About a boy.  En memoria de No. 3

Mirando con añoranza a la silueta que quedó

yermo desierto que habría florecido

colorido y vibrante y

una inmaculada escala de grises

viva con todo el maravilloso arte que creó… solo vimos la

punta del iceberg, el colosal glaciar psicodélico enterrado por el resto de los tiempos.

Flea, Acid for the children

 

Mis dibujos suenan a cetáceos,

hubo un tiempo en que tenían un sonido de insecto

pero ahora son una cosa acuática,

es algo muy instintivo de las experiencias del DMT.

Esa sería la resonancia. 

No. 3

 

“El pop nos da todo”, fue lo primero que me expresó cuando lo conocí en Guadalajara, afuera del Museo de Periodismo y las Artes Gráficas (MUPAG), mejor conocido como La Casa de los Perros. Se presentó a sí mismo como No. 3, solamente así, como un número natural, el dígito perfecto en la cultura medieval cristiana o cuarto término de la sucesión de Fibonacci. En esa sincronicidad infinita de cifras originales, ahí, dentro de esa espiral, se extraviaba el No. 3.

Llegó con el olor de un faso, el humo espeso de la cannabis montado en una shortboard, y una plática interminable; con esas ansias de enumerar y descifrar la realidad. Sus reflectores expresivos: la historia del arte, su semejanza con los cetáceos y la destrucción del capitalismo tardío, filtrado todo por el tamiz de la cultura popular.

Conversar con No. 3 era meter baza en asuntos de conspiración, sobre todo en geopolítica y el nuevo orden mundial, plan diseñado con el fin de instaurar un equilibrio de poderes a nivel global; pero de su boca también emergían referencias artísticas como Joseph Beuys, Andy Warhol, Jean-Michel Basquiat, Vasili Kandinsky, Matthew Barney y Giovanni Piranesi.

Al cuestionarle el por qué de su nombre, manifestaba que el No. 3 hace referencia al planeta Tierra –respecto al Sol su posición es el número 3–. “Mi proyecto sucede en el planeta Tierra, y, por ende, lleva la coordenada del mismo. Después empecé a seguir al número en mi vida, como un patrón que me gusta observar en las cosas. Me encantan las cosas que tienen ese dígito, y de alguna manera, me hace sentir que voy por la ruta correcta”.

Su trabajo artístico era multidisciplinar, pero sin salirse de los tres conceptos de los gráficos del arte: el dibujo, la escultura y la pintura. Se desenvolvía en estos medios, ya fuera en sus formas combinadas. “Yo diría que un artista multidisciplinario es un artista visual, de ahí pueden venir muchas de sus representaciones, técnicas o matéricas”.

El material al que más acudía No. 3 era el bolígrafo de oficina o de bajo costo, era difícil verlo sin uno de estos; solía dibujar hasta que se agotaba la tinta, jamás dejaba uno a medias e incluso, le inquietaba la idea de acudir a la marca francesa Bic para ser patrocinado. “Me gusta mucho el trazo de esos objetos, son baratos, accesibles, fáciles de transportar. Siento que resolvieron los problemas del escritor, del poeta, del dibujante. Facilitaron un instrumento que es efectivo […] Puedes rayar sobre billetes, cartas de naipes. Mi material predilecto sería la pluma y el papel, lo más básico, lo que no cuesta, lo que está disponible para todos”.

Una de las cosas que el humano trata de mantener intacta son los billetes, ya que le permiten su supervivencia. La intervención de imágenes o lo que sería un palimpsesto en literatura, escribir de nuevo, era algo importante para este artista; el original que más gozaba intervenir eran los billetes: “Yo siento que rayar un billete, aparte de ser un acto destructivo, crea un concepto de que realmente no tiene valor alguno, es lo más subversivo sobre lo que yo podría dibujar […] Me gustaría intervenir, por otra parte, el Guernica”.

Al cuestionarle sobre sus influencias, se refería al hip-hop básico, de concepto, las portadas de Rammellzee elaboradas por Basquiat; le gustaba considerar el arte como un arma. Hablaba constantemente de Piranesi, de la línea y el espacio imaginario; de Kandinsky y de su libro Punto y Línea sobre el Plano (1926) y de artistas punks, todo lo que fuera relativo a la música; el trap sonaba en su obra como un recurso más para hablar de todo aquello que repudiaba del capitalismo. Abrazaba la ideología de Beuys de que el arte debe ser docencia. “Yo podría combinar dos cosas que no se llevan, una ideología warholiana con una pieza que contradiga al mismo pop; se puede trabajar con eso a la hora de hacer intertextos, collages. Estoy influenciado por toda persona que haya creado, y que ese trabajo haya sido registrado en la humanidad de manera espiritual, el arte arcaico, todos los productos colectivos…, cuando el arte no tenía autores, cuando hormigueaban los estilos más aborigenes”.

Hablaba del color turquesa y del equilibrio que le dotaba a su obra. Por otra parte, eliminaría el color rojo del Pantone por parecerle demasiado agresivo, incluso decía que los Oxxos serían más estéticos si carecieran de este color, “serían como la Atlántida, como submarinos”.

Para los artistas emergentes, la recomendación era: “Que les valga madres. Ese es el problema esencial del artista social en el capitalismo tardío, que es muy maleable a las opiniones de lo que su obra significa monetariamente para una elite […] Si hay un artista emergente que está pensando en pedir algún apoyo institucional y está corrigiendo su documento para que quede ad hoc a lo que quieren los directivos, pues a él le recomendaría que no lo hiciera”.

Al madurar aquella noche de sábado tapatía en que “los tontos se mordían los dientes”, le pregunté a No. 3 cuál sería su epitafio. La respuesta fue enérgica y potente: “Humano. Es lo más honesto qué decir a la hora que mueres, es el motivo de tu muerte, por eso se murió, y segundo, pues no te deja ver como un héroe o como una persona abusiva. Todos somos esas dos cosas, todos somos alguien que maltrata, y luego a veces ayudamos a gente que no lo necesita y jodemos a gente que sí. Los humanos estamos en constante contradicción […] Si mi tumba estuviera grafiteada, eso me haría sentir muy bien, porque fue devorada por la sociedad…, aunque fuera por niños de primaria”.

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