Bertran i Misitu: el señorito

En el siglo XX, la estrella de la crónica negra en Barcelona fue el delito político, hegemónico durante la Segunda República contra el Estado. Y en la dictadura en sentido inverso, desde el Estado contra buena parte de sus ciudadanos, en esa versión tan peculiar que tienen los totalitarismos de ejercer el crimen político, aunque siempre se oculte. Josep Bertran i Musitu (1875-1957): el señorito, es un claro ejemplo de ello.

Bertran i Musitu fue el dueño de la torre más lujosa de todo Sant Gervasi, propiedad familiar, con su bosque privado hoy todavía. Debió ver las posibilidades del inmueble cuando, de niño, regresó de Montpellier, donde había nacido. Allí se había desplazado el clan Bertran para tratar la enfermedad de su hermano mayor, que acabaría falleciendo. Josep se instaló en el Putxet ya como el primogénito. Tal vez por eso, y para mantener los privilegios de una familia conservadora y carlista como la suya, que se emparentó con otras familias poderosas como los Güell, se aplicó a mantener costumbres heredadas. En 1919 se convirtió en jefe del somatén. Una fuerza paramilitar de autodefensa civil arraigada en las tradiciones catalanas, que ayudó a transformar en un grupo de pistoleros asalariados. Matones que se enfrentaban con los miembros de los sindicatos anarquistas y comunistas. No parece que tuviera suficiente con eso, ni con la pareja de miembros de la benemérita que el gobierno destinó frente a su casa, pues se convirtió en pistolero él mismo al disparar contra un motorista en plena calle, alegando que pretendía atentar contra él. Compaginó esa labor de regeneración de los estamentos catalanes con su carrera política. Fue miembro de la Lliga Regionalista de Francesc Cambó, dos veces diputado en las Cortes, y ministro de Gracia y Justicia con Alfonso XIII. Duró apenas días. No era claro lo que estaba dispuesto a impartir, si justicia o gracia mediante los tiros homónimos.

Durante la Guerra Civil, se convirtió en el encargado de los servicios de espionaje franquistas en el Norte de España, después de haberse formado con la Gestapo en la Alemania nazi. Fue entonces cuando bombardeó su propia casa. Se enteró de que la finca donde había pasado su infancia, además de guardar una valiosa colección de arte, albergaba el Ministerio del Aire republicano. Por allí pasaban los más altos cargos del gobierno legítimo, como el ministro comunista Juan Negrín. Anteriormente había sido ocupada por el POUM. Fue el primer lugar en el que durmió George Orwell durante sus días en Barcelona. Gracias a su red de espías, Bertran i Musitu descubrió que el 17 de enero del 1938 pasaría allí la noche el presidente Indalecio Prieto (otras fuentes hablan del 18 de marzo). De inmediato, envió los planos de la vivienda al cuartel general de Franco en Burgos, aconsejando que bombardeara su mansión, que esperaba purificar de la ocupación roja. A la finca del Putxet no le pasó nada. Pero aquellas bombas se cobraron la vida de ocho vecinos. Gente que se había instalado en el Putxet para evitar los bombardeos del centro de la ciudad, o vecinos de fincas colindantes en la calle Arimon.

 

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