Carlos Modonese – El camino hacia JAHUAY

Este año, la editorial Casa de Cartón publicó Jahuay, la primera novela de Carlos Modonese. Sin embargo, el camino hacia ella no fue nada fácil.

En 2009, Carlos tomó una decisión arriesgada y valiente: renunciar después de doce años al mundo corporativo, dejando atrás la estabilidad laboral para cumplir su sueño: escribir. Con esa intención llegó a San Sebastián, en el País Vasco (España). Después de ocho meses viviendo en Hondarribia, un pueblito medieval, a veinte minutos de San Sebastián, renunció a su trabajo y se movió a Madrid, lugar donde terminaría la historia de su primer “hijo literario”.

Carlos, ¿cómo llegaste al País Vasco?

La verdad fue como si el País Vasco hubiese llegado a mí, primero. Antes de viajar a España, siempre quise ir a Madrid, pero no daba el paso de ir sin un trabajo estable. Y había que pagar los huevos, la leche, el piso, tú entiendes. Llegué al País Vasco porque conseguí un trabajo de comercial en una agencia de viajes. La crisis fue tan dura que no vendía nada.

¿Y por qué escogiste España, acaso Latinoamérica no te ofrecía la posibilidad de desarrollarte como escritor?

Me fui a España no por pensar que en Latinoamérica no pudiese escribir, sino que necesitaba salir de algunos casilleros. Necesitaba alejarme un poco del mundo del marketing y comenzar una vida nueva, conocer gente relacionada la literatura, estudiar, leer mucho. Tener estímulos que me inspiraran.

¿Cómo empezó esto de ser escritor?

Despertó a los nueve años, durante los años que viví en Chincha. De hecho lo hacía en mis ratos libres. Pero cuando lo proponía en casa, como una posibilidad de carrera, aparecía un silencio incómodo. Sabía qué significaba eso y, un poco por descarte, estudié Economía.

¿Cuándo estudiabas Economía, en la Católica, qué hacías para acallar al escritor que tenías dentro?

Me preguntas esto y se me viene a la mente el día que me presenté en la oficina principal de Phantom Magazine, en Diagonal, Miraflores. Hablé con Ety Fefer, dueña de la mítica tienda donde llegaban todas las novedades musicales en cds de los noventa y del rock n`roll de todos los tiempos. “Quiero escribir aquí, ¿cómo puedo hacer?”, le pregunté. “Puedes colaborar, pero no te vamos a pagar. Te podemos dar un CD de la tienda por cada artículo que escribas”. Te podrás imaginar que para mí no había mejor salario que ese. Ese fue el inicio. Recuerdo que siempre pedía un disco doble: The Wall de Pink Floyd, el Physical Graffiti de Led Zeppelin, las antologías de los Beatles, etc. No muy contentos con esto, me decían, oye te hemos dicho un disco no dos, pero yo argumentaba que el acuerdo era por álbum, no por disco.

¿Cómo nace la idea de la novela?, ¿Cuál es el origen?

Nace en el primer año que viví en Hondarribia. Ahí conocí a Christian (Koldo es el nombre ficticio en la novela), el único personaje real de la novela.

Los sábados cuando paseaba veía siempre a un tipo rubio y desgreñado con sus gafas y su perrita, tocando la guitarra en la plaza de Armas. Era un personaje que me despertaba curiosidad. Un día me lo encontré en un bar. Me acerqué a él y le dije: “¿Tú no eras el guitarrista que tocaba en verano, en la plaza?” “Sí. Soy yo. Y, ¿tú eras el loquito que buscaba wifi gratis caminando con tu PC?”.

Allí empezó nuestra amistad. Conversábamos cada fin de semana e inmediatamente me identifiqué con él. Me dijo que amaba la música, pero que sus padres querían que fuese cocinero. Trabajó en un crucero durante diez años, cocinando en turnos que iban de diez a quince horas diarias. Su momento más feliz era cuando paraban en las islas del Caribe. Por la noche salía del barco y persuadía al dueño del bar para tocar junto a la banda del local. Hasta que un día se preguntó: ¿qué hago para hacer música? ¡El tipo solo tenía dos mil euros ahorrados! Fue a un astillero cerca de Hondarribia y compró un barco destartalado para vivir. Fíjate tú, Christian vivía en ese barco, anclado en la bahía del pueblo, al lado de muchos yates lujosos. Todos los días iba en bote hasta la orilla del pueblo y tocaba en las calles con el propósito de conseguir los veinte euros diarios que necesitaba para vivir.

Cuando Christian me contó esta historia, me emocioné tanto que un día, antes de irme a Madrid a vivir, le regalé un relato que había escrito inspirado en su historia. Yin y Yango era el título.

Al día siguiente, vino a buscarme justo antes de marchar y me dijo: “Carlos, esto no puede quedar así, no me gusta el final de la historia.” Le contesté: “Tranquilo, Christian, tú no eres el personaje, sólo me has inspirado para crearlo, pero no eres”. En ese momento no sabía que aquél relato se convertiría en la semilla de JAHUAY.

¿Cómo surgen el resto de personajes y la historia?

Ya en Madrid se gestan los otros personajes: Agustín (el cura chinchano), Atuq (el bartender ayacuchano) y La Paisa (la mesera oriunda de Medellín).

Ubiqué la historia en Jahuay, en Chincha, el lugar donde pasé muchos veranos de niño. Jahuay era un balneario donde un grupo de familias de clase media solía veranear a principios de los ochenta, pero en 1985 encontramos las casas desmanteladas con pintas senderistas. A partir de ese momento, por temor, no volvimos a esa playa nunca más. Hoy está totalmente deteriorada. De alguna manera le quise rendir tributo a este lugar, poniéndole el mismo nombre a la novela. Que además, me ayuda mucho, porque Jahuay es el nombre de la isla gringa, pero mal escrita. Es como el paraíso perdido de mi infancia y, al mismo tiempo, lo que buscan los personajes, un paraíso que les es esquivo, un paraíso imperfecto.

¿Con que personaje te identificas? ¿Con Agustín quizás?

Sí tengo que ir por uno es con Agustín, absolutamente. Este personaje era secundario al inicio. Pero en un momento, en el proceso de escribir la novela, creció mucho. Puedo confesar que hasta me dio un poco de miedo porque desde Agustín empezaron a salir cosas de mis entrañas. Es un tipo que quiere escribir en las noches, agarra un diario, toma notas con mucho pulso, cuenta cosas…

En Jahuay los cuatro personajes están huyendo o buscando algo. Están en Chincha, pero al parecer no saben que están haciendo ahí.

¿Huyen de algo? Bueno, la Paisa huye de Medellín, no digo explícitamente por qué. Lo cierto es que sí quería llevar a su hijo lejos de ahí, a un lugar donde pueda ser libre. Más que huir, todos, de algún u otro modo, buscan ser libres. La libertad es un tema que a mí me seduce mucho: hasta que punto somos libres si estamos condicionados por el lugar donde vivimos, por las circunstancias. Por ejemplo, volviendo a la Paisa, ella es una mujer que tiene su punto de vista marcado, confrontadora, pero al llegar a Chincha encuentra trabajo como mesera en JAHUAY. En Chincha su forma de ser está condicionada por Domitila (la dueña), que le da el trabajo, pero también la obliga a ir a misa, a vestirse de negro, etc.

Por otro lado, Koldo ama la música y encuentra en la calle la libertad de tocar, pero se siente seducido por el reconocimiento de tocar en un bar y, claro, por conseguir una seguridad material. Todos los personajes, al querer buscar ese “paraíso”, pierden algo en el camino. La Paisa perdió su manera de pensar y Koldo pierde algo muy importante, también. Pero prefiero que sean los lectores los que se encarguen de descubrirlo.

¿Tú llegaste a la libertad? , ¿Tiene la novela algo de autobiográfico?

¿Si llegué a la libertad? (risas) Intento ser un poco más libre cada día. Lo que si te puedo decir es que el hecho de irme de Perú, hace doce años, y estar migrando de ciudad en ciudad fue, precisamente, una búsqueda de mí mismo, vivir con coherencia a mis principios, a ser más genuino conmigo mismo.

¿Cómo crees que tratas la inmigración en tu novela?

Los personajes son de distintas nacionalidades. Cuando vives fuera eres más tolerante con la sociedad y con el mundo, por eso me seduce la idea de poner a un vasco y una colombiana en Chincha. Los ubico en un rincón de un pueblo pequeño porque quería un lugar donde sus reflexiones se pudiesen escuchar. En una ciudad hay mucha bulla, en cambio, ponerlos en JAHUAY era como aislarlos un poco. Que se conociesen en un contexto atemporal, donde el tiempo parece detenerse.

¿En qué proyecto estas trabajando actualmente?

Estoy escribiendo mi segunda novela. Pero aún estoy estructurándola, por eso prefiero no adelantar nada. Ya te contaré más adelante.

¿De los autores que admiras, cuál me puedes recomendar?

Que sean dos: Truman Capote, la forma que tiene de construir sus personajes me encanta. Y Joseph Conrad, por la manera que tiene de aislar a los personajes y ponerlos en situaciones límite donde es posible que el ser humano pueda decidir hacer cosas totalmente opuestas a su estructura de creencias. Conrad fue un marino que publicó su primera novela a los 38 años, un polaco genio, admirable, que tuvo el coraje de escribir toda su obra inglés. Dice que lloraba de noche al hacerlo. Lo escribió todo en ese idioma por ser el país que lo acogió y le dio la nacionalidad inglesa en un momento en que Polonia vivía una fuerte crisis política.

Pagina web de Jahuay: http://jahuay.com/

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