Entrevista con Isabel Cea de ‘Triangulo de Amor Bizarro’

 


¡Somos gallegos y estamos enojados!, fue lo que gruñó al micrófono Isabel Cea, bajista y voz eventual de la banda de Post-punk ‘Triangulo de Amor Bizarro’ al inicio de su concierto en el ‘Loud Open Stage’ de San Luis Potosí, una lluviosa noche de jueves, en un recital Intimo que se asemejaba más bien al final de un capítulo de ‘Twin Peaks’ (2017), dentro de un bar de carretera. Al mejor estilo Lynch, los riffs de la banda suspendían indefinidamente cualquier acción en la trama, con un Noise que sonaba sucio y rebelde, a la vez onírico, melancólico y espacial, sonoridad oscura que el mismísimo Angelo Badalamenti habría envidiado para su Soap Opera.

Después de interpretar su último tema “De la monarquía a la criptocracia” —llamada por ellos como “La Trotona” en homenaje a un político deslucido de su localidad—, abordé a Isabel para entrevistarla, accedió al momento. Bebió de mi cerveza, reímos y conversamos durante no más de veinte minutos. Cea es dulce y elocuente, dice lo que piensa y te mira a los ojos como nadie. Es hermosa, casi tan bella como un par de cristales rompiendo la cara de alguien que quiere engañarte con costumbres propias del Medioevo. Al final de la conversación, la botella de cerveza de la que bebíamos aún descansaba en la mesa y no en mi rostro, transfigurada en aguzados vidrios punzocortantes, me alegré por ello, porque se hubiera consumado la entrevista… y no el ‘Desmadre Estigio’.

Existe un cuadro clínico, una cuestión psiquiátrica con La Lucha de San Jorge y el Dragón la pintura de Pedro Pablo Rubens, relacionado a tu persona, ¿eso es cierto?

Estás hablando de la portada del disco ‘Victoria Mística’. Cuadro clínico, no sé, no estoy diagnosticada pero me chifla el arte, me chiflan los colores y… no sé por qué me preguntas esto (risas).

Hay un “especialista en ego musical” quien asegura que acudiste a él y estás ahora bajo tratamiento, cuatro meses por obsesión paranoide.

(Risas) Es mentira.

Tu percepción del punk, vive, muere, vive pero tiene hambre.

El punk yo creo que es lo que hace que el mundo no se apalanque tanto. Revoluciona las viejas ideas, las convierte en algo más fresco, más divertido, y se carga toda la mierda pasada. Un poco el punk significa eso: no creer en lo establecido. El motivo de hacer música para ‘Triangulo de Amor Bizarro’ va un poco en ese sentido, cambiar las rancias ideas y hacer las cosas que nos molan, pero sin ningún tipo de baremo establecido; hacer lo que nos da la gana y punto; eso es el punk, aunque de repente puede ser algo como una balada muy bonita o una cosa muy furiosa, pero el punk es hacer lo que te da la gana.

¿Cuál es el verdadero germen de la banda, ¿Parálisis Permanente, Vulpess, Aerolíneas Federales, Polanski y el Ardor?

Fueron cambiando, pero pensando en los inicios… había mucho Jodorowsky por ahí. Siempre desde la distancia de las cosas, tampoco estamos en plan ¡wow Jodorowsky!, Alejandro se ríe de si mismo, ironiza mucho con sus ideas. No nos las tomamos al pie de la letra, al igual que él no se las toma; pero también Serge Gainsbourg o ese disco de Nico que es sólo con el armonio loco (‘The Marble Index’), todas esas cosas que son muy extrañas pero que al mismo tiempo las entiendes perfectamente.

Pienso que eres, no sé si la nueva Ana Curra, pero sí la alta criba femenina del punk español.

Muchas gracias, pero a mí me gusta pensar en que no soy nada; llevo mucho mejor la vida así, no me estreso. Vivo en una aldea de pocas personas y relativizo todo. Salgo a tocar y hago lo que me da la gana, pero no me voy creyendo que soy alguien ni que tengo que demostrarlo, eso es lo que más odio en el mundo, la responsabilidad. Entonces, si de repente me ponen etiquetas, es como que tengo que demostrar, ¡no por Dios!, voy a intentar no estresarme nunca, y hacer lo que pueda, y divertirme.

Una chica tan linda y con significaciones tan oscuras en su música, ¿tiene que ver esto con Galicia?

Desde luego, mi personalidad está muy vinculada al sitio de donde soy, donde nací. Es un lugar en donde la mayoría de la gente es mayor, muy mayor, y muy conservadora. Yo siempre cuestioné todo, de ahí parte toda mi locura y todo mi estrés. Siempre estuve rodeada de personas que daban por hecho las cosas, no mi familia precisamente, mi familia fue la que me dio un punto de vista más alternativo, digamos; pero todo mi entorno era cómo yo veía a las familias de mis amigas y sus realidades, y era muy aburrido, muy evidente, me estresaba muchísimo. Así que siempre cuestioné lo que era bueno, lo que era malo, e intenté buscarlo por mi cuenta. El hecho de formar una banda y no pensar ni siquiera en si por ser chica podía tocar o no, simplemente lo hacía y punto. Porque sí, porque tenía que probarlo y tenía que hacerlo, ese es mi motor, el no creer en nada de lo establecido.

No te gusta el rock para vender cazadoras de cuero y gafas Ray-Ban, ¿qué es lo que te gusta?

Me gusta la música, la buena música. Me gusta desde Nina Simone hasta Serge Gainsbourg. Me gusta el Krautrock. Me gusta la música sobre todo que intenta decir algo. Aunque yo no tengo ni puta idea del inglés, puedo escuchar cualquier canción que de repente me llegue y la hago mía, la entiendo perfectamente, sé de que está hablando o eso es lo que creo; esa para mí es la buena música, la que es capaz de conseguir que yo entienda algo.

La falocracia en el rock.

Los músicos por lo general suelen ser muy aburridos, yo prefiero al staff. Me gusta hablar de cosas que me interesan, ponerme a hablar de guitarras me importa una mierda. Me pongo a charlar entonces con el staff acerca de la comida del sitio. Los camerinos en España están llenos de pintadas de pollas, eso lo puedo confirmar.

Tu película favorita de Pedro Almodóvar.

‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’.

Podrías salir al escenario como una Ramone, con una chaqueta vieja, unos jeans rotos y sucios, pero le inviertes. Hay algo de glamur ahí, te ves hoy muy linda.

Yo soy un poco paleta (ordinaria) para eso (risas). Ariadna Paniagua de ‘Los Punsetes’ es mucho más creativa. Ariadna es diseñadora además, y se curra (diseña) un traje para cada show, eso me parece increíble. Yo simplemente intento ir mona, pero no tengo muchas posibilidades; muchas veces llego a festivales y digo: ¡joder, soy la que peor viste! Toda esta gente que va a los festivales —el público—, parece que van a tocar todos en putas bandas de la hostia, y yo vengo aquí como puedo, porque vengo de una puta aldea, y tampoco voy a invertir demasiado ni a estresarme por eso. En mi pueblo no hay muchas tiendas tampoco ¿sabes?, de repente voy un fin de semana a tocar a Madrid pero no tengo tiempo para irme de bazar, no conozco las tiendas guay. Yo no tengo tiempo para eso, apaño con lo que puedo.

¿Qué estás leyendo ahora?

Estoy leyendo un rollo de relatos cortos de Orson Welles, está muy interesante porque me parece que está hablando de esta época, dice cosas como que: “en este mundo caótico”, imagínate, en los años treinta. Realmente eso es lo que vivimos ahora, hay un cambio de era y de paradigma.

Hay una cuestión erótica en el escenario, tocas muy cachondo.

Yo creo que para tocar hay que dejarse llevar un poco, porque sino a la mierda; y eso lo que hago, la música es muchas cosas, también es sexo, pero también es ingenuidad.

© 2017, Alfredo Padilla. All rights reserved.

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Alfredo Padilla (San Luis Potosí, 1983). Estudió Comunicación en la Universidad Mesoamericana. Narrador y periodista cultural. Autor de los libros 'Una pastilla más para que pase el dolor' (Ponciano Arriaga, 2015), 'Monólogos de un niño inconforme' (Abismos, 2017), 'Guadalajara Caníbal' (Paraíso Perdido, 2018) y 'Cadáver' (Lázaro Ediciones, 2018).