Alas para volar



… Y sin embargo se mueve”. Las célebres palabras pronunciadas por Galileo en 1633, ante la certeza de la existencia del movimiento de la Tierra, han dado la vuelta al mundo. La Tierra se mueve, es inútil pretender mantenerse quieto en un mundo que está en continuo movimiento.

Cuesta salir del cascarón pues aunque nuestro universo sea extremadamente limitado, nos es muy acogedor y nos hemos acomodado en él. Nos acostumbramos a vivir con casposas ideas y no queremos que nada cambie, por ello no estamos dispuestos a realizar ninguna acción que lleve a la incertidumbre de lo desconocido, a desestabilizar nuestras rutinas. El miedo al cambio puede hacernos padecer la mayor de las dictaduras, aquella que practicamos sobre nosotros mismos al privarnos de la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos, pues todo cambio lleva consigo un esfuerzo mental y físico.

El ejercicio de la libertad no es tarea fácil, a veces hay que desaprender lo aprendido para volver a empezar, abrir las ventanas y levantar el vuelo hacia nuevos horizontes en los que se desarrollen aptitudes hasta el momento desconocidas.

Los pajarillos que pliegan sus alas y reposan sobre las ramas, en algún momento habrán de reemprender su marcha y abandonar las horas de reposo. Soplará un viento capaz de empujarles a seguir el vuelo, al fin y al cabo, las alas son para volar.