His & Hers: la intimidad como campo de batalla

Basada en la novela homónima de Alice Feeney, His & Hers es un un thriller psicológico que no se apoya en golpes de efecto baratos, sino en el lento deterioro de una relación y en los vacíos inquietantes que deja la memoria. Lejos de ser una historia policial convencional, la serie propone algo más incómodo: una exploración íntima del amor, la culpa y la desconfianza.

Ambientada en un pueblo sofocante del norte de Georgia, la historia parte de un crimen —el asesinato de Rachel Hopkins, una mujer con lazos invisibles con casi todos los personajes— pero pronto se convierte en un thriller íntimo, en el que el pasado común entre Anna Andrews (Tessa Thompson) y Jack Harper (Jon Bernthal) contamina cada línea de diálogo, cada mirada, cada sospecha. Ella, periodista venida a menos; él, detective local con más de una omisión en su historial. Exesposos. Amantes distantes. Cómplices involuntarios.

La serie se estructura de manera dual: cada episodio nos ofrece un pedazo del relato desde su perspectiva («His») o la de ella («Hers»). No es un truco barato. Es una herramienta narrativa que pone en crisis la idea misma de objetividad. ¿Quién miente? ¿Quién recuerda mal? ¿Y cuánto de lo que ambos sienten es simplemente una versión incompleta de lo real?

Lo poderoso de His & Hers es que el suspenso no viene tanto del crimen en sí, sino de lo que revela de fondo: los mecanismos del autoengaño, del trauma que se disfraza de memoria, del afecto convertido en desconfianza. Aquí no hay héroes ni villanos, sino dos personas rotas, intentando no ahogarse en la historia que comparten.

La trama se presenta con inteligencia y equilibrio. No cae en los clichés del policía atormentado, ni recurre a giros inverosímiles para justificar acciones o desenlaces. Todo está cuidadosamente dosificado: los indicios, las tensiones, las revelaciones. Incluso la violencia, tan frecuente en el género, está contenida: nunca se convierte en espectáculo, ni en excusa narrativa.

Visualmente, la serie apuesta por la humedad emocional: planos largos, atmósferas pesadas, colores terrosos que parecen oprimir a los personajes. No es un thriller rápido ni espectacular, sino contenido, tenso, casi asfixiante. Lo que mantiene al espectador pegado no es la acción, sino la duda. Porque cada episodio te deja con la certeza de que no viste todo. Que hay algo más. Que lo peor aún no se ha dicho.

Sin embargo —y sin caer en spoilers—, la serie apuesta en su desenlace por un giro inesperado que, en lugar de potenciar lo construido, lo debilita. Ese último movimiento, abrupto y poco coherente con el tono general, echa por tierra gran parte de la solidez narrativa que había sostenido His & Hers hasta ese punto. Es un riesgo que no paga, una necesidad de sorprender que desentona con la sobriedad y precisión del resto de la historia.

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