Saúl Montaño Fernández

Nací hace 33 años en una clínica privada que ahora es un pequeño hotel en la ciudad de Camiri, ubicada en el Chaco Boliviano. Mi abuelo paterno desciende de una mujer que contrabandeaba mercadería entre Argentina y Bolivia y que fue embarazada por un oficial del ejército boliviano durante la Guerra del Chaco. Mi abuela paterna perteneció a una acomodada familia de hacendados chaqueños asentados en sus tierras incluso antes de que Bolivia fuese declarada República. Mi abuelo materno es hijo de un sacerdote y de una humilde mujer que sola crió a sus hijos, entre los primeros habitantes de Camiri. Mi abuela materna tiene sangre indígena, su madre murió cuando la parió, por lo que fue aborrecida por su padre durante toda su vida; quizás en respuesta a esto mi abuela tiene un envidiable sentido del humor. Yo me crié entre estas dos maravillosas familias, acunados por sus historias y por su cariño.

BIBLIOGRAFÍA

Cuentos:

2012 – Una bandada de pollos en el firmamento (Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz)

2016 – Desvelo (Perra Gráfica)

No ficción:

2017 – Autorretrato (Nuevo Milenio)

 

Háblame un poco de los últimos libros que has publicado.

 

Mi última publicación se llama Autorretrato (Editorial Nuevo Milenio). En ella hago un cover al libro Autorretrato (Editorial 451 Editores) del escritor francés Edouard Levé. Tomando su fórmula trazo un ejercicio de no-ficción a través del cual expongo mis certezas, manías, epifanías, el yo, mi versión de mí mismo. Es un ejercicio de la memoria, del autoconocimiento, un pacto sellado lejos del pudor.

¿Qué blogs, revistas electrónicas u otros sitios en internet recomendarías para descubrir a autores noveles hispanohablantes? 

Twitter. Sigo cuentas de sitios donde se recomiendan escritores: Eterna Cadencia, Letras Libres, o cuentas de escritores que recomiendan a autores que no conozco, sea este nuevo o no. Antes seguía atento el que ocurría afuera con revistas como Suelta, o Traviesa –que armó un mapa de autores hispanohablantes-, Bogotá 39; pero ahora no está dentro de mis prioridades. Antes también gastaba tiempo, energía, navegando, buscando en enterrarme que se estaba haciendo en español, anotaba nombres, leía sus textos subidos generosamente a la red. Pero ahora tengo menos tiempo y además que de estos autores que me pueden interesar, ponle un escritor brasileño o venezolano, me será casi imposible encontrar sus libros aquí en Bolivia, donde la mediterraneidad pega fuerte, tardan en llegar los libros o no llegan nunca. Entonces es frustrante, por lo tanto, dejé de buscar cosas que me costará encontrar en las librerías de aquí.

¿Cuáles son tus referentes en la literatura iberoamericana?

Cervantes está encima de todos. Deberíamos imitar a Coetzee que ha dicho que lee una vez al año Don quijote o ¿fue otro autor que dijo eso? -me entró la duda- pero sí dijo, acabo de googlear, que es la novela más importante de todos los tiempos. Yo siempre que puedo estoy picoteando, leyendo al azar, el Quijote, me gusta dejarme mecer por la prosa de Cervantes cuando me saturo de esa prosa lacónica, escueta de algunos autores que llegan a las manos de uno. Como lectores regresamos a los lugares donde fuimos felices. A menudo pienso en eso que dice Flaubert: “Qué sabios seríamos si sólo conociéramos bien cinco o seis libros”. Sospecho que esta actitud mía obedece a que debo adecuarme a mis posibilidades como lector boliviano aislado en la mediterraneidad de sus librerías.

¿Qué otros autores y autoras han tenido influencia en tu obra? 

Carver, fue una escuela para mí. Bolaño, leía sus libros pirateados, impresos en mi casa, caminando en las calles, mientras hacía diligencias. Denis Johnson, su Hijo de Jesús, fue una de las lecturas más intensas que tuve, fui/soy el fan que transcribió completo el libro, incluido el prólogo de Rodrigo Fresán. Entre los autores de los que leí todo lo que habían publicado y que podía pillar (sin contar al parco Rulfo), fueron García Márquez, Kawabata, Coetzee y Sergio Pitol. Estos nombres no sé si han tenido una influencia en mi obra, me cuesta afirmarlo, pero me gustaría, me encantaría que lectores profesionales o no, encuentren en mi obra rasgos de estos autores que admiro y aprecio mucho.

¿Qué nuevos escritores y nuevas escritoras hispanohablantes recomendarías?

Nueva para mí: Fernanda Melchor. Lean su novela Temporada de huracanes. Otra: Ana Paula Maia, bueno, luso parlante, pero igual, busquen sus libros, no se arrepentirán.

¿Qué autor (o autora) está subvalorado en tu país de origen?

No sé si subvalorado, pero sí merece más visibilidad, la novela breve El otro gallo, del escritor Jorge Suárez. Otro autor boliviano que merece ser leído y releído, es Jesús Urzagasti.

¿Y ahora qué autor (o autora) está totalmente sobrevalorado en tu país de origen?

La literatura boliviana no es valorada en general por los lectores locales, así que decir que un autor boliviano está sobrevalorado no aplica ni por asomo. A algunos escritores bolivianos les va mejor lejos de su frontera que dentro de la misma.

¿Cuál ha sido tu peor (o mejor) borrachera en una feria del libro? 

Mis mejores borracheras las he tenido con extraños. En otros contextos lejanos al de una feria del libro en donde sí en los ‘afters’ se bebe mucho, pero ninguno está en mi ranking de mejores o peores. Recuerdo sí que en la Feria del libro de Lima terminé ebrio, agotado, en una terraza del barrio de Miraflores donde probé una droga que me dijeron me haría dilatar el culo, pero no sentí ese efecto, la verdad.

¿Qué serías si no fueras escritor (o escritora)?

Sería agricultor y ganadero. Podría sembrar maíz, atender mi ganado vacuno, porcino, cuidaría fieramente que el zorro no se zampe a las gallinas. Eso. Me levantaría a las cinco de la mañana a prender el fuego, tomaría yerba mate con bizcochos de maíz, y así de esa manera arrancaría la jornada sin estar ensimismado, entusiasmado, ansioso, estresado, deprimido, deleitado, con toda esa efervescencia de enriquecimiento que te provoca la literatura. Llevaría una vida sencilla, capaz estaría mejor que ahora. En la novela Esperando a los bárbaros, el protagonista de Coetzee es un juez del imperio que una noche averigua aquello que ocurre en un granero en donde la milicia recluye a los bárbaros capturados. En ese lugar, el personaje descubre lo que es capaz de hacer un ser humano en una situación de poder: ejerce la violencia. A partir de este momento, la vida del juez cambia, abandona su cargo y la plácida vida que llevaba y desencantado procura enmendar las cosas; pierde todo. En la novela el juez reflexiona diciendo que tal vez nunca debió averiguar que ocurría en el granero, porque la toma de conocimiento de ese hecho, le llevó a otro y así la madeja de hilo se desenvolvió haciendo imposible el regreso; no hay marcha atrás.

Así me gusta pensarme con mi relación con la literatura. Una vez que leí el primer libro, sucedió el otro, no hay marcha atrás, porque no se puede girar la cara a eso que te muestra la buena la literatura. 

¿Qué viene luego de Borges en tu biblioteca?

Actualmente mi biblioteca está dividida en tres partes. Una en la casa de mi madre. Allí Borges está en un cajón, como si estuviese en Ginebra, descansando, en la oscuridad. Otra parte de mi biblioteca borgeana está en mi habitación, haciendo un esfuerzo puedo imaginar que Borges puede estar en penumbras, incómodo junto a su compañero de lugar, Osvaldo Lamborghini, con sus Tadeys. Y aquí donde me encuentro ahorita, en la biblioteca de mi novia, con mucha luz, tengo una vieja edición de Crónicas de Bustos Domecq, que se encuentra entre La tentación del fracaso, de Ribeyro y Juicio a las brujas, de Walter Benjamin.

¿En qué estás trabajando ahora?

Una novela que hasta ahora se llama Todo aquí está hecho de piedra. Tiene su origen en una experiencia personal: una noche yo bebía en un bar cuando sentí que mis tetas crecían, se redondeaban, ganaban masa, grasa, carne. Escribí de un tirón esta experiencia atribuyéndosela a un policía que tiene una visión en la que se reconoce como descendiente de una tribu de enanos tetones habitantes del Chaco y que viven en cuevas. La novela es el viaje del policía para rastrear sus antepasados a medida que pierde tamaño y le crecen las tetas.

¿Cuál va a ser tu próxima lectura?

Actualmente leo El entenado, de Saer (capaz el mejor libro que leo en lo que va del año). Don Juan José hace que me dé ganas de dejar de escribir, ya pa’ qué, digo, mejor leámoslo a él nomás. Dejemos de buscar nuevos autores bajo este sol latinoamericano y primero acabemos con Saer; pulvericémoslo. Mi próxima lectura es otra novela argentina:Los cuerpos del verano, de Martín Felipe Castagnet, editado por la boliviana DUM DUM. A veces pienso que Bolivia, o por lo menos Santa Cruz, lugar en donde vivo, se encuentra tan cerca de la literatura Argentina y tan lejos del resto de la literatura hecha en Hispanoamérica.

Lee acá un avance de Autorretrato (Nuevo Milenio).

© 2018, Antonio Díaz Oliva. All rights reserved.

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ADO (Temuco, Chile). Autor de Piedra Roja: El mito del Woodstock chileno (2010), La soga de los muertos (Alfaguara, 2011; Sudaquia, 2016), los relatos La experiencia formativa (2016) y editor de la antología Estados Hispanos de América: nueva narrativa latinoamericana made in USA (2016). Artículos suyos han aparecido en Qué Pasa, Rolling Stone, La Tercera, Gatopardo, Letras Libres y El Malpensante. Ha sido becario de Fulbright, NYU, del Consejo de la Cultura y las Artes en Chile y de la Fundación Gabriel García Márquez. Ha trabajado como periodista, traductor y profesor universitario en Bogotá, Santiago y Washington DC. Y como ghostwriter en Nueva York. Actualmente vive entre Washington DC y Santiago de Chile.
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