Mis pinturas han tomado un giro mucho más moderno en Miami Beach, más arriesgado, más colorido y vivo menos preocupado por las exactitud de las formas.


Siempre que me presentan a alguien y le dicen que soy artista, la persona me mira con ojo curioso y hasta con cierto detenimiento. Como si en algún momento pudiera salir de mi cabeza un extraño animal con tres cabezas de diferentes colores. Pero luego de hablar un rato se dan cuenta de que no somos tan distintos, pues como dice el viejo refrán, de artistas y locos todos tenemos un poco.

En mi caso particular, mi locura, mi bendición y mi condena ha sido esta insaciable necesidad de querer describirlo todo. Ya sea con pinturas y colores, con un lápiz, con palabras o con lo que encuentre a la mano. Pinto y dibujo desde que tengo uso de razón. Pero como con todo en la vida, con el tiempo y la práctica las descripciones de lo que voy viendo a través de mi vida han ido mejorando.

Comencé mi carrera artística desde pequeño, en las paredes de la casa de mis padres. Esto nunca dio frutos muy positivos, ya que luego de terminar mis obras siempre les seguía un tremendo regaño. Lo mejor que tuvo este comienzo es que ayudó a mis padres a entender la ardua tarea que tenían adelante, ya que había nacido en la casa uno de esos curiosos tipos a los que llaman artistas.

Una vez terminé la escuela superior y tras años de pintar de forma extraoficial, entré a estudiar Artes Plásticas en la Universidad de Puerto Rico. Les confieso que entré a regañadientes pues yo quería estudiar publicidad y hacerme rico. Pero al final me sucedió igual que lo que le sucede a los perritos cuando los sueltan en el agua, antes de haberme mojado ya comenzaba a dar patadas de alegría y a nadar como todo un profesional.

Estudié pintura y grabado con profesores de primera como Jaime Romano, María Luisa Géigel, Pablo Rubio, Luis Hernández Cruz y Susana Herrera. Artistas que me ayudaron no solo a dominar los pinceles y a estudiar las diferentes técnicas, sino a ver los verdaderos colores y dimensiones no aparentes en la realidad. Con el tiempo entendí que no solo se ve con los ojos, también se ve con el corazón.

Los temas y colores de mis obras han ido cambiando a través de los años. En un principio hacía trabajos muy clásicos y mi mayor inspiración era la figura humana. Con el tiempo y luego de 17 años en Miami Beach, mis pinturas han tomado un giro mucho más moderno, más arriesgado, más colorido y vivo menos preocupado por la exactitud de las formas. Me dejo llevar más por lo que me gusta y lo que siento.

¿Cosas que me inspiran? Los colores vivos, el café de las tres, la luz del sol sobre las palmeras en otoño y primavera, los vestidos modernos, los colores del mar, los folclóricos atuendos de algunos turistas, los colores brillantes en los autos de lujo, descubrir nuevas cosas y tratar de describirlas a mi manera. Pero sobre todo, disfrutar de la magia que tienen las cosas, las formas y los colores más simples en la naturaleza.

© 2016, Suburbano. All rights reserved.