Crazy India

Me enseñó su calzoncillos y se río como un loco. Supe ahí que algo iba mal, pero verlo era un espectáculo, y entender lo que me estaba diciendo, un misterio…

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Nunca más un baño turco

Nunca más un baño turco Tenía el capricho de hacerlo. ¿Cómo no vas a bañarte en un Hamam en Turquía? Cada ruina, cada pueblo, cada ciudad tiene un baño turco y todos, turistas y locales, hablan maravillas de la experiencia de caer en esas manos que han heredado la sabiduría del buen tocar, de esos mármoles calientes que invitan al relax, de esa limpieza corporal profunda y deliciosa. Después de tantas horas de autobús, me merecía un enorme premio de escasos 10 euros, sólo 20 liras turcas para quedar como nueva, con la piel suave y renovada. Sin quórum, decidí ir sola antes de viajar 10 horas más y caminando con forzada seguridad entré al Hamam recomendado. De primeras, 2 hombres mayores y bastante grandes veían una telenovela en blanco y negro en un aparato enano. Se incomodaron con mi presencia. Uno de ellos, con cierta dificultad se levantó a atenderme. Tras una corta negociación acordamos el precio y aunque la oscuridad del local me iba desalentando, me obligué a seguir firme hacia mi experiencia turca y entré al camerino de cortas cortinas donde me esperaban unas sandalias de plástico amarillo harto usadas y una telita a cuadros rojos. El mismo hombre entró detrás mio y me dijo que me quitara la ropa y guardara mis cosas en un cajón con llave. Previsora, saque mi bikini de la mochila mientras ponía en duda mi plan imaginando mi momento de relax con algunos turcos en paños menores. Cuando estuve lista pedí más instrucciones. Otra vez, al hombre le costó levantarse y con mucho desgano abrió una primera puerta de metal, me preguntó si quería ir al baño señalando unos silos en una habitación abierta. Sin palabras, sentí como mi soñado baño turco terminaba de desinflarse. De pronto abrió la segunda puerta y atrás de una nube de vapor comencé a ver un imponente hamam. Una cúpula enorme sobre un hexágono de mármol que me trajo a la mente la ‘sacrificada’ vida de los sultanes, y cuando entré, sin haber salido de mi asombro recibí dos baldasos de agua tibia y más instrucciones. “Lie down, I will be back”. No atiné ni a sacarme las inmundas sandalias. Estaba lejos de relajarme y mi cerebro no me ayudaba. Pensé en un apagón o en una bajada de tensión y de pronto salió de una ducha, con su toallita de cuadros rojos, el último cliente que quedaba en el lugar. Entonces, empecé a oir el eco de las gotas que caían de la sudorosa cúpula como una sinfonía deliciosa y respiré tranquila un par de veces hasta que un golpe en la primera puerta de metal me alertó y vi, entre la bruma, al mismo hombre que me había atendido, pero esta vez con sandalias amarillas y la bendita tela a cuadritos rojos amarrada a su cintura rebalsada por una panza peluda. Un par de bateazos más y comenzó la tortura. Se puso un guante para exfoliar bastante usado y sin darme tiempo a nada me raspó el cuerpo hasta sacarme piel muerta en forma de hilos de borrador. Me aseguró que era normal en todos los clientes, pero aun así me dio un repaso hasta irritar cada centímetro de mi piel que quedó completamente nueva. Confieso que pensé seriamente en dejar la experiencia en este punto pero el gigante turco de agiles movimientos me baldeó un par de veces más y de inmediato comenzó con el tratamiento de jabón. Sacó una enjabonada funda como de almohada, la sopló inflándola ligeramente y exprimiéndola hacia abajo me llenó de espuma de un jabón parecido al de lavar ropa. Comenzó a masajearme las piernas suavemente, volví a tener esperanzas de no estar perdiendo mi tiempo, hasta que con toda su fuerza empezó a torturarme de verdad. Me clavó los dedos en las pantorillas, en los muslos, en la barriga… y más jabón. Comencé a resbalarme. Me masajeó las sienes con fuerza, me pellizco arriba de la boca y me removió la mandíbula. Empecé a tragar jabón. Ni sé como me dio la vuelta porque cerré los ojos que ya me ardían y con todo su peso crujió mi columna mientras gemía por el esfuerzo. Me sentó, me tiró agua en la cara y más jabón sobre la cabeza para luego masajearme el cráneo y dejarme el pelo enredado a más no poder. Me sentí como el perro más pulgoso del barrio. Dos baldasos más de agua y un: “Me finish”. Todo había terminado. No tengo idea cuanto tiempo duró. Tenía derecho de quedarme en el calor. Relajándome, pero al sentir mi piel más áspera que nunca apreté el paso, no sé porque agradecí y me fui con un intenso dolor en las sienes, el pelo hecho un nudo y pensando: Nunca más me dejaré bañar por un turco. 

Tenía el capricho de hacerlo. ¿Cómo no vas a bañarte en un Hamam en Turquía? Cada ruina, cada pueblo, cada ciudad tiene un baño turco y todos, turistas y locales, hablan maravillas de la experiencia de caer en esas manos que han heredado la sabiduría del buen tocar, de esos mármoles calientes que invitan al relax, de esa limpieza corporal profunda y deliciosa. Después de tantas horas de autobús, me merecía un enorme premio de escasos 10 euros, sólo 20 liras turcas para quedar como nueva, con la piel suave y renovada. (más…)

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Marrakech

Hace 5 meses viajamos hasta Marrakech, por tierra. Jamma El Fna, dicen que es la plaza más concurrida del África. De día el mercado de las mil atracciones y de noche un enorme comedor que da comer a todos y … ¡de todo! (más…)

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Rituales de Amor

Ella todavía era muy joven. Sus padres habían logrado atrasar este momento, pero las presiones del novio y su familia por consumar el matrimonio no habían desistido. Necesitaban ayuda para…

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Woman at Work

Me impresionó la primera vez que vi mujeres trabajando en construcción. Como llevando fruta sobre sus cabezas, pero ellas cargaban, bajo el sol, piedras, tierra y cemento. Y sin embargo, me gustó. Las vi construyendo una casa, con esos saris al viento, tan coloridas, guapas y elegantes que mi mente, casi siempre romántica, sólo pudo imaginar que trabajaban en la suya propia, junto a sus hijos y sus esposos, todos colocando, uno a uno, los ladrillos de su futuro.
Y allí estaban de nuevo. (más…)

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Amanece en Delhi

Me habían dicho que el olor de la India era particular, pero sentirlo desde mi asiento del avión, en cuanto abrieron la puerta de la cabina, superó todas mis expectativas.

Pensaba que vería desde la ventanilla una ciudad un tanto gris o marrón, como Lima que parece enterrada en polvo, pero eso era una ilusión al lado de la nube espesa que se extendía sobre la borrosa figura de una ciudad con muy pocas luces. Como si la neblina fuese de tierra y esta estuviera sostenida en un ambiente denso sin aire y sin opción a que se asiente, jamás. (más…)

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Jerusalem…Je t’aime!

Qué quién llegó primero; qué lo dice el antiguo testamento; qué los judíos hicieron un templo antes que los palestinos; que las tribus de los Filisteos (supuestamente los Palestinos) ya…

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Palestina

La versión palestina de lo que sucede en el territorio llamado Israel y los territorios palestinos.
La historia que nunca nos cuentan.
Los detalles que yo no sabía.
Su verdad.

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