caín Press, 2017), novela que rememora la historia de Mañuela Varsoñiaski. Azafata, piloto, polaca y gorda seductora. Un dispositivo narrativo que es más un diagnóstico extremo de la nueva patria “sucia y rabiosa”. Texto que aborda la feminidad en el momento justo en que la feminidad no aborda nada. “No es por falta de luz que no vemos”.

Cuando el holandés bajó del barco a la Villa, además de ofrecernos el aparato televisor, la escultura de una inglesa tarada que devora islas como si fueran sándwiches, el sintetizador, el efecto de sonido, el tambor de origen negro, la maraca, el pito indígena —en sus dos acepciones—, nos procuró también el canto y la copla. Nos proporcionó la lengua y la poesía, la poesía de lo feo, con la cual, aprendimos a entonar una canción, una cumbia hipnótica llamada literatura.